Corre el año de 1977 y estamos en el barrio del Bronx de la ciudad de Nueva York para conocer a la nueva generación de artistas musicales que sustituirán al decadente mundo de la música disco que se ha enviciado en bares llenos de gangsters, prostitución y drogas.

El Bronx también se encuentra en plena descomposición social, pero dentro de este espacio hay muchos que luchan por mantenerse a flote, por mantener sus sueños con vida, salir de ese lugar y de la realidad que los ata para convertirse en algo más.

Éste es el contexto de The Get Down, la nueva serie de Netflix creada por Baz Luhrmann, la cual gira en torno a los inicios del hip-hop donde tienen cabida personalidades como Grand Master Flash, y también un par de personajes ficticios que desean comerse al mundo a través de la nueva música.

Principalmente, tenemos a Ezekiel (Justice Smith), un joven huérfano, poeta nato, enamorado de Mylene (Herizen F. Guardiola), la hija de un reverendo puertorriqueño estricto, quienes se interponen en los planes de la chica para convertirse en la próxima diva cantante, como Dona Sumer.

Zeke hará de todo para conquistar a su chica, pero ella no desea que un chico de su vecindario se interponga en sus planes de convertirse en exitosa cantante, por lo que Zeke deberá encontrarse a sí mismo primero, probablemente sin ella.

Por otro lado tenemos a Shao (Shameik Moore), un artista urbano, famoso por su graffitis, que desea aprender el arte de ser DJ y convertirse en un rey de la música, y para esto necesitará a un gran poeta que rapee al ritmo de su música.

Todo esto ocurre en un mundo lleno de corrupción, pandillas y mafiosos que podrían arrastrar a los protagonistas al fondo del infierno.

The Get Down es una extraña telenovela que por momentos parece ser una especie de Glee sin el formato musical, otros tantos un drama social con aires de la cinta de culto, Los Guerreros, y de repente un cuento de hadas mezclado con la sabiduría de una película de artes marciales.

El tono fantástico, por no decir pacheco, se entiende como un recurso que nos hace más soportable la realidad de los personajes, es la forma en que el director nos aleja de la sordidez de la serie. Lo anterior, aunado a una edición rápida, la música y la violencia hacen que la serie se vuelva por momentos algo delirante.

Por lo mismo, The Get Down es un poco difícil de acceder: demasiada acción, demasiada información, demasiadas imágenes, pero si uno tiene paciencia, accede a este mundo extravagante, a este cuento de hadas que esconde la pobreza y tragedias de los personajes, quienes desean salirse para escribir su propia historia, una que los exalte y los haga acercarse a su esencia, y no una que los retrate como algo que no son, que les ponga maquillaje para embelesarnos y hacerlos olvidar de lo que realmente son. The Get Down resulta una experiencia trágica, emocionante y conmovedora.