El cáncer cervicouterino es prevenible y curable. Los factores de riesgo para su desarrollarlo son el tabaquismo, mala alimentación, vida sexual activa sin protección, el virus del papiloma humano (VPH) y la falta de acceso a los servicios de salud pública y bajos recursos económicos, por lo que podríamos deducir que la enfermedad, de forma poderosa, está ligada a la pobreza.

Por este fenómeno es que el Instituto Nacional de Cancerología (Incan) anunció la puesta en marcha del programa Micaela (Modelo integral para la atención del Cáncer Cervicouterino Localmente Avanzado), que busca atención integral individualizada, de vanguardia y protocolizada para el cáncer cervicouterino (CaCu) en pacientes sin seguridad social.

A finales del 2017, con el apoyo del doctor Abelardo Meneses, director del Incan, de la Comisión de Igualdad de Género a través de la diputada Lucely Alpízar y organizaciones civiles, se pudo iniciar el proceso para lograr Micaela, que ataca un problema de salud pública en mujeres mexicanas en etapa reproductiva (40 a 60 años), ya que pese a ser prevenible, es la segunda causa de cáncer más común en mujeres mexicanas y la cuarta causa de muerte en todo el mundo.

Esto contribuirá al mejoramiento del pronóstico de mujeres con CaCu. De acuerdo con Globocan, se estima una incidencia para el 2020 en México de 17,940 nuevos casos de mujeres diagnosticadas y 6,480 muertes a causa de este padecimiento.

Todo comenzará con un grupo de 480 pacientes con la enfermedad localmente avanzada; se otorgará apoyo psicológico, nutricional, con tratamientos individuales innovadores que, a la vez, arrojarán información para medir el impacto económico y así lograr reproducir el modelo en otros estados de la República.

El Incan recibe alrededor de 550 mujeres al año con este diagnóstico, 80% en etapas avanzadas y 30% presenta comorbilidad (daño renal crónico, diabetes mellitus tipo 2 o hipertensión). “El tratamiento para las pacientes con CaCu y la proyección a la población que podría seguir impactando en los siguientes 10 a 15 años es la base para crear un modelo integral de atención con altos estándares de calidad, que pueda ser validado y reproducible posteriormente”. Dijo la doctora Lucely Cetina, investigadora en ciencias médicas y responsable de Micaela.

Más sobre la enfermedad

De acuerdo con el Incan, el cáncer cervicouterino es una de las consecuencias de la infección por el VPH, que es un grupo de más de 150 virus y se puede transmitir por medio del contacto con la piel. La forma más común de contagio es mediante el contacto sexual.

El CaCU se inicia en las células que revisten el cuello del útero; estas células no evolucionan a cáncer de un día a otro, gradualmente se van transformando a precancerosos y posteriormente derivan en cáncer. El estudio para detectar los cambios en estas células es el Papanicolaou y es realizado por el ginecólogo en la consulta periódica.

Éste es asintomático en las primeras etapas. Cuando está avanzado presenta sangrados vaginales anormales, flujo con mal olor, dolor en la cadera y durante las relaciones sexuales, anemia, así como disminución de peso sin motivo.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, no existe una manera absoluta para prevenir el cáncer cervicouterino, pero es posible tomar ciertas medidas que pueden ayudar a reducir el riesgo como: vacunarse contra el VPH, pruebas periódicas de VPH, Papanicolaou, no fumar, usar preservativo y acudir con frecuencia al médico.

Más aliados, muchos frentes

El programa Micaela junto con las organizaciones de la sociedad civil seguirán impulsando además campañas de prevención dirigidas a hombres y mujeres. Alineado a los programas de prevención y control del cáncer cervicouterino establecidos a nivel nacional, se gestiona una campaña que tiene como principales medidas: integrar la vacuna al esquema nacional de vacunación para todos. Actualmente, sólo se aplica a niñas de 11 años o 5° de primaria. “Las campañas de vacunación contra el VPH deben beneficiar no sólo a niñas en edad escolar, sino hasta jóvenes, hombres y mujeres de 15 a 25 años, esto con el objetivo de seguir disminuyendo la incidencia, lograr un esquema de vacunación masiva”, dijo la doctora Ariadna Martínez Rivas, directora médica de la Fundación Luis Pasteur IAP.

El CaCu representa un tabú social por su asociación con el VPH y ETS, lo que se traduce en un incremento en frecuencia en mujeres vulnerables, por su estado de pobreza, desigualdad social, económica y, sobre todo, cultural. Las estrategias para su combate aún son limitadas, pero lo cierto es que ésta es una enfermedad prevenible, por lo que se debe combatir con educación, vacunas y pruebas de Papanicolaou. “Es importante que tomemos al programa Micaela como un ejemplo de mejores prácticas y procesos; los hospitales y sistemas de salud deberían contar con indicadores que nos permitan medir un avance e impacto real en la población, además de ser un verdadero beneficio para los pacientes”, concluyó la doctora Cetina.