La presentación del Paris Mozart Orchestra este fin de semana en el Teatro Juárez de la ciudad de Guanajuato, como parte de la 49 edición del Festival Internacional Cervantino (FIC), fue uno de esos momentos en los que se reafirma lo fundamental, magnético e incluso conmovedor que puede resultar un buen trabajo de dirección de orquesta.

Sobre las tablas del emblemático recinto de la ciudad cervantina, la directora Claire Gibault (Le Mans, 1945), dueña de una admirable trayectoria musical en Europa y conocida de la música orquestal en nuestro país —dirigió a la OFUNAM en 2018— fue el imán de las miradas en la obra “Orfeo” que la orquesta fundada por ella misma en 2011 presentó la noche del sábado, en una de las presentaciones estelares de la edición 49 del FIC.

Orfeo” es un ensamble a manera de melólogo, un subgénero musical y teatral creado a finales del siglo XIX que suele ser dramatizado por una sola persona que se ayuda del acompañamiento musical para facilitar el énfasis histriónico de una narración. El género se ha vuelto popular en los últimos años después de quedar prácticamente olvidado en el siglo XX. El caso particular de este melólogo, basado en el mito griego de Orfeo, se basa en los libros X y XI de “La metamorfosis”, del poeta Ovidio. La compositora de esta puesta es la italiana Silvia Colasanti.

La poderosa lectura al español estuvo a cargo de la actriz, dramaturga y directora de teatro Diana Sedano, quien fue la otra gran aplaudida de la noche, con una ejecución bien coordinada entre la lectura de los textos de Ovidio, la dirección de Claire Gibault y una proyección al fondo de imágenes que integran un collage realizado por el artista visual francés Axel Arno.

Detrás de la orquesta se proyectaba el trabajo de Arno, elaborado ex profeso para la puesta, pero la tensión y la atención de las miradas no dejaba de concentrarse en las manos de Gibault y la mirada de Diana Sedano, que no se despegaba de los dedos índices de la directora, que le indicaba los momentos de su entrada, al mismo tiempo dirigía este ensamble de 12 músicos, entre percusiones, cuerdas y metales, todos ellos solistas de la Paris Mozart Orchestra.

En conferencia de prensa previa a la presentación de “Orfeo”, la directora de la Paris Mozart Orchestra explicó que un melólogo permite que textos complejos, como el Ovidio, resulten más comprensibles y atractivos para el público menos familiarizado con la música orquestal. Destacó la “gran complejidad” de la interpretación de Diana Senado, quien demostró su pericia en la lectura y la entonación de un texto por demás complejo.

En “Orfeo”, dijo Gibault, “se da un juego entre duetos o tríos, ya sea entre músicos o con la misma narradora. Por ejemplo, hay un diálogo entre percusiones y narración. De tal manera que el melólogo abreva de estas formas para respaldar la lectura (…) estuvimos ensayando muchísimo por Zoom entre París y México, hasta que ayer finalmente nos conocimos con Diana en persona y fue increíble poder estar juntos”.

Por su parte, Diana Sedano compartió que “es raro que una actriz en México tenga la oportunidad de una colaboración directa con una orquesta así. Me quedé pensando en lo maravillosa que es la música en tanto lenguaje, porque no necesita traducción de nada. Yo tenía la piel erizada solo de escucharlos al afinar los instrumentos (…) lo que era clarísimo, es que todos los instrumentos, hasta el más minucioso detalle, resultan importantes para generar un ensamble”.

Complementó que “lo que es maravilloso de todos los mitos fundacionales y por lo que creo que una conecta inmediatamente, es que nos hablan de nuestro propio origen. Es muy emocionante entrar en las palabras del texto y sentir el acompañamiento musical y cómo entre cada instrumento, en cómo Claire mueve las manos, entre cada entrada de voz, se da una sensación más completa del universo emocional de Orfeo y Eurídice”.

La ovación al cierre de la presentación y el reconocimiento que le dio la directora de la orquesta al abrir sus brazos en dirección a Sedano, fueron tales que conmovieron a la actriz hasta las lágrimas.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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