Para quienes dicen en México que la ópera no es negocio porque la ve poca gente, basta informarles que el espectáculo está de moda y que cada día crece el público ávido de funciones. Al respecto, en la temporada 2010-2011, merced al proyecto The Met: Live in HD, la ópera llegó a 54 países en transmisiones vía satélite y vendió 2 millones 600 mil boletos. En este campo la situación no va tan mal en nuestro país: solamente a una ópera, Anna Bolena con la soprano Anna Netrebko asistieron al Auditorio Nacional 5 475 espectadores.

Por lo que, situados a media temporada 2011-2012 y si tomamos en cuenta los nuevos países que se incorporaron a las transmisiones: Rusia, Israel, China, Marruecos, Eslovenia y República Dominicana se puede afirmar que el número total de espectadores debe andar rondando los tres millones.

El aumento de público es impresionante: cuando empezó el citado proyecto, allá en 2006, sólo llegaba a 54 teatros (la mayoría en EU) y ahora se transmite a 1 600 recintos del planeta.

Pero no sólo es la cantidad, sino que otro tipo de público se está acercando a la ópera: por ejemplo, en las imágenes que captan las cámaras del MET y lo que se percibe en el Auditorio Nacional, se nota una mayor presencia de gente joven, incluso adolescentes. Esto es sumamente importante porque los públicos también envejecen y deben renovarse para no tener auditorios conformistas, aplaudidores de todo.

Entre los países que participan están: Reino Unido, Puerto Rico, Hungría, Australia, República Checa, Lituania, Países Bajos, Argentina, Perú, Uruguay, Polonia, España, Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Noruega, Chile, Estados Unidos, Canadá y, por supuesto, México.

De este modo de acuerdo con cifras del MET , la ópera es más vista en transmisiones de Alta Definición (300% más) que en el West 62nd Street, Lincoln Center, recinto del popular Metropolitan Opera House de Nueva York, al que asistieron solamente 800 mil espectadores en la temporada 2010-2011.

En el marco del proyecto The Met: Live in HD, el Auditorio Nacional de la Ciudad de México abrió esta temporada el 15 de octubre de 2011. El número de asistentes fue (datos del Auditorio Nacional): Ana Bolena, 5 475; Don Giovanni, 5 322; Sigfrido, 4 875; Satyagraha, 4352; Rodelinda, 2 991; Fausto, 4 899; y La isla Encantada, 4 633.

En México claro que crece el interés: la señal de las once producciones del MET está siendo retransmitida por el Auditorio Nacional al Teatro Diana (Guadalajara), al Auditorio de la Universidad del Caribe (Cancún), Teatro del IMTA (Cuernavaca), Forum Cultural Guanajuato (León), Auditorio Luis Elizondo (Monterrey), Centro Cultural Paso del Norte, Ciudad Juárez, Chihuahua, Teatro Victoria (Durango), Centro Cultural Universitario Bicentenario (San Luis Potosí) y Teatro Macedonio Alcalá (Oaxaca).

EL SECRETO

El secreto de este negocio exitoso radica en la calidad de sus producciones, en sus magníficos cantantes, directores, músicos, escenógrafos. Es impresionante observar que esta casa de ópera trabaja casi de continuo; por ejemplo, el mes de diciembre tuvo funciones todos los días, menos la Navidad, que es un día muy especial para los estadunidenses.

El contraste con lo que hace el Instituto Nacional de Bellas Artes de México (INBA) es notorio: seis o siete óperas al año, descansos prolongados y poco público. Aunque sus directivos digan que todo se debe al escaso presupuesto, la verdad es que hace falta creatividad y ganas de hacer bien las cosas. En este sentido, basta remitirnos a la ópera Satyagraha, de Philip Glass (noviembre de 2011). Aquí vimos escenas memorables merced a los motivos escenográficos que fueron simples hojas de periódicos y cintas adhesivas transparentes ( diurex ).

Según datos oficiales, en 2010 con seis montajes operísticos el INBA ofreció 25 funciones, a las que asistieron 22 mil personas. Y en 2011, con un programa variado y ambicioso integrado por 22 funciones de ópera según anunció la directora general del Instituto , calculamos que el número de espectadores fue de unos 20 mil o menos (seguimos esperando los datos del INBA), dado que al aforo de la sala principal del Palacio se redujo debido a su remodelación y a que fue suspendida la ópera Nabucco .

LAS CÁMARAS DEL MET

Pero también hay un plus en lo que vemos desde Nueva York: las novedades que se han incorporado a las transmisiones son el manejo de cámaras y las entrevistas que se realizan al elenco, a escenógrafos, directores de escena y de orquesta, antes y en los intermedios de la ópera que se esté presentando. Las entrevistas aclaran, sitúan, motivan, informan.

En cuanto al manejo de cámaras, en Fausto recordamos las tomas en picada de los protagonistas, los close up a Mefistófeles, los acercamientos al rostro de Margarita cuando está en la cárcel, las diferentes vistas de los bailes, los detalles del vestuario. De Satyagraha nos queda la impresión del paneo en la escena de los potentados: la cámara los repasa lentamente mientras ellos leen el periódico publicado por Gandhi sentados en una larga fila que cruza el escenario.

También son de celebrar las tomas que se hacen a la orquesta, que generalmente no se ve en una ópera digamos que normal , y las que se dirigen al mismo público neoyorquino. Desgraciadamente, un defecto de las transmisiones es que no existe interacción (la tecnología aún no lo resuelve) del público televidente con los artistas, como sucede en la ópera común .

Pero la tecnología tiene también otros bemoles inesperados: comentaba una asistente a estos espectáculos que ahora los cantantes deben emplear mucho más Bótox, pues con la alta definición y los acercamientos de las cámaras del MET se les notan más las patas de gallo .

klm