En México, 301,182 personas con infección por VIH se encuentran en el registro de vigilancia epidemiológica del Centro Nacional para la Prevención del VIH y el SIDA (CENSIDA), de los cuales el 36% han fallecido y el 5% se desconoce su estatus actual. Para estos pacientes el tratamiento antirretroviral ha modificado el curso de la infección por VIH hasta convertirla en una enfermedad crónica, logrando disminuir la carga viral de una persona a niveles indetectables, lo que significa no solo una mejora en la calidad de vida, sino que reduce el riesgo de que se transmita el VIH, por ello resulta relevante la necesidad de contar con fármacos eficaces. 

En la medicina contra el cáncer ha habido varios avances e hitos para la terapia antirretroviral. De la década de los 80 a mediados de los 90 no había nada que ofrecer a los pacientes y el manejo era paliativo, del 95 al 2005 comenzaron a darse los primeros tratamientos”, explica Marco Isaac Banda Lara, internista, infectólogo y gerente de asuntos médicos VIH en GSK México. 

Comparte que las opciones empezaron a combinarse, eran medicamentos de distintas familias que permitieron que las personas comenzaran a sobrevivir al SIDA, pero todavía a expensas de una gran toxicidad y efectos secundarios a largo plazo.  

Del 2005 al 2015 las terapias mejoraron y muchos de esos medicamentos se redujeron en número de tabletas, lo que favoreció la adherencia, la tolerabilidad y  la cantidad de virus que suprimían o eliminaban de la sangre, pues los medicamentos no curan la enfermedad hasta ahora, sino que “mantienen al virus ausente en la sangre y escondido en los ganglios”, de esta forma se logró que el paciente tenga una expectativa de vida muy parecida a la que tenía antes de adquirir la infección. 

Pero en los últimos años apareció una nueva familia de medicamentos denominados inhibidores de la integrasa de segunda generación, que de hecho están incluidos ya en la guía de tratamiento antirretroviral. Estos medicamentos además de alcanzar una gran supresión del virus, porque bajan muy rápido la concentración de estos en la sangre, recuperan rápidamente las células de defensa de los pacientes, también se tiene buena tolerabilidad, es difícil que el virus haga mutaciones de resistencia a estos medicamentos y estos en combinación con otros han logrado que no haya toxicidad y preserven sus órganos a largo plazo.

Marco Isaac Banda Lara, internista, infectólogo y gerente de asuntos médicos VIH en GSK México. Foto EE: Especial

Banda Lara explica que las terapias antirretrovirales de la década de los noventa están disponibles en México a través del gobierno federal e instituciones de salud, y poco a poco las terapias de innovación se van incluyendo en los cuadros básicos. Incluso recientemente la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) dio la autorización para el uso del primer tratamiento de dos fármacos en una sola tableta, esto indicado para adultos y adolescentes mayores de 12 años que pesen al menos 40 kilos. 

Es la la combinación de dolutegravir, que inhibe la replicación del VIH al evitar que el ADN viral se integre en el material genético de las células inmunitarias humanas (células T); con lamivudina que interfiere con la conversión del ácido ribonucléico viral (ARN) en ácido desoxirribonucleico (ADN), que a su vez detiene la multiplicación del virus. 

Se espera que muy pronto este tratamiento sea evaluado por el Consejo de Salubridad para posteriormente puedan incluirse en las instituciones públicas. “Es importante tener distintas opciones para que si el médico se enfrenta a pacientes por ejemplo con interacciones farmacológicas, es decir, cuando los pacientes tienen alguna otra enfermedad que no se lleva con todos los antirretrovirales, pueda ofrecer terapias de vanguardia y no tener que sacrificar eficacia, seguridad o toxicidad utilizando otro tipo de terapias”.  

El especialista concluye que si algo nos ha enseñado la pandemia de Covid-19, es que existe mucha desigualdad, “esto lo vemos por ejemplo con las vacunas, pero impacta en todas las áreas, para el VIH es lo mismo”, por eso lema de este año es precisamente poner fin a la desigualdad, al SIDA y a las pandemias. “En VIH se tienen casi 40 años lidiando con esta pandemia y es algo que no hemos podido cerrar, falta más diagnóstico, menos estigma y que más personas se vinculen al tratamiento para que haya menos casos de SIDA hasta ponerle fin a este problema”.

nelly.toche@eleconomista.mx

kg