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Política

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A la gente no le importó la CNTE, a la CNTE no le importó la gente

Durante días se especuló si el FIFA Fan Fest podría realizarse en la Plaza de la Constitución. Los plantones magisteriales ocupaban buena parte del Centro Histórico y las autoridades guardaban silencio.

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La mañana en que la Ciudad de México amaneció convertida en sede mundialista, dos países distintos convivieron en el mismo Zócalo. De un lado, las casas de campaña, lonas, mecates y fogones improvisados de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Del otro, una marea verde de aficionados cargando banderas, sombreros, matracas y vistiendo camisetas de la Selección Mexicana.

Y entre ambos, una certeza: a la gente no le importó la CNTE, a la CNTE no le importó la gente.

Durante días se especuló si el FIFA Fan Fest podría realizarse en la Plaza de la Constitución. Los plantones magisteriales ocupaban buena parte del Centro Histórico y las autoridades guardaban silencio. Las estaciones del STC Metro cercanas permanecían cerradas y desde temprano la Coordinadora enviaba contingentes hacia el ahora llamado Estadio Ciudad de México.

Sin embargo, a pesar de las dudas, cerca de las seis de la mañana la fila sobre 20 de Noviembre parecía una serpiente interminable que avanzaba entre comerciantes, turistas y manifestantes. Daba vuelta sobre Venustiano Carranza y se perdía entre las calles del primer cuadro de la capital.

Había quienes llevaban horas esperando. Otros llegaron con niños en hombros. Muchos simplemente querían ser testigos de un momento que difícilmente volverán a ver: la inauguración de otro Mundial en su propia ciudad.

A las afueras del Zócalo, Juan Ovalle acomodaba cajetillas de cigarros, chicles y botellas de agua sobre su puesto de revistas que vende de todo menos el producto para el que fue hecho. No quiso dar su verdadero nombre. Lleva semanas trabajando entre las complicaciones del plantón.

"La verdad sí nos pegó. Aunque no como a los compañeros que tienen locales porque ellos de plano no han podido abrir o se han peleado con los maestros por los accesos, pero sí bajó mucho la venta estos días", comentó mientras observaba el paso de los aficionados.

"Hoy sí salió para la comida. Desde temprano la gente estaba comprando de todo", dijo sonriendo mientras entregaba un par de cigarros a un aficionado con la cara pintada de verde, blanco y rojo.

En las serpenteantes filas la incertidumbre terminó cuando la jefa de Gobierno, Clara Brugada, mediante redes sociales, confirmó que el Fan Fest abriría sus puertas.

El problema fue que las puertas no se abrieron al ritmo de la expectativa. Los accesos metálicos instalados alrededor del Zócalo parecían insuficientes para contener a una multitud que llevaba horas esperando. Comenzaron los empujones, los reclamos, los gritos.

La desesperación crecía mientras las pequeñas puertas abiertas en las vallas absorbían lentamente a miles de aficionados. La CNTE y sus integrantes, tranquilos en su campamento.

No fueron los maestros. No fueron los manifestantes. Fueron los aficionados desesperados por entrar. A las 11:30 de la mañana ya no cabía una persona más.

Desde los escenarios se repetía el mensaje: el Zócalo estaba lleno; quienes llegaran debían dirigirse a otros Fan Fest habilitados en la ciudad.

México derrotó 2-0 a Sudáfrica, el Zócalo explotó, la fiesta parecía perfecta; sin embargo la lluvia llegó; apareció un segundo caos, salidas saturadas, personas buscando.

Los mismos aficionados que durante horas habían esperado para entrar ahora luchaban por encontrar una salida.

Reportero y licienciado en Ciencias de la Comunicación

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