Buscar
Arte e Ideas

Lectura 11:00 min

"Mcbth", una victoria de la tragedia en Santa Martha Acatitla

La Compañía de Teatro Penitenciario ha trabajado por 15 años para mantener el arte escénico al interior del penal de Santa Martha Acatitla, resistiendo. “Nos llamaban borregos, nos decían: ‘ahí van los putos de teatro’. Ahora se acercan con curiosidad y hasta tenemos buen público dentro de la prisión”. “Hacer teatro me dio libertad dentro de la penitenciaría”, afirma un interno integrante de la compañía.

main image

el77 CC BY-NC-SA

“Oiga, le voy a tener que prestar un chaleco porque viene usted muy de negro”, le dice el custodio a una compañera de la prensa en el primero de los tres filtros que hay que cruzar de primera instancia para ingresar al Centro Varonil de Reinserción Social de Santa Martha Acatitla. “¡Pero es gris!”, responde la colega sobre su atuendo y explica que únicamente le habían dicho que estaban prohibidas las prendas en blanco, negro y azul. El custodio se encoge de hombros y detalla que las prendas en beige y el gris oscuro tampoco están permitidas.

Pero no pasa nada. A la par de requerir las identificaciones a las otras dos personas que ingresamos como medios de comunicación y a la licenciada de la Secretaría de Seguridad Ciudadana que nos acompaña en el ingreso, el custodio descuelga un chaleco verde fluorescente que en el reverso dice “Futbol. Penitenciaría Santa Martha”. Para ingresar, se explica en el reglamento previo a la obra, solamente es permitida una limitadísima selección de colores: el rosa, el morado y el amarillo, por ejemplo.

“Por favor, su nombre, hora de ingreso y firma en este cuaderno. Son las trece con catorce”, requiere el custodio. Es el sábado 26 de agosto, bien lo establece el cuaderno de registro con letras grandes y de molde.

Los días de visita en el penal son los miércoles, jueves, sábados y domingos. Personas solas y familias enteras están ingresando al Cervareso, la mayoría con enormes cargas de comida. Un caballero de edad avanzada dobla el tronco por el peso de su bolsa de malla que ha llenado con varios toppers y al menos un par de kilos de tortillas. Más adelante, una mujer de mediana edad carga dos cajas grandes de pizza Little Caesars. Han librado los filtros. En uno de ellos hay que entrar en pequeños cubículos donde se hace una minuciosa revisión táctil de todas las personas que solicitan el ingreso.

“¿Adónde se dirigen, caballero?”, preguntan por enésima ocasión. Ahora es el custodio encargado de una puerta que conduce a un enorme pasillo, uno totalmente despejado, que divide la barda perimetral con los distintos módulos. “Vamos a la obra de teatro”, damos respuesta una vez más. “Ah, vienen del Foro Chispita”, responde el policía; se refiere al Foro Shakespeare que comparte sede en la colonia Juárez con El 77 Centro Cultural Autogestivo, la sede externa de la Compañía de Teatro Penitenciario.

Esta tarde, los integrantes internos de esta compañía ofrecen la obra “MCBTH. Ruega por nosotros”, una adaptación por demás conocida de Shakespeare, o Chispita –como usted prefiera– elucubrada por ellos mismos y con un montaje y utilería elaborado hasta donde se pudo al interior del penal y complementada por los miembros de la compañía que ya están fuera.

A las puertas del teatro en prisión

El último filtro es en el edificio de gobierno donde nos han formado en dos filas junto con el resto del público que asiste a la función. Nos han guiado por un pasillo que desemboca en la zona común. Buenas tardes. Qué tal. Los internos apostados del lado derecho del patio colindante saludan y dan la bienvenida. Como es día de visitas, en el costado izquierdo de nuestra ruta se observan varios puestos de comida. Durante cuatro días a la semana, los internos tienen permiso para instalar negocios y vender comida, golosinas, esculturas, artesanías. La gran mayoría de las cosas que se comercian son elaboradas por ellos mismos. Un jovencito vestido de azul marino –uno de los colores prohibidos para las visitas– camina rapidito con una bandeja de flan napolitano y lo va anunciado para su venta.

A la entrada de la zona de talleres está dispuesta una serie de teléfonos de moneda como los que ya casi no se usan en las calles de la ciudad. “Hola, madre”, saluda un interno que ha depositado un par de monedas en la caja telefónica. Unos pasos más adelante, se advierte el interior de un taller de pintura, de las paredes cuelgan colores sobre cuadros en distintos formatos, de paisajes, retratos, abstracciones, en colores azules, sobre todo.

Comienza a oler a combustión, a soldadura, a trabajo de máquinas. Se advierte que en algún sitio de esta enorme nave de talleres se está usando una sierra para metales. Nos aproximamos al Auditorio Dr. Juan Pablo de Tavira y Noriega, bautizado así por el jurista y pieza clave del actual sistema penitenciario mexicano, quien dedicó sus años de juventud al teatro y después impulsó la implementación de esta práctica al interior de las cárceles del país.

La única integrante externa de la compañía que toma parte de esta obra, la actriz Valeria Lemus, ha ingresado minutos antes con una inmovilizador en la pierna izquierda,  camina prácticamente arrastrándola. Tuvo un accidente de trabajo y se le ha pedido que haga el mínimo esfuerzo, por lo que, más tarde nos confirma, se tuvieron que ajustar algunos pasajes de la misma para evitar una lesión más grave. Ella da vida a una enérgica y maquiavélica Lady Mcbth.

Estamos en la fila para ingresar finalmente al auditorio donde ya se escucha un barullo, se oyen gritos desaforados, arengas, porras, aplausos. Son los rituales que cada compañía acostumbra a ejecutar antes de cada presentación. Se alcanzan a percibir afuera de prácticamente todos los teatros del mundo, mientras la gente aguarda por su ingreso. Son rituales que también envalentonan al espectador, lo preparan, le confirman que quienes van a encarnar a los personajes de la obra están dispuestos a dejarlo todo sobre el escenario, que están alistándose para la confrontación cara a cara con la Hidra de Lerna que es el público.

La fiesta termina en tragedia

“Pueden pasar”, indican desde la entrada. Las puertas se abren mientras que de fondo se escucha un acordeón, una guitarra y una percusión. “Soy el jefe de jefes, señores / me respetan a todos niveles / ni mi nombre ni fotografía / nunca van a mirar en papeles”. Están tocando la rola de Los Tigres del Norte. La interpreta el personaje del Rey Duncan, encarnado por el actor César David García. El rey, con su corona, ataviado con una capa escarlata, con cinto y gruesas muñequeras de piel. Su atuendo es un rasgo de potestad, su caminar proyecta control territorial y también cinismo. Está sentado en un trono rematado con un gran cráneo alado. Desde ahí dice: “¡salud, hay refill!”, para quienes vamos ingresando y recibimos, sí o sí, una copa de vino que en realidad contiene alguna variedad de refresco rojo.

El escenario se ha montado a manera de arena, con cinco pequeñas gradas alrededor, como formando un pentagrama. Mientras el público se acomoda, se hace válido el “refill” y se tocan otras dos canciones, “Bésame mucho”, de Consuelo Velázquez, y “Caminos de Michoacán”, de Bulmaro Bermúdez. Un grupo de actores traza un círculo de cal, como si ahí mismo estuviera a punto de suceder un ritual.

Al centro se coloca un incensario y sobre él, un candelabro del que se desprenden telas del mismo rojo escarlata que las ropas del Rey Duncan. Los muros de la prisión se diluyen de la mente. No existen, no están aquí. Éste es el mundo donde discurre una tragedia, la tragedia tan anunciada, representada y variada de Macbeth y el dilema sobre el poder, como en el grueso de las obras de Shakespeare: las delicias, las irresistibles golosinas y las irrefrenables corrosiones del poder, el poder de ejercer, de traicionar y matar, un acto tan justificado como decir que en las guerras no se asesina, sino que se intercambian unas vidas por otras. Y el “intercambio” de vidas nunca termina.

Duncan se está emborrachando en su fiesta, celebra por las conquistas que en su nombre ha conseguido el general Mcbth, mientras que el rey denosta a las mujeres en un sistema donde la guerra y la muerte confieren prestigio, estatus y hasta pureza. Pero Lady Mcbth, esposa del general, astuta y determinada, que odia tanto a Duncan por su machismo y su soberbia, seducida por la corona, elucubra el envenenamiento del rey, quiere el poder para su esposo, o para sí. Es la mano que mueve los hilos detrás de una batalla entre hombres que se embelesan con una potestad que quizás nunca tuvieron.

Lo que el espectador percibe de esta obra es, precisamente, un ensayo sobre los dilemas que las personas en privación de su libertad, aquellas que se reconocen culpables o que luchan por su inocencia, pero en ambas circunstancias purgan una condena y han decidido hacer catarsis en el teatro, en los días de ensayo y cada que piensan en su personaje, lo construyen, lo visten y lo actúan, no solamente con las líneas sino con el cuerpo.

Observar a actores como la tres brujas que anticipan la tragedia del rey espurio, interpretadas por Francisco García Ortiz, Mauro Rafael Martínez y Alejandro Rivas, es reconocer que han recorrido un camino por la actuación hasta enamorarse de ella, una responsabilidad que trasciende los minutos en los que han de participar, sino que cambia sus vidas, lo hace como cualquier hábito genera nuevos caminos neuronales, porque encarnar a un personaje es generar nuevas vías de pensamiento. Observar actuar a Banquo (José L. Padilla), notar el brillo en sus ojos cuando actúa dentro de una prisión, con una condena encima, no tiene comparación. Ni qué decir de los protagonistas, Mcbth, Duncan y Lady Mcbth, que hacen de la estancia un abrigo en este teatro flanqueado por los muros más gruesos y abundantes que quizás cualquier teatro pueda tener.

Hacer teatro es resistir

“Hacer teatro me ha ayudado a hermanarme con mis compañeros. Me dio libertad dentro de la misma penitenciaría. Con el teatro soy libre dentro de la penitenciaría”, reconoce Cándido Herrera (Mcbth), con una sentencia de 83 años por privación ilegal de la libertad. “Éste es un trabajo de 24 horas. Me despierto en la madrugada pensando en mi personaje. En mis sueños aparecen mis muertos y me ayudan a construirlo. Sueño con mi hermano, a él lo mataron cuando él tenía 18 años y yo tenía 16. Siempre lo voy a buscar en mis sueños y a través de mis personajes”, confiesa.

Por su parte, César García (Rey Duncan), quien cumple una condena de 23 años por el mismo delito, comparte que cuando delinquían asumían un personaje, se veían obligados a actuar, “pero actuar de manera consciente me ha cambiado la vida, es una catarsis, porque ésta es una olla exprés”.

Cuando la compañía comenzó a trabajar al interior de Santa Martha, comparten los actores después de la obra, “nos llamaban borregos, nos decían: ‘ahí van los putos de teatro’. Ahora se acercan con curiosidad y hasta tenemos buen público dentro de la prisión”.

“Mcbth. Ruega por nosotros”

  • Dirección: Itari Marta
  • Co-dirección: Ismael Corona, Javier Cruz
  • Dramaturgia: Adaptación libre de la Compañía de Teatro Penitenciario
  • Brujas: Francisco García Ortiz, Mauro Rafael Martínez, Alejandro Rivas
  • Mcbth: Cándido A. Herrera
  • Lady Mcbth: Valeria Lemus
  • Rey Duncan: César D. García
  • Banquo: José L. Padilla
  • Soldados: Rodolfo Sánchez Flores, Antonio Peña
  • Gatelle: Mauro Rafael Martínez, José L. Padilla
  • Mudo: Josué de León
  • La madre: Israel Inclán Bautista
  • Coordinación de escenografía: Valeria Lemus
  • Gerencia de producción: Sandra Garibaldi
  • Idea de espacio escénico: Itari Marta
  • Realización de escenografía: Taller de coreografías “Calacas y diablitos”
  • Realización de utilería: Compañía de Teatro Penitenciario
  • Diseño de vestuario: Sandra Garibaldi
  • Realización de vestuario: Sadie B. Lemus
  • Diseño de iluminación: Miguel Velázquez
  • Equipo Técnico: Charly “El payaso”
  • Realización de pintura artística:  “El animal”

¿Interesado en asistir a la obra?

  • Donativo: 350 pesos
  • Es necesario llenar el formulario (prerregistro):
  • https://bit.ly/mcbth2023
  • El día de la función, la cita es las 11:00 horas en El 77
  • Abraham González 77, colonia Juárez
  • Informes: 55 5566 0102

teatroyprision@foroshapespeare.com

Presentaciones: los dos últimos sábados de cada mes

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete