Hace unos 12 años, nadie hubiera apostado por Michael Rowe para obtener, ya no digamos un prestigioso premio internacional de cine, ni siquiera, para tener un trabajo decente: entonces era traductor en las oficinas de El Economista.

Ironías aparte, lo cierto es que la carrera de Michael Rowe, de 37 años, no ha sido, para nada, la usual de un director de cine. Para empezar, porque nunca por este arte tuvo un interés particular.

Pero, cuenta él que escribía, poesía, teatro, cuentos y libretos de ópera. Después de dejar su Australia natal, viajó por el mundo y a los 23 años se quedó en México.

De sonrisa fácil pero naturaleza reservada, en la redacción de El Economista habló poco de sus textos, si es que los seguía escribiendo.

Y no parecía interesado en conseguir un mejor trabajo o a salirse del cuarto de azotea que era su vivienda. Podría decirse que pasó por una etapa depresiva.

Pero después de casarse, con renovados ánimos y una hija en camino, entró al Centro de Capacitación Cinematográfica con la intención de convertirse en guionista.

Aprendió bien. Dejó el trabajo de las traducciones, entonces en la revista Expasión, ya no en El Economista para ponerse a hacer cine.

El guión de Año bisiesto lo escribió en menos de dos meses, después dirigió la película y ahora ha ganado la Cámara de Oro en Cannes.

Felicidades, colega.