En poco menos de un par de meses, en la segunda semana de febrero, México se convertirá en el epicentro del arte en América Latina con la instalación de las dos ferias de arte moderno y contemporáneo más relevantes de la región: Zona Maco y Material Art Fair.

Mientras que la primera se llevará a cabo del 6 al 10 de febrero, Material Art Fair hará lo propio del 7 al 10 del mismo mes. Se trata de una coyuntura en el año cultural de la Ciudad de México dispuesta para el mercado del arte y sus relativos: artistas, galeristas, dealers, coleccionistas; una semana en la que ambas ferias son visitadas por personas de todas las procedencias, muchas de ellas, dispuestas a hacer negocios, no a la menor sino a la más certera provocación.

Hace unos días, Material Art Fair dio a conocer que en su sexta edición, la segunda con el Frontón México como sede, contará con 73 expositores de 22 países, los cuales se concentrarán en dos secciones: Principal, para galerías tanto emergentes como consolidadas, y Proyectos, con espacio para iniciativas sin fines de lucro, muchas de ellas dirigidos por los propios artistas.

En entrevista con El Economista, Brett Schultz, director creativo; Isa Castilla, directora del Programa VIP, y Rodrigo Feliz, director de expositores, comentaron sobre la maduración de la feria, arquitectura del espacio como identidad y oportunidades que se gestan con esta ventana del mercado internacional del arte en la Ciudad de México.

Enriquecer la oferta

“El paralelismo con la feria grande es importante para nosotros porque Material (Art Fair) busca enriquecer la oferta cultural más que competir. Tenemos identidades muy claras, muy definidas. Todos estamos trabajando para fortalecer esa semana tan visitada”, comenta Rodrigo Feliz.

Para Brett Schultz fue en la edición anterior que terminó por definirse la identidad de Material. “Hemos llegado a una etapa de madurez, de consolidación, en la que no necesitamos reinventar todo. Ahora podemos repetir las cosas que sí han funcionado bien. Tenemos una sede increíble que nos funcionó bastante bien, con una arquitectura impactante, icónica. Y vamos a repetir, pero con algunas modificaciones basadas en la experiencia”, dice y reflexiona que la inercia adquirida permitirá enfocarse en otras prioridades, como la profesionalización de la feria en todos los sentidos.

Isa Castilla agrega que la instalación en la colonia Tabacalera fue determinante para posicionar al evento. “El arte contemporáneo en el contexto del centro de la ciudad ayudó a que fuera una experiencia dentro y fuera de la feria. Es una manera de celebrar a la Ciudad de México, que es parte de la esencia de Material”, refiere.

Permanecer íntimos

Los tres coinciden en que Material es más bien una experiencia íntima, más amigable, que ha aportado para que México esté en la mirada de la escena, en términos de producción y de oferta. Dicen que ha sido determinante para la escena que la feria sea una plataforma que hace sentir a artistas y galeristas como suya, que se identifica con sus intereses y preocupaciones generacionales. La experiencia de proximidad de la feria es tan importante para sus organizadores que, aseguran, no piensan ampliar el número de participantes muy a pesar de que este año recibieron una cantidad sin precedentes de aplicaciones de galerías de todo el mundo, con arriba de 220.

Otra de las fortalezas de la última edición, agrega Rodrigo, fue la arquitectura de la feria, una construcción de tres plantas con andamios sobre la cancha de jai alai, y explica: “todas las galerías están viendo al centro, entonces es muy democrática en ese sentido. No hay un tema de jerarquías, que es justo lo que queremos evitar de la tradicional feria de pasillos y pasillos con galerías fuertes al centro. Hay un sentido de comunidad”. Además confirma que hay contrato para tres años con el Frontón México como sede.

Trámites de importación

Brett agrega que, a diferencia de muchas ferias en América Latina que tienen mayor apoyo estatal, Material cuenta con modestos apoyos de parte del Fideicomiso de Promoción Turística de la Ciudad de México y del Estado, y no depende de un gran inversor privado. Su crecimiento es orgánico.

A la pregunta de si pudieran pedir algo a las autoridades estatales para facilitar el éxito de la instalación anual del mercado del arte en México, responden que sería en términos de simplificación de trámites para la importación de obras.

El director creativo refiere que “hay muchos países que durante su semana de arte contemporáneo relajan sus impuestos sobre el arte, son una especie de puerto libre —y Rodrigo pone de ejemplo a Brasil—, porque al final ayuda a todos. Si hay manera de impulsar la obra para los artistas jóvenes sería un gran apoyo de parte del gobierno hacia la comunidad artística”. Asegura que “hay mucho miedo en el extranjero de importar obra a México. Tiene mala fama para el público a nivel internacional”.

Isa abona que cada traba en el proceso de compra puede modificar en negativo una decisión de compra en el país, ya sea que se trata de la documentación aduanal o el IVA agregado en el caso de la adquisición de una pieza para un ciudadano mexicano.

Por último, comparten que, a partir del aumento del interés en los recientes años por técnicas y materiales, en la sexta edición se verán nuevas propuestas pintura figurativa al igual que cerámica y piezas ejecutadas con técnicas digitales incluso en objetos físicos. También, dicen, habrá más presencia se piezas con preocupaciones sociales.

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