Desde su primera frase, Justin Cronin, nos dice de qué va la cosa: "Antes de convertirse en la Chica de Ninguna Parte (La Que Entró, La Primera, Última y Única, que vivió mil años), era tan sólo una niña de Iowa llamada Amy".

Es claramente el código de una saga fantástica. Más tarde nos enteramos que es la primera entrega de una trilogía, y ahí creeremos tenerlo claro: nada más adecuado en el género, que las trilogías. El problema es que El pasaje de Justin Cronin (Umbriel, 1,088 pp $395) no cabe en ese cajón (y en ello no tiene nada que ver el tamaño del volumen).

La novela inicia con una expedición a las selvas del Amazonas, con el reclutamiento de reos condenados a muerte para un experimento secreto y la persecución de una niña pequeña por agentes gubernamentales. Todo antes de una catástrofe mundial que indudablemente recuerda The Stand (Apocalipsis) de Stephen King, pero también muchas otras distopías en la literatura o cine reciente: pensemos en 28 días después... de Danny Boyle o en el remake de El amanecer de los muertos de Zack Snyder.

Pero El pasaje no es una novela de ese wannabe de los temas de moda: los zombies. Es más bien una revisión y vuelta de tuerca de ese otro tema de moda: los vampiros.

Por favor no abandones la lectura aquí, pensando que se trata de otra novelucha de vampiros calenturientos y jovencitas púberes seducidas por sus pálidas y mórbidas personalidades. Nada más errado.

Más preciso sería encajar la novela en esa categoría que tan atinadamente define el comediante Patton Oswalt, quien teoriza que la creatividad de los adolescentes que empiezan a escribir gravita siempre hacia tres temas: zombies, naves espaciales y escenarios post-apocalípticos.

Sin embargo, el mundo que imagina Cronin (y su prosa), van mucho más lejos que cualquier fantasía adolescente. Efectivamente recurre a un holocausto viral, nuclear y social de proporciones épicas. No llevamos un tercio del libro y la humanidad como la conocemos, no existe más. Y esa apenas es la premisa inicial.

Cronin se vale de sus conocimientos de historia para proyectar escenarios perfectamente factibles. Y una vez que estamos ahí, nos deja movernos, pasear, imaginar y recorrerlo junto a un grupo de personajes que de pronto pudieran recordar la comunidad del anillo de Tolkien, pero si soy justo, la similitud es más bien cosmética.

Quizá la mejor manera de hacerle justicia a Cronin sería decir que El pasaje, es uno de esos libros donde queremos (necesitamos) seguir leyendo. Una historia de largo aliento que nos deja acompañar a sus personajes a ir descubriendo un mundo donde reconoceremos fragmentos del nuestro, y eso no nos bastará. Querremos explorar más, en una palabra: habitarlo.

Y de pronto, por ahí de la página ochocientos, nos descubrimos posponiendo su lectura. Leyendo más despacio, temiendo que esa ansiedad por devorarlo nos lleve hasta el precipicio de la última página sólo para contemplar el vacío más allá. El pasaje se mueve en esa frontera entre nuestro deseo de que no termine y la compulsión por saber qué sigue.

Nuestra única salvación radica en volver al inicio, quizá algo se nos escapó en la primera vuelta. Y mientras tanto, esperar, como aquellos colonos estadounidenses que corrían hacia los muelles para buscar, en el buque recién atracado, una nueva entrega de las novelas episódicas de Dickens. Si sólo fuera tan fácil.

El mundo que imagina Justin Cronin y su prosa van mucho más lejos que cualquier fantasía adolescente hasta crear un lugar al que querremos transportamos

Ficha

El pasaje

Autor: Justin Cronin.

Editorial: Umbriel

Páginas: 1,088

Costo: $395.

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