Brian Duffy siguió a David Bowie a todas partes. Para nuestra fortuna, llevaba una cámara. Y vaya que lo retrató: las imágenes con las que solemos recordar a Bowie provienen de la cámara de Duffy.

En el Museo de la Ciudad de México se presenta Duffy/Bowie: Five Sessions, exposición fotográfica que nos entrega al Bowie inolvidable. Es el geniecillo de Aladdin Sane, cerca de 1973.

Es muy importante tener en mente que el Bowie que Duffy va descubriendo es el Bowie que ya encontró sus personajes, su lugar en la escena. No es aquel rubiecito que cantaba canciones con guitarrita, jo: es el Bowie monstruo sagrado. No, me corrijo: es el Bowie en proceso de ser un monstruo sagrado.

No lo sabíamos, pero en cuanto esa alucinación de tacones y kilos de sombra en los ojos se subió al escenario a cantar, digamos, Panic in Detroit , el mundo del rock dio una vuelta sobre su eje y dio un saltito. Y la cámara de Duffy estuvo ahí.

Es tricky eso de ser fotógrafo de un artista. Todo puede parecer valioso. ¿Y si el personaje a fin de cuentas es un farsante? Hay que hacer una selección extra cuidada no sólo del material en sí mismo sino del propio ídolo. David Bowie era el héroe de las 1,000 caras, atractivo casi desde cualquier ángulo, pero también corría el riesgo de parecer un payaso. ¿Qué ciencia oscura usó el lente de Duffy para encontrar siempre al Bowie épico?

1,000 rostros

El antropólogo James Campbell propuso la teoría del monomito: todos los héroes son el mismo héroe. Me explico: Heracles, Gilgamesh, Abraham, Shiva, todos los grandes héroes mitológicos hacen el mismo recorrido: su nacimiento es atípico, tienen una infancia infeliz, encuentran a un maestro, etcétera. El monomito puede aplicarse lo mismo a Harry Potter que a Luke Skywalker o Kurt Cobain. Pero el verdadero héroe de los 1,000 rostros del rock fue, sin duda, David Bowie. Supo renacer decenas de veces, huyendo siempre de sus invenciones en cuanto se volvían obsoletas. Y estoy segura de que Bowie se sentía obsoleto en cuanto se levantaba de la cama: ¿qué voy a hacer hoy para cambiar de piel?

La selección va de 42 fotografías que recorren la parte más interesante de la historia bowieana: los 70 y los 80. Mi parte favorita es, sin duda, las fotos del Thin White Duke, la encarnación que Bowie se creó para su aventura en Berlín, donde grabó sus tres mejores discos: Station to Station, Lodger y Low. El Delgado Duque Blanco es imponente, un superhombre que Nietzsche habría aprobado, un monstruo creativo encendido por la cocaína. Y todo eso está en las increíbles fotos de Duffy.

El 2016, tan aciago, comenzó con la muerte de David Bowie. Miento: lanzó un disco y después murió, como un cisne que da su último quebrantado canto. Que este año extraño cierre con un homenaje a la inmortalidad. David Bowie siempre florecerá.

  • Museo de la Ciudad de México
  • Pino Suárez 30,
  • Centro Histórico
  • Martes a domingo, de 10 am 6 pm
  • Entrada: $30.

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