Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

La cruda del Mundial: cuando se apagan las pantallas y llegan las cuentas

Alfredo Duplan | Más allá del éxito

Durante meses escuchamos que el Mundial sería uno de los grandes motores económicos de 2026. Y había razones para pensarlo. Veníamos de un 2025 complicado, con un consumidor más cauteloso, cuidando su dinero, reduciendo gastos y pensando dos veces antes de abrir la cartera. El inicio de 2026 tampoco había sido particularmente espectacular para muchos negocios. Las ventas avanzaban lentamente, el consumo no terminaba de despegar y las empresas buscaban desesperadamente algún motor que ayudara a cambiar la tendencia.

Entonces llegó el Mundial. Para supermercados, restaurantes, bares, tiendas de conveniencia y diversas tiendas especializadas, el torneo parecía representar justo el impulso que necesitaban. Millones de personas frente a las pantallas, reuniones con amigos, consumo de alimentos y bebidas, compra de playeras, gorras, vasos y todo tipo de productos alusivos a la competencia. Las expectativas eran enormes y, en muchos casos, quizás demasiado altas.

No hay duda de que el Mundial generó ventas adicionales. Sería absurdo decir lo contrario. Durante varias semanas aumentó el tráfico en muchos negocios, crecieron algunas categorías y se generaron oportunidades comerciales importantes. El problema fue pensar que cinco semanas de buenas ventas podían solucionar los problemas acumulados durante todo un año. Uno o dos meses positivos siempre ayudan, pero un año de negocios no se construye en unas cuantas semanas.

Muchos restaurantes apostaron fuerte. Compraron más mesas y pantallas, contrataron personal adicional, ampliaron horarios, incrementaron sus inventarios y pagaron permisos o servicios para transmitir los partidos. Todo esto esperando recibir una avalancha de clientes dispuestos a consumir durante horas. Seguramente algunos hicieron un gran negocio, pero otros probablemente descubrieron que un restaurante lleno unas horas no significaba mayor rentablilidad.

Porque detrás de cada peso adicional de venta también existen costos. Más personal, más inventario, más desperdicio, mayores gastos operativos y promociones para atraer consumidores. La pregunta importante no es cuánto vendieron durante el Mundial, sino cuánto dinero realmente ganaron después de descontar todas las inversiones realizadas para prepararse.

En el retail ocurrió algo similar. Durante meses, compradores y proveedores tuvieron que decidir cuánto inventario adquirir. Playeras, balones, gorras, vasos, álbumes, estampas, juguetes y cientos de productos relacionados con el torneo llegaron a los anaqueles. El problema de este tipo de mercancía es que tiene una fecha de caducidad comercial muy clara y, a diferencia de otros productos, cada día que pasa después del torneo pierde relevancia y valor para el consumidor.

A pocos días de terminar el Mundial todavía podemos encontrar una cantidad importante de productos alusivos al torneo. Ahora, comenzará otra competencia mucho menos emocionante: la carrera por deshacerse del inventario. Llegarán las promociones, descuentos y las liquidaciones. Una mercancía que hace unas semanas era altamente deseada puede convertirse rápidamente en un problema financiero.  Muchos negocios incrementaron inventarios esperando una demanda extraordinaria. Ahora necesitarán semanas, y en algunos casos meses, para regresar esos inventarios a niveles razonables y rentables.

Y aquí comienza la parte más interesante. La verdadera historia económica del Mundial probablemente no la veremos durante el torneo, sino después, cuando llegue la famosa cruda mundialista. El consumidor termina este periodo más gastado. Durante semanas hubo reuniones, restaurantes, alimentos, bebidas, mercancía y entretenimiento. Cada familia vivió el Mundial de manera diferente, pero estoy convencido de que el impacto en el bolsillo se sentirá en prácticamente todos los niveles socioeconómicos.

Además, el calendario no se detiene. En aproximadamente un mes llegará el regreso a clases con uniformes, zapatos, útiles escolares, colegiaturas, inscripciones y muchos otros gastos que, a diferencia de una playera de fútbol o una reunión para ver un partido, difícilmente pueden posponerse. Las familias tendrán que volver a priorizar sus gastos y los negocios competirán nuevamente por una cartera que posiblemente llegue más limitada a la segunda mitad del año.

¿Qué significa esto para el resto de 2026? Probablemente tendremos que esperar los resultados del tercer trimestre para entender realmente el impacto. Será interesante analizar los reportes de supermercados, restaurantes, tiendas departamentales y empresas de consumo para descubrir si el Mundial realmente generó crecimiento adicional o simplemente adelantó gastos que el consumidor hubiera realizado durante los siguientes meses.

Por eso, la gran lección que nos deja el Mundial es una que aplica para cualquier negocio: los grandes eventos pueden representar extraordinarias oportunidades, pero nunca deben sustituir una estrategia de largo plazo.

Durante los próximos meses seguramente veremos muchas promociones y ofertas buscando mantener el tráfico y convencer a un consumidor que tendrá que volver a cuidar su bolsillo. Para los consumidores, la recomendación es aprovechar las oportunidades, pero gastar solamente en aquello que realmente necesitan. Para los negocios, la pregunta es más complicada: después de la fiesta, las pantallas y los estadios llenos, ¿cuánto dinero realmente dejó el Mundial? Porque ahora que termina el torneo comienza el partido más importante: cerrar el año con crecimiento, inventarios sanos y, sobre todo, rentabilidad.

Esto es más allá del éxito!! Nos leemos pronto!

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas