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Opinión

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La muerte de Jamenei y el nuevo desorden mundial

Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times

La muerte del ayatolá Alí Jamenei no puso fin a una crisis: la convirtió en una guerra de consecuencias imprevisibles. El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán provocó la mayor sacudida geopolítica desde la invasión de Irak en 2003. No cayó solo el jefe de una teocracia brutal; cayó el hombre que desde 1989 concentró el poder real en Irán, sostuvo a la Guardia Revolucionaria, reprimió a sangre y fuego toda disidencia y convirtió la hostilidad hacia Occidente e Israel en doctrina de Estado.

Esta crisis empezó en 1979, cuando la revolución islámica derrocó al sah Mohammad Reza Pahleví e instauró un brutal régimen teocrático. Se agravó en 2018, cuando Donald Trump sacó a su país del acuerdo nuclear de 2015 y reimpuso las sanciones contra Irán. Desde entonces, el gobierno de los ayatolás aceleró su programa nuclear, endureció la represión interna y extendió su influencia regional mediante milicias y aliados armados como Hamás en Gaza, Hezbolá en el Líbano, los Houthis en Yemen y el derrocado dictador Bashar al-Asad en Siria. Las protestas de 2022 y las de fines de 2025, detonadas por la inflación, la devaluación de la moneda y el colapso bancario, exhibieron a un régimen podrido. El fracaso de las negociaciones de Ginebra el 26 de febrero cerró por completo la vía diplomática.

Para Trump, el golpe parece una victoria. Además de distraer la atención del caso Epstein, eliminó al máximo líder iraní y puede presentarse como el presidente que hizo lo que otros no se atrevieron a hacer. Pero esa victoria puede durarle muy poco. Ya murieron tres militares estadounidenses y una encuesta de Reuters/Ipsos difundida ayer revela que solo el 27 % de los estadounidenses apoya los ataques, mientras que el 43 % los desaprueba. Si suben las bajas, la gasolina y el desorden regional, la operación puede convertirse en un costo político severo para un presidente que prometió no meter a su país en otra guerra interminable. Además, sin un plan claro para la sucesión iraní, Trump corre el riesgo de repetir el viejo error de Washington: ganar la ofensiva y perder la batalla.

Para el mundo, el efecto inmediato está en el petróleo y en las rutas comerciales. Reuters reportó que el crudo subió cerca de 10% y que ya se contemplan precios de 100 dólares o más por barril si se altera el tránsito por el estrecho de Ormuz, por donde pasa poco más del 20% del petróleo marítimo global. Si eso ocurre, Europa sufrirá más inflación, Asia pagará más por la energía y la economía mundial volverá a tambalearse. Rusia pierde, por ahora, a un socio clave que le surtía de drones y misiles para atacar a Ucrania; China ve amenazado su abasto energético; y Oriente Medio entra en una fase en la que cualquier error puede incendiar varios frentes.

México tampoco está a salvo. Gasolinas, gas LP, transporte y alimentos resentirán cualquier alza prolongada del precio del petróleo. Y el problema llega cuando el margen fiscal es mínimo y Pemex cerró 2025 con una deuda financiera de 84,500 millones de dólares. La presidenta Claudia Sheinbaum podrá invocar la no intervención y llamar a la paz, pero la neutralidad no abarata combustibles ni protege a una economía ya debilitada. Jameneí murió. La crisis apenas empieza y sus efectos también golpearán aquí.

Facebook: Eduardo J Ruiz-Healy

Instagram: ruizhealy

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.

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