Durante muchos años el virus de inmunodeficiencia humana se había tomado como caso de éxito pues la curva de esta pandemia había descendido, alrededor del 2010 incluso se estabilizó, pero desde hace cinco años hemos podido observar un repunte, pasamos de 10,000 nuevos casos al año a entre 15,000 y 18,000, “esto significa que el trabajo, sobre todo de prevención, no está en su estado ideal”, asegura el doctor Ricardo Baruch Domínguez, investigador con trabajo en derechos LGBTI y salud sexual y reproductiva.

El especialista explica que aunque esto no es exclusivo del sexenio, en este periodo sí ha habido dos grandes crisis relacionadas con el tema de VIH. Primero la eliminación de los recursos para la prevención, sobre todo aquellos otorgados a través de las Organizaciones de la Sociedad Civil, y por otro lado, el desabasto de medicamentos antirretrovirales desde el año pasado. “ El efecto no se ha medido pero seguramente veremos más casos y personas que lleguen a la etapa de SIDA”.

A la par, en el mundo se tienen mejores noticias para el VIH, pues se desarrollan más medicamentos para la prevención, uno de los más usados a nivel mundial es la Profilaxis preexposición (PrEP) que ya está demostrando en varias ciudades y países que tiene efectos muy positivos para disminuir los nuevos casos, en México solo está disponible a través de un protocolo de investigación en Ciudad de México, Jalisco y a través del sector privado.

También se sabe que al inicio del año desde el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH (Censida), de la Secretaría de Salud, había un presupuesto etiquetado para empezar a otorgar PrEP, sin embargo, por la pandemia esto y muchos otros proyectos destinados a promoción y prevención de la salud se frenaron.

El especialista opina que por un lado sí es necesario que los diferentes niveles de gobierno vean que no se puede dejar de invertir en prevención, pues el tratamiento siempre será mucho más caro. Incluso hoy existe suficiente evidencia que demuestra que las personas que viven con VIH y que utilizan tratamiento antirretroviral y llegan a tener una carga indetectable, no tienen la posibilidad de transmitir el virus, incluso con relaciones sexuales sin condón, así los recursos se pueden concentrar entre quienes sí viven con VIH y asegurarse que se tenga acceso al tratamiento y buena adherencia, pues esta población es mucho menor que enfocarse en quienes no tienen el virus.

Para quienes no viven con VIH existe la Profilaxis post-exposición (PEP), que mucha gente la equipara con las pastillas anticonceptivas de emergencia o del día siguiente, pero este tratamiento se toma durante un mes después de una práctica de riesgo. Sobre la PrEP antes mencionada, existe la formula oral, pero también ya se tienen otras vías de administración, inyectables mensuales, implantes subdérmicos anuales y anillo vaginal, todos aprobados y buscando ampliar las alternativas.

Por último, está la vacuna de prevención, que se ha sometido a varios ensayos clínicos, incluido México y otros países de América Latina y el Caribe, en pocos años podríamos estar ya hablando de un método accesible a la población.

El doctor Baruch Domínguez concluye que es necesario reactivar las alianzas que existían hace algunos años entre los grupos de personas que viven con VIH, las ONG´s, la comunidad científica académica y las autoridades. “Hasta hace poco existía un dialogo permanente entre los diferentes sectores, ahora el problema es que las indicaciones vienen de más arriba. Yo sé que las personas que están a cargo del Censida u otros espacios de la política pública dirigida a VIH son personas muy sensibles y plenamente conscientes de esta situación, pero de más arriba no se está otorgando presupuesto”.

Como sociedad pidió unirnos también para apoyar a este tipo de organizaciones que hacen el trabajo de cabildeo y que sus logros benefician a poblaciones vulnerables.

nelly.toche@eleconomista.mx