Hay insularidad en la identidad estadounidense. Son ellos en su monstruo de nación y el mundo viene después. Pero dentro del país hay otro tipo de aislamiento: el de la ciudad natal.

Dicho lo anterior: ¿qué onda con Boston? ¿Qué hay en esa ciudad que nos ha dado tantos criminales memorables en el cine de los últimos años? Acabo de ver Black Mass ( Pacto criminal), la nueva cinta con la que Johnny Depp regresa al buen camino. Y es una locura: Boston es un barrio de delincuentes, unidos por las lealtades de las calles.

Estoy exagerando, pero poco. La zona en específico es South Boston, tierra de inmigrantes irlandeses e italianos que se la pasan guerreando por el control del barrio. Depp interpreta a Whitey Bulger, criminal de la vida real, que hace un pacto con el FBI: ayúdanos a controlar a los mafiosos italianos y te damos carte blanche para que hagas de las tuyas. Bulger, por cierto, es el personaje en el que está basado aquel gran lord de las drogas que interpreta Jack Nicholson en Los infiltrados.

Pero grandes delincuentes aparte, en segundo plano, como un fantasma, está el barrio. El trato entre Bulger y la ley se hace porque uno de los agentes del FBI es de la misma calle que Bulger. Esas lealtades no se olvidan , dice. Joel Edgerton interpreta a ese agente que se va a la cama con el demonio (por eso se la cinta se llama Black Mass: Bulger es el diablo y el FBI está invocándolo) y hace un gran trabajo.

El barrio, amigos, el barrio. El barrio también tiene papel, por supuesto, en Los infiltrados, y también en The Town, otra gran película de crimen dirigida por Ben Affleck. Y hasta en Good Will Hunting, de Gus Van Sant, aquella en la que Matt Damon interpreta a un genio con miedo de salir de lo que conoce. En una de las escenas más conmovedoras del cine, el personaje de Ben Affleck le dice a este Einstein asustado: Sueño con que un día pase por ti y tú simplemente te hayas ido. Ningún adiós, ninguna despedida, simplemente ya no estás aquí . En este caso el amigo del barrio no retiene sino que quiere impulsar.

Por cierto: todas esas películas suceden en Boston. No conozco por allá, sólo puedo imaginar que, a pesar de que es una gran ciudad, sus comunidades son como de pueblo pequeño: cerradas y unidas, para bien y para mal.

Hablando de Black Mass: gran cinta. Johnny Depp se va a llevar la nominación al Óscar, aunque no creo que nadie le arrebate el premio a Leo Dicaprio por The Revenant, que según la crítica gringa es la gran cosa. Ya veremos.

Amy la frágil

En la semana también vi el documental sobre Amy Winehouse. En el Festival de Morelia tuvo buenos comentarios y me dio curiosidad. No fui una gran fan de Amy mientras vivía: me parecía una gran voz, muy peculiar, pero su rollo autodestructivo era como una película vista mil veces. Cuando oía que la comparaban con Billie Holiday me sentía incómoda: ¿de verdad el sufrimiento crea a la diva?

Y bueno, el documental es un recorrido por su inmolación. Era bulímica, bebía como cosaco y después, cuando se muda a Camden, el barrio bohemio de Londres, el paso al crack y a la heroína era como beber agua limpia, así de simple. El papá fue un desgraciado: como famosamente canto la Winehouse en Rehab , fue su padre el que toma la decisión de no mandarla a rehabilitación cuando todavía había una oportunidad de salvarle la vida.

Creo que el momento más duro del documental es cuando Amy se convierte en rapiña de los paparazzi. Era una mujer frágil y esa sobreexposición acabó por destruirla. Para soportar la fama se necesita una dureza que ella simplemente no tenía. Cada vez que vean a Kim Kardashian siendo fotografiada como si nada, dense cuenta: esa mujer es dura.

Amy tenía un talento avasallante, pero estaba hecha de papel, y no hubo nadie a su alrededor que se diera cuenta y la protegiera. Triste.

Sinsajo: bostezo

Dejo al final Los Juegos del Hambre. Sinsajo 2: el final. A las otras dos entregas les dedique amplias reseñas, pero para esta necesito pocas palabras: aburrida.

No todo está mal. Que una cinta para adolescentes cuente que el poder político es engañoso, perverso incluso, que un líder que parece esperanzador pueda tornarse en un dictador, es fascinante.

Jennifer Lawrence está bien como la Juana de Arco que no quería serlo. Debo confesar que, a pesar mío, el final me conmovió. Hasta siempre, Katniss.