A los 18 años, Jimena García Álvarez-Buylla salió de la casa de su familia. Mucho de ese tiempo fuera de casa estuvo en el Reino Unido. Ahí estudió la carrera de Bellas Artes en la Goldsmiths University of London. De vuelta al país, a los 24 años, el reencuentro con el hogar de su infancia, los objetos que la vieron crecer, el jardín que le motivó una cualidad contemplativa, fueron determinantes para detonar una obra plástica que, por sí misma, habla de una joven artista a la cual sería un error perder de vista.

García Álvarez Buylla es reconocida por artistas como Abraham Cruzvillegas, por ejemplo, quien dice de su trabajo que “Jimena contempla, silenciosa pero arrebatada de sublime estupor, la posibilidad, la voluntad, la energía y el poder de transformación del arte. Dejar de ser para poder ser”.

Sentada en la sala de esa casa familiar dice de ella que “es un pequeño santuario” y “un pedazo de paraíso”.  Ese reencuentro emocional con el hogar familiar detonó la exhibición “Como en casa”, un proyecto sumamente personal, intimista incluso y, hasta cierto punto, inclasificable, que ella misma, sentada en el sillón de la sala del hogar de su familia, en el Tlalpan apacible, explica para El Economista.

“’Como en casa’ es un proyecto de reconocimiento del suelo en el que estamos parados y en aprender a aterrizar. Regresé a México y este es mi primer gran proyecto por mí sola. Yo crecí en esta casa y, como cualquier persona que crece en cualquier lado, empecé a dar por hecho muchas cosas. Al regresar me di cuenta que había muchas cosas que me hacían falta, que extrañaba. Entonces me puse a trabajar tres meses, a limpiar cajones e ir reconectando con todas las cosas con las que crecí pero que había olvidado que existían. Conseguí nuevos muebles, me di a la tarea de abrir más espacios para cosas nuevas. Vinieron familia y amigos. Todo el mundo llegó a convivir. Si el espacio ya era lindo para la convivencia, se trató de aumentarla aún más y permitir que estas redes emocionales siguieran haciendo comodidad”.

Asegura que disfruta de sentarse a contemplar para observar cómo las personas se relacionan entre sí. Esa fue la más grande motivación de “Como en casa”: generar momentos de comunicación que ella pudo sentarse a apreciar.

“El arte que yo hago no generan discusiones sobre las piezas en sí mismas. Para mí lo importante en las piezas es que las veas y generen sensaciones contemplativas. Su composición genera espacios de convivencia para que las personas platiquen dentro; que se generen contextos donde las personas estén dispuestas a hablar y a convivir, no que la pieza guíe la conversación sino que simplemente la arrope. Eso es ‘Como en casa”, por ahora, un pequeño experimento que espero que siga creciendo”.

Reconectar con el otro

En un mundo en el que cada vez nos cerramos más al otro individuo, García Álvarez-Buylla asegura que le interesa recobrar la confianza de abrir el espacio privado para compartirlo. “Vivimos en una situación de mucha inseguridad que es realmente terrible, pero creo que lo peor que podríamos hacer es doblegarnos ante esa situación. El aislamiento es un tema importante para todas las personas en las que vivimos en un mundo hiperconectado”.

Reconoce que hay una sabiduría profunda en la procuración del espacio personal porque eso permite salir al mundo para también cambiar ese gran espacio. Dice que hay una gran injusticia en que, como seres humanos, no tengamos el tiempo ni las energías de cuidar las cosas como deberíamos, cada quien desde su propia lógica, pues, argumenta, “vivimos en una sociedad de la autoexplotación. Estamos constantemente en estos procesos de enajenamiento narcisista, muchas veces, sobre la manera en la cual destruimos nuestro propio tiempo”.

La responsabilidad de los artistas

Se le pregunta si hay una obligación por parte de los artistas de involucrarse en las problemáticas sociales de la actualidad. Ella, de inmediato, con toda serenidad, responde que la palabra obligación es bastante pesada.

“No creo que a una persona cuyo locus artístico sea la contemplación de los cangrejos se le tenga que pedir que necesariamente tenga que hablar sobre los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Creo que hay una gran variedad de artistas; en ese sentido, algunos responderán de manera más literal a lo que ocurre y otras personas responderán de maneras poéticas o metafóricas a realidades humanas y no humanas. Lo que sí creo es que sí tenemos la responsabilidad de ser lo más sinceros y lo más reales que podamos ser”, argumenta.

También se le consulta sobre su apreciación en torno a temas como la espectacularización o la monetarización del arte, de cómo los focos de atención de la creación artística muchas veces se fijan en todo lo que rodea a la pieza y no tanto en esta misma. Y García Álvarez-Buylla responde con toda tranquilidad que “eso va a seguir existiendo. Se trata de tomar la decisión sobre a qué le estamos poniendo atención porque también hay otro tipo de arte que está ocurriendo de maneras un poco más rizomáticas”. Por ejemplo, hace mención de un proyecto multidisciplinario, que involucra teatro, impulsado por la asociación civil Bosque de Niebla, en Las Cañadas, Veracruz, donde hacen trabajos agroecológicos de recuperación de 260 hectáreas de bosque en la región veracruzana.

“Socialmente los artistas tenemos un gran privilegio porque podemos mover muchas energías en ese sentido. El mundo del arte tiene mucho de esta parte del dinero, pero el poder simbólico de los artistas es realmente lo que trasciende. En ese sentido habría que ver lo que está ocurriendo justo ahora en Chapultepec. La parte más profunda del arte no se trata del dinero”, reflexiona.

Argumenta que en México no se ha protegido a los artistas como se nos debería de proteger, no como individuos sino como redes de personas. “La gestión y la creación cultural ha dejado mucho a que cada quien se defienda por sí mismo, lo cual ha generado una falta de articulación muy fuerte en términos de generar espacios (expositivos). Por eso tenemos grandes nombres con grandes proyecciones internacionales, pero no tenemos una comunidad artística realmente potente; está muy fragmentada”, explica.

Para ella, opina, lo ideal es que se destinaran más recursos, y pone como ejemplo a las becas del Fonca, considera que deberían de ser más generosas, pues, dice, “es complicado para una persona que se quiere dedicar al 100% al arte percibir una beca de 8,000 pesos al mes”.

Si pudiera ponderar una prioridad para cambiar en términos de políticas públicas, considerando la coyuntura de austeridad, resuelve que tendría que ser una inversión seria en la educación artística, por encima de una política de adquisición de obras. Aboga por la formación de artistas mucho más completos que sean capaces por sí mismos de entrar a los circuitos del arte, tanto nacionales como internacionales.

“También las escuelas de arte en México tienen la responsabilidad de seguir mejorando, de realmente entremezclar el mundo del arte activo con la enseñanza y la docencia”, porque, explica, “tenemos una historia y un bagaje artístico muy potente. Cuando llegas a cualquier lado del mundo, a una escuela de arte, y dices que eres de México, todo el mundo se sorprende; pero estás aquí y te preguntas dónde está este bagaje cultural, dónde está la profundidad de esa enseñanza”.

Mirar al interior

“Ahora López Obrador acaba de decir que no quiere que haya turismo científico, lo cual es fantástico, increíble; pero, lo acompaño diciendo que es importante hacer notar que si los estudiantes se pusieran de acuerdo para ir a comunidades para estudiar y avanzar la ciencia dentro de México, él no tendría problema y lo pagaría todo. Entonces, ¿por qué no hacemos más viajes dentro de México?, ¿por qué no reconocemos nuestro propio territorio?, ¿por qué no ocupamos sus espacios? Obviamente porque hay inseguridad y porque hemos abandonado muchísimo el espacio que tenemos”, cuestiona.

Y tiene más preguntas: “¿Por qué la UNAM no tiene clases de campo para artistas?, ¿por qué solamente los biólogos salen al campo?, ¿por qué los artistas no, si tenemos una herencia pictórica tan grande y algunas de las montañas más bellas?”.

Sin embargo, aclara que mirar hacia adentro no significa no tener la capacidad de mirar al exterior. Opina que “en México hemos sido muy malinchistas y nos hemos ido siempre fuera; tenemos el magnetismo del mundo anglosajón que nos domina; nos ha atraído mucho porque lo hemos necesitado, hemos dependido de él. Tenemos una gran cantidad de mexicanos que han tenido que irse a Estados Unidos para poder sobrevivir, porque en México no se les dan las oportunidades. Entonces, está bien que miremos hacia afuera porque nosotros estamos afuera en muchos sentidos; pero mejorar la atención hacia lo que estamos haciendo dentro nos va a ayudar a todos”.

Sin embargo, reconoce la complejidad del tema de los viajes al extranjero, tanto en la comunidad artística como científica, y concluye:

“Tiene que haber apoyo para viajar, definitivamente. Vivimos en un mundo donde eso es necesario, pero hay que saber cuándo y cómo realmente es necesario. y voy a mezclar la parte política con una parte filosófica diciendo que viajamos por escapar más que por realmente ir a algún lado”.

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