Por Alejandra Santoy

Célebres personajes han encabezado la lista de pelirrojos: la reina Isabel I de Inglaterra, Napoleón Bonaparte, Winston Churchill y, seguramente, Cristóbal Colón, por aquello de sus raíces escocesas. Pelirrojo era también Antonio Vivaldi y hasta puede ser que el padre de la astronomía, Galileo Galilei, haya llegado a la hoguera, no por sus imponentes teorías, sino por su rutilismo.

A lo largo del tiempo se han creado un sinfín de creencias alrededor de los pelirrojos, mismas que los han convertido en protagonistas de obras literarias o pictóricas, principalmente, pues su color de pelo y piel los hacen distinguirse de entre los demás pobladores del mundo.

Hombre rojo, ten con él mucho ojo

Los egipcios y los romanos ya tenían sus reservas ante los pelirrojos; los primeros creían que el cabello rojo poseía propiedades mágicas —motivo por el cual los quemaban y esparcían sus cenizas en el ambiente—, mientras que los segundos solían decir “Raro breves humiles vidi ruffosque fideles” (“los pelirrojos son muy raros y no son dignos de confianza”), para explicar la desconfianza que sentían ante su rareza.

Sin embargo, la persecución contra los pelirrojos se oficializó al final de la Edad Media, en 1487, cuando en Alemania fue publicado el libro Malleus Maleficarum, un compendio de preguntas y datos que ayudaban a identificar la conducta y características de las brujas y hechiceros. En este libro, ser pelirrojo era uno de los principales indicios de maldad; por ello, durante el gran apogeo de la Santa Inquisición, esta obra fue de gran utilidad para sus persecutores.

Rojo esparteño, mal pelo

Mientras las rubias son de platino y las morenas de fuego, la connotación que se ha dado a los pelirrojos es variada, así como también las formas de nombrar su condición; por ejemplo, a ésta también se le conoce como rutilismo, y proviene a su vez de rútilo y éste del latín rutĭlus, “de color rubio subido o de brillo similar al del oro” o “resplandeciente”. También se encuentra la palabra eritrismo, del griego erythrós, que significa “rojo”. Asimismo, taheño se puede usar para referir a alguien con esta característica. Éste último es originario del árabe mata hínha, “teñido de alheña”, planta con flores blancas que antiguamente eran secadas sus hojas para la fabricación de un pigmento rojizo que teñía el pelo del mismo color.

Todos descienden de los monos; los pelirrojos, de los gatos

La pelirrojez se debe al receptor de melanocortinas 1 —mejor conocido como MC1R—, un gen recesivo que eleva la producción de feomelanina —un tipo de melanina que pigmenta el pelo de rojo y amarillo— y, a su vez, reduce la producción de eumelanina, aquella que da los colores marrones a la piel.

Sin embargo, esta predisposición genética no sólo afecta la pigmentación de la piel y el cabello. Tras años de estudio, se ha comprobado que existen ciertas coincidencias físicas —a veces negativas, otras no tanto— que sufren los pelirrojos debido a su configuración genética:

• Tienen más probabilidad de sufrir cáncer, en contraste con los demás tipos de piel.

• Al parecer son más felices. Esto se debe a que su producción de endorfinas es más elevada, debido al receptor de melanocortinas, lo que además los hace más resistentes al dolor.

• Su piel produce más pecas.

• Al carecer de eumelanina, las vitaminas presentes en su cuerpo se fotodegradan —principalmente las A, B2, B9 y B12—, lo que provoca que los procesos de nutrición no se cumplan adecuadamente.

• Reaccionan distinto a la anestesia. Mientras a algunos taheños no les hace efecto, otros necesitan de dosis sumamente altas para que ésta actúe.

• Durante el proceso de envejecimiento, la cabeza de los pelirrojos no se convierte, de un día para otro, en un algodón. Es curioso que el tono rojizo de su pelo paulatinamente se va degradando en tonalidades más claras, hasta hacerse blanco.

Por último, en el 2018, los científicos de la Universidad de Edimburgo se dieron a la tarea de estudiar los genes de 350,000 personas a través del proyecto Biobank —dedicado a investigar la disposición genética y la exposición ambiental de los habitantes naturales de Escocia—, con la finalidad de prevenir, diagnosticar y curar enfermedades, principalmente.

En dicho estudio se dieron cuenta de que la presencia del MC1R no era el causante de las cabezas taheñas; por el contrario, hallaron al menos ocho diferencias más entre los genes de castaños y rubios.

¡Pelirrojo mala suerte!

Quizá sea la historia, y no precisamente su rojiza peculiaridad, lo que ha estigmatizado a los pelirrojos, y les ha obligado a traer a cuestas una carga peyorativa que hasta nuestros días prevalece.

De hecho, en tiempos no muy lejanos, no sólo fueron considerados de mala suerte, pues también representaban una fuerte amenaza para muchos, como para Hitler, quien los consideraba nocivos para su proyecto de construcción de la raza aria.

No es gratuito que en Inglaterra exista el término gingerism —de ginger, “pelirrojo”— para nombrar el acoso a esta minoría; hay cifras que estiman que al menos 90% de los pelirrojos ha sido víctima de burlas debido a su característica.

Así que si no quiere ser acusado de gingerism, la próxima vez que se encuentre con un pelirrojo o pelirroja deje de cruzar los dedos y repetir mentalmente: “¡Pelirrojo mala suerte, pelirroja mala suerte!”, que ahora ya sabe que no es nada del otro mundo.

Minificción

Lo terrible es pensar en...

Alguien se encontró al incauto en un camino y le preguntó:

—¿Nunca has pensado en la muerte?

—¿Que cosa es eso? —preguntó el incauto.

El otro se lo explica, el incauto se pone a pensar en ello... y cae muerto.

Oscar Wilde