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El Foro de Davos 2026
Juan Carlos Baker | Pistas de Aterrizaje
Durante los últimos años, la cumbre del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, había perdido relevancia, ya que se percibía como un foro elitista, totalmente desconectado de la realidad, atrapado en discursos autocomplacientes sobre la globalización y los beneficios que esta traía para todo mundo. De hecho, la crítica se volvió en que Davos era un foro totalmente predecible, con pocos momentos “emocionantes”. Este año ocurrió lo contrario.
El Foro de Davos de 2026 se convirtió, posiblemente sin proponérselo, en una plataforma para que se hablara (con franqueza poco habitual) del momento que vive el sistema internacional. Personalmente, me pareció refrescante la dosis de realismo que varios líderes imprimieron en sus mensajes, posiblemente más duro de lo usual, pero que acertó en llamar a las cosas por su nombre y alejarse de la retórica ilusa que acompaña a estos encuentros.
El mensaje del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, ha sido ampliamente comentado.
El Primer Ministro canadiense fue explícito al reconocer que por muchos años se vivió, en sus propias palabras, en una “ficción cómoda”. En su mensaje, también fue muy honesto al reconocer que el sistema internacional basado en reglas – rules-based system – tenía profundas deficiencias y que, aunque cumplía un propósito, ya se había agotado. Haciendo eco de los esfuerzos que otros foros y grupos de países han hecho desde hace muchos años, Carney llamó a que las “potencias medias” sean más activas en la definición del nuevo panorama mundial.
Desde un ángulo completamente distinto, Donald Trump utilizó su tiempo en Davos para reafirmar una visión aún más descarnada: bajo su liderazgo, Estados Unidos entiende a la economía y al comercio como instrumentos explícitos de poder. En su discurso no hubo ambigüedad: la seguridad nacional y económica de su país está por encima de cualquier otro objetivo o responsabilidad con el mundo. No es un mensaje nuevo, pero Trump encuentra siempre una manera más audaz de decir la misma idea.
Desde el sector empresarial, voces como la de Jensen Huang, CEO de Nvidia, terminaron de pintar el cuadro. El mensaje fue claro: la tecnología, la inteligencia artificial y la geopolítica ya son inseparables. Para bien o para mal, las decisiones de inversión, localización y desarrollo tecnológico no pueden desligarse de estas rivalidades estratégicas y de las consideraciones de seguridad nacional.
Visto en conjunto, Davos dejó un mensaje duro pero contundente: no estamos ante el fin del sistema internacional de comercio y economía, pero sí ante el fin de la comodidad. La ambigüedad que durante años permitió a gobiernos y empresas reconciliar al mismo tiempo discursos de apertura comercial con prácticas proteccionistas, o con supuestos compromisos con el orden internacional está realmente agotando, y los países ya no tienen empacho en hablar de esto abiertamente.
En ese contexto, la participación de México fue, cuando menos, discreta. No se trata de una ausencia total o de una mala representación técnica, sino de una señal política insuficiente para el momento que se vive. Creo que la agenda de la Presidenta Claudia Sheinbaum se hubiera nutrido ampliamente si se hubiera presentado en Davos, ya que en esta redefinición de las reglas —formales e informales— del entorno económico internacional, un liderazgo como el de la Presidenta Sheinbaum es bastante necesario, especialmente a unos meses de la revisión del T-MEC, en medio de crecientes presiones de Washington y de un entorno económico más proteccionista.
Davos no resuelve problemas ni sustituye a la diplomacia formal. Pero sí cumple una función clave: marcar el tono del año. Y es innegable que en 2026, el tono ya cambió. El mundo que se expresó en Davos es más áspero, más político y menos indulgente. México sigue teniendo activos importantes, pero en un entorno así, mirar desde la orilla puede ser una estrategia costosa.
El autor es profesor investigador de la Universidad Panamericana; previamente, colaboró por veinte años en el gobierno federal en temas de negociaciones comerciales internacionales.