Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

El algoritmo de la pasión

main image

Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

Aun sin ser un apasionado del futbol, el resultado del partido mundialista entre España y Cabo Verde genera muchas reflexiones más allá del deporte. Sin duda ese empate a cero entre ambas selecciones pasará a los libros de contabilidad de este deporte como una maravillosa anomalía de la globalización.

Sobre el papel, se enfrentaron dos realidades macroeconómicas muy diferentes: una potencia europea muy sólida del Top 15 del Producto Interno Bruto (PIB) mundial frente a una pequeña economía insular africana.

En el mercado de piernas, el abismo era idéntico: una plantilla valuada en 1,100 millones de dólares contra una modesta nómina de apenas 33 millones. Sin embargo, durante 90 minutos, las leyes del mercado quedaron congeladas; el resultado demostró que, a diferencia de las finanzas tradicionales donde el gran capital siempre apabulla al competidor pequeño, en la cancha todavía quedan residuos de impredecibilidad.

Es incluso una cachetada con guante blanco a la propia FIFA que ha hecho de éste el torneo comercialmente más agresivo de la historia y no porque haya decidido asumir por primera vez el control directo de las taquillas, sino por la implementación de un algoritmo de “precios dinámicos”.

Bajo esta lógica puramente extractiva, el valor de los asientos fluctúa en tiempo real según la oferta y la demanda, lo que implica que un boleto promedio en la actual fase de grupos alcance no menos de 200 dólares. El objetivo de la FIFA es arrancarle a la pasión de los aficionados unos 3,000 millones de dólares solo por concepto de boletaje.

Sin embargo, esta obsesión por el ingreso tiene el alto riesgo de expulsar, vía los algoritmos, a los aficionados tradicionales de los estadios para sustituirlos por un público corporativo de alto poder adquisitivo que es mucho más silencioso.

A los directivos del futbol mundial parece que se les olvida que el verdadero activo que sostiene su multimillonario negocio de derechos de transmisión televisiva y patrocinios no son los impresionantes estadios de la NFL donde hoy se juega al soccer, sino el ruido y la pasión de las tribunas que hoy parecen atender un juego de golf.

¿Cuántos aficionados de estas economías emergentes, o insulares, pueden darse el lujo de asistir a ver cómo sus conjuntos hacen historia? Si no es el costo dinámico de los boletos, es el algoritmo del hospedaje o de plano la negativa de visas de entrada.

Parecería que en México no aplican estas reglas del mercado, pues los estadios lucen llenos de compatriotas. Lo único que esto demuestra es que el mercado crediticio mexicano goza de una oferta extraordinaria; lo que puede fallarle a muchos aficionados es su análisis de costo de oportunidad.

Una empresa especializada en gestión de deudas de personas físicas calcula que seis de cada 10 mexicanos que planean estar presentes en los partidos de este torneo lo harán con financiamiento de tarjetas de crédito o préstamos personales.

Es ahí donde está la genialidad del modelo extractivo de la FIFA: el conocimiento preciso de que la economía conductual siempre jugará a su favor. Ellos saben que, como gran corporación, la pasión no empata con el sentido común; porque cuando la emoción futbolera entra por la puerta, la racionalidad financiera sale por la ventana.

Una empresa especializada en gestión de deudas de personas físicas calcula que seis de cada 10 mexicanos que planean estar presentes en los partidos de este torneo lo harán con financiamiento de tarjetas de crédito o préstamos personales.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete