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¿Por qué lo han querido matar?
Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
El presidente Donald Trump tiene la capacidad de convertir en espectáculo todo suceso, incluyendo la violencia.
El grupo de policías del servicio secreto que le cuida las espaldas se encontraba revisando el escenario de los disparos ocurridos en el hotel Hilton de Washington la noche del sábado, y el presidente advertía que de haber sido construido su salón de fiestas en la Casa Blanca el intento de magnicidio no hubiera ocurrido.
A través de lo que parece ser un pase mágico, la sustancia de la realidad fue modificada por Trump eliminando dramatismo y aportando una idea cercana al chistorete. Poco le faltó para acusar al juez que ordenó la suspensión de actividades de construcción del salón de fiestas como el responsable del tiroteo.
Trump confunde la política con la mercadotecnia; sus decisiones de políticas públicas con el posicionamiento de una marca (Al Ries y Jack Trout); el bienestar de la sociedad estadounidense con las encuestas.
Ya son tres los intentos de acabar con su vida. Sería hora de que se preocupara por las motivaciones que generaron odio en los tres tiradores.
Karoline Leavitt señaló a la izquierda como fuente de odio. En Colombia, Petro señala a la derecha como patrocinadora del odio. En Argentina, Milei señala a los “rojos”; AMLO, a la derecha. Y así, todos señalan al otro como generador de odio.
Todos, irresponsables. Todos, generadores de odio. Todos, polarizando para gobernar con las emotivas encuestas.
Trump ya no distingue (o se niega a hacerlo) el componente terrorista de Vladimir Putin; tampoco los crímenes de guerra bajo el gobierno de Netanyahu. Se le ha olvidado que Ucrania es el país invadido. Su repudio hacia Zelenski el día que lo recibió en la Casa Blanca un año atrás quedará en la historia como una pieza autoritaria y brutal.
La pregunta que Trump debería de formular es: ¿Cómo llevar a los terroristas de Hamás y Hezbolá a la Justicia? ¿De qué manera podría ayudar Estados Unidos a las sociedades de Irán, Cuba, Venezuela y Nicaragua, entre otras, para que ellas se liberen de las dictaduras?
“He estudiado otros magnicidios y siempre les pasan a las personas que mayor impacto tienen, a las personas que más hacen; no a los que pasan desapercibidos”, dijo Trump el domingo, unas horas después del intento de magnicidio. “Odio decir que me siento honrado”.
Trump en el papel de Lincoln o Kennedy.
Si al presidente le ofrecieran hacer la película de King Kong, él pediría escalar la torre del Empire State; Tiburón, el protagónico, por supuesto.
Trump no se ha llevado bien con las agencias de seguridad porque le quitan grados de libertad, y no solo eso, lo investigan. Por esa razón quiere ver a James Comey (exdirector del FBI) tras las rejas.
¿Por qué han querido matarlo?