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Opinión

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Minneapolis

La muerte de Alex Pretti en Minneapolis expone cómo políticas de odio y discursos antimigrantes legitiman violencia institucional, generan miedo y evidencian riesgos del autoritarismo para ciudadanos, migrantes e instituciones.

Marisol Ochoa | Columna invitada

Lo que ocurrió este fin de semana en Minneapolis es terrible y reafirma cómo las políticas de odio, exclusión y crueldad retornan sin consideración. La muerte de Alex Pretti, de 37 años de edad, fue el resultado de una lógica persecutoria y paranoica, que las instituciones de seguridad federal —ICE— y el Congreso en los Estados Unidos, a estas alturas, tendrían que comenzar a cuestionarse seriamente. Alex Pretti murió por el uso excesivo de la fuerza, motivado por una exacerbación del miedo y odio, que los discursos antimigrantes, racistas y radicalmente ideologizados han promovido incansablemente en este gobierno.

Lo más duro de esto es que las instituciones de seguridad como ICE han deformado su naturaleza para servir a intereses de grupo y han sido transformadas en maquinarias de persecución y abuso, aprovechando el uso de una violencia autorizada para llevar a cabo, en ocasiones, acciones ilegítimas. Por otra parte, los discursos de la secretaria de Seguridad Interna no dejan de enviar mensajes contundentes contra estados y gobiernos que no apoyan la política del Trumpismo. Así, el mensaje puede ser interpretado claramente: “o con nosotros, o contra nosotros”, pero cuidado con las consecuencias.

Entonces, ¿qué pasa con la resistencia de los ciudadanos que no están de acuerdo con las políticas de exclusión y persecución o difieren de la lógica de gobierno actual? ¿A dónde se pretende llegar con estas acciones tan radicales y violentas desde posiciones políticas autoritarias?… Los discursos ya no solo amenazan a los migrantes, ahora van sobre los suyos, y el caso de Minneapolis es más que un ejemplo para evidenciarlo.

Entre una gran tensión, un momento de calidez inesperada surgió en la emergencia. Ya que, junto con los menos 30 grados en la ciudad, marcharon miles de personas desde The Commons en el centro de la ciudad. La gente salió a protestar, apoyando a la comunidad hispana y a migrantes en general. “Es una marcha que me dio mucho orgullo y me hizo llorar. Me dio esperanza el ver tanta gente que resiste y apoya. Estas formas de acción son un bálsamo…”, me comentaba un buen amigo que vive en la ciudad.

“…Lamentablemente la muerte de Alex es terrible. Él estaba ahí aparentemente documentando las acciones de la autoridad, el video lo muestra. Pero el ambiente es tan impulsivo ahora… es simplemente tan triste”, pero eso no puede ni debe hacer que nos debilitemos. La vida cotidiana está cambiando. Al caminar, vives con mucho miedo. Salir por un café es un reto, esto por la presión de ser detenido por los agentes.

El silencio de algunas zonas por miedo a que algo pueda llamar la atención de las autoridades es simplemente insoportable, sin importar de qué nacionalidad seas. Incluso pensar en los estudiantes, que no pueden tener garantías de llegar a sus clases o simplemente salir a hacer cualquier actividad, ya no puede llevarse a cabo, ya que en cualquier momento pueden toparse con ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), es de verdad increíble. El miedo está en todas partes y en el fondo no sabemos a dónde llegará esto… “Todo ahora es tan triste y a veces tan desolador, pero habrá que resistir y creer que las cosas pueden y tienen que cambiar. No concibo que se pueda vivir así en nuestro tiempo”, me comentó.

Minneapolis es hoy el ejemplo claro de la toxicidad de los radicalismos, que a su vez potencializa y contagia el don de la mala conciencia, que evidencia una propuesta adoctrinadora, que solo promueve, a partir del miedo y las amenazas, las formas de control y exclusión social que se fundamentan en una posición ideológica. Ya hemos vivido esto en nuestro tiempo y sabemos que este tipo de propuestas políticas autoritarias terminan haciendo mucho daño internamente y externamente. Ojalá que este sea un momento de reflexión, pero sobre todo, de asumir responsabilidad por el bien de los ciudadanos y de sus instituciones. Los límites existen para no confundirnos frente al desbordamiento del poder; que esto no se olvide…

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