En el mes en el que celebramos la Patria, en México, y en Estados Unidos la Hispanidad, no podemos dejar de hablar de la importancia del maíz en nuestra dieta, industria y cultura, lo cual no es ni remotamente lo más sorprendente de este cultivo milenario, como lo es su origen y su significado cosmogónico para las culturas antiguas de Mesoamérica.

Para nuestros ancestros, el maíz representaba no solamente la base de la subsistencia alimentaria, sino que era el motor de la vida, eje del calendario agrícola, marcador del tiempo tanto para la guerra como para la paz, e incluso para edificar las ciudades.

El maíz es el gozne donde se cruzan lo humano y lo divino, lo sagrado y lo prosaico; donde se encuentran los seres vivientes y la naturaleza. Tierra, Lluvia, Sol, Tiempo y Humanidad alrededor de esta planta, cuya sacralidad radica en que fue creada por los hombres y las mujeres y, al mismo tiempo, ellos fueron creados por ella. “Al cultivar el maíz, el hombre también se cultivó”, afirma Guillermo Bonfil.

Somos hombres de maíz, refiere el Popol Vuh, y el Premio Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias eleva el mito a joya literaria.

Para los popolucas de la sierra de Soteapan, Veracruz, Jomshuk es el dios del maíz, un niño travieso de cabellos dorados como los del elote, nacido de un huevo y encontrado por una pareja de ancianos en uno de los manantiales de la espesa selva mesoamericana.

Jomshuk, símbolo de la milpa, es el dios-niño que escapó de la muerte y venció mil peligros con la ayuda de los animales; que, como dice la tradición oral, “dejó su cuerpo en la mazorca y vertió su espíritu en el viento”. Una alegoría del equilibrio natural que rige al cosmos y de la relación de los seres vivientes con la Madre Tierra.

Circula este mes el número especial 98 de la revista Arqueología Mexicana, coordinado por el arqueólogo y editor Enrique Vela. cuyo tema central es El maíz de México. Naturaleza y cultura.

Se trata de una reedición corregida y aumentada de un número anterior publicado en 2011 (El maíz. Catálogo visual), que como sucede con las entregas especiales de la publicación, no tardan en agotarse y los lectores en demandar reimpresiones. 

Este nuevo tiraje de Arqueología Mexicana, con nombre distinto y un diseño actualizado, hace un recorrido por la historia del maíz, desde sus orígenes ancestrales, su centralidad en la época prehispánica y sus usos y aprovechamientos en la era actual. Historia, simbolismo, botánica y gastronomía, todo en un hermoso dossier, que además incorpora material iconográfico enriquecedor, como la representación del maíz como axis mundi del Códice Borgia, dos fragmentos del Popol Vuh y dos textos provenientes del náhuatl que refieren el origen divino de la planta, solo por citar algunas de las novedades.

El maíz de México presenta además una nomenclatura gráfica de las razas de maíz en el territorio nacional, desde las más comunes y extendidas, como el cónico y chalqueño, hasta las casi extintas o en peligro de extinción, como el tehua y el chapalote. Los tipos de maíces que se usan para dulces y pinoles, o los preferidos para tamales, tortillas y pozole.

El maíz, finalmente, asociado al concepto de milpa, donde convive con el frijol y la calabaza, ha sido la base de nuestra dieta desde hace miles de años, que se ha venido diversificando pero que mantiene esos elementos originarios que integran el paradigma alimentario reconocido hoy como patrimonio cultural de la humanidad.

francisco.deanda@eleconomista.mx