Por definición un viaje iniciático es uno solo, aquel que el niño o el joven emprende para dejar atrás la inocencia. Pero la obra de Bernard Plossu (Vietnam francés, 1945), fotógrafo, demuestra que nunca se puede bañar en las aguas de un mismo río. Dicho sea de otra manera, uno no es el mismo de un viaje a otro. Plossu ha tenido muchos viajes iniciáticos y todos los ha narrado con su cámara, en primera persona.

Y es que Plossu ha hecho del viaje un asunto personalísimo. Sus viajes y sus fotos, eso es Plossu, sus fotos como apunte autobiográfico, como diario personal , dice Salvador Albiñana, español, editor de ¡Vámonos!, el libro que recoge exhaustivamente las fotografías que Plossu hizo en sus cuatro viajes a México.

Cuando se piensa en el extranjero que visita México vienen a la memoria los nopales y las nubes gigantes de Eisenstein, esas imágenes folclóricas que tanto influyeron en El Indio Fernández. Plossu, en cambio, es antidramático, sus fotos son trozos de historias, no un clímax en un solo cuadro.

Albiñana explica: Plossu no es Edward Weston buscando lo exótico. No tiene una visión prejuiciada. Hay que darse cuanta que cuando Plossu llega a México con 20 años, con su cámara y 30 rollos de película, ni siquiera sabe que va a ser fotógrafo .

Albiñana conoce a Plossu y trabajó muy cerca del fotógrafo en la curaduría de ¡Vámonos! Plossu eligió desde el título del libro hasta qué fotografías eran imprescindibles.

Después regresa, pero es que en México Plossu cambió de manera importante por primera vez. Llega como un joven burgués y regresa a Francia convertido en un jipi con conciencia social .

En 1979 Plossu publica su primer libro importante: El viaje mexicano, donde selecciona las mejores fotos que tomó en sus dos años juveniles en nuestro país. Ese libro se agotó, fue muy importante en Francia , dice Albiñana y asegura que hoy conseguir un ejemplar vale varios miles de euros . El viaje mexicano está reproducido completo en ¡Vámonos!

Plossu ha tenido dos grandes exposiciones: la primera en el Centro Pompidou, en 1988, y la segunda, donde Albiñana lo conoció y quedó encantado con su obra, en Valencia, en 1997.

Con ¡Vámonos! se planea una exposición en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México hacia mediados de este año.

AMISTAD, POBREZA, FRONTERA, AMOR

Al hojear ¡Vámonos! resulta evidente: son las personas, no paisajes, no extrañas formaciones abstractas, las que le importan a la cámara de Plossu. Casi todos los retratados son sus amigos, tienen un lugar en su vida. Está su vecina Taide en su boda o su compinche Bill Coleman con su novia. Está Álvarez Bravo, a quien admira, y está Françoise, la mujer que lo ha acompañado por décadas.

Cada una de las secciones del libro podrían definirse con un tema, una palabra. Cada uno podrían ser episodios de una novela de aventuras.

1965: AMISTAD

Plossu, el joven que retrata a sus amigos lo mismo en la Zona Rosa que en la playa. Se anota en la universidad, va una semana y decide que no es lo suyo, pero hace amigos y los incluye en sus peripecias.

1970: POBREZA

Plossu regresa por nostalgia. Visita a varios amigos, pero esta vez decide recorrer caminos inexplorados. Se va a la periferia de la ciudad, retrata la marginación. Pero no hay lástima en las fotos. Albiñana: Son fotos más teatrales. Hay muchos niños pero casi siempre sonríen. No está buscando a los teporochos, a los mendigos, a pesar de que la atmósfera es la misma de Los olvidados. No hay conmiseración sino alegría, cierta tragicomedia .

1974: FRONTERA

De nuevo la nostalgia lo trae de regreso pero no llega al DF. Descubre la frontera. Viaja por Tijuana y Ensenada. En vez de retratar la sordidez tijuanense encuentra la belleza en la liberal sociedad fronteriza.

1981: AMOR

Al joven aventurero, que ya no es tan joven, le llega el amor. Pero no podía ser un amor cualquiera, sino uno que fuera como brincar desde un risco a un mar. Se cita con Françoise, fotógrafa francesa, en el norte de Veracruz. Ese trópico norte mexicano es testigo de su escapada amorosa. Fotos del mar, fotos del monte, pero Françoise, Françoise siempre.

Son cuatro Bernard Plossu diferentes: un hombre sensible cambiando, siendo nuevo. Pero fluyendo siempre, sin pretensión, sin forzar momentos épicos para su cámara.

¿Habrá un quinto viaje mexicano? Es difícil, pues el fotógrafo padece del oído y le cuesta viajar en avión. Ya casi sólo viaja en tren. Europa se ha vuelto su panorama y su personaje.

¿Cómo definir a Bernard Plossu? Albiñana lo hace muy bien: Estamos acostumbrados a la idea fotográfica de Cartier-Bresson, el momento decisivo. Plossu sería lo opuesto: el fotógrafo del momento ordinario .

Plossu es así un narrador que encuentre definición en lo indefinido, que encuentra drama en lo normal.

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