El quinto día de la creación, Dios creó a los animales y el sexto, a los humanos.

El gesto no es inocuo: si el creador hizo a animales y humanos tan cerca unos de otros, y a las bestias antes que a los humanos, quería decir dos cosas: que estamos obligados a lidiar los unos con los otros y que, por ser más viejos, los animales son más sabios.

Las fábulas de Esopo, de Fedro, de La Fontaine y los cuentos de hadas recurren al habla franca de los animales para decir y hacer aquello que los humanos temen o desconocen. Al final viene la moraleja que por lo general es sencilla, porque los autores creen que ése sería el tono pedagógico adecuado para reflejar el modo natural con el que estas verdades, las que nos cuentan los animales, existen.

Confundidas con simples libros para niños (como si escribir para niños fuera simple), las historias de animales sirven en la literatura contemporánea para describir mundos que de otro modo serían insoportables o inaccesibles.

El propio George Orwell echó mano de las bestias para hacer esa advertencia terrible contra el totalitarismo que es Rebelión en la granja (una buena edición es la de Debolsillo).

A continuación, tres recomendaciones de libros con animales que lidian con temas que pueden interesar tanto a niños como a adultos.

El Holocausto, una pequeña historia

Cuando Maus (Pantheon Books) se publicó, los críticos literarios no sabían qué hacer. Era un cómic pero también era literatura. Finalmente, la obra recibió el reconocido Premio Pulitzer en 1992 y se convirtió en uno de los grandes logros narrativos del siglo pasado.

Art Spiegelman, su autor, publicó la vida de su padre durante más de una década para también así contar la historia de supervivencia de los judíos que lograron salir vivos de Auschwitz. Spiegelman no buscaba redención ni catarsis, sólo quería contar una gran historia en pequeños dibujos (como la describió el New York Times en su reseña).

Es recomendable conseguir la edición completa de Maus, que incluye la colección completa de historietas—, es testimonio de una tragedia inmensa, pero también lidia algo cotidiano: la difícil relación entre Art y su padre.

Para contar el Holocausto, Spiegelman usa animales que al mismo tiempo nos acercan a la tragedia, pero también nos mantienen a distancia suficiente para que el libro no se nos caiga de las manos. En Maus los judíos son ratones; los nazis, gatos, y los polacos (Vladek era un judío polaco), cerdos.

Conejitos héroes

La colina de Watership (Seix Barral), de Richard Watership, nació como un cuento para entretener a un par de niñas en un viaje largo en coche.

Publicada hace 45 años, la novela ha recibido reconocimientos, pero el más importante es que este relato de la vida de un conejo se ha convertido en un clásico para hablar de temas como el desarraigo y el exilio.

Quinto es el más pequeño de su camada y como no es fuerte ni rápido ha sido echado de su madriguera para que sobreviva a la buena de los dioses.

Pero Quinto tiene virtudes que sus semejantes desconocen: una de ellas es una gran capacidad para la supervivencia. Por eso, cuando el aire empieza oler a pintura y unos ruidos extraños se empiezan a escuchar cerca de su pedazo de campo, Quinto sabe que ha llegado el momento de escapar. ¿Lo entenderán los demás conejos?