Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

Colapso de población en México

Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio

En los años sesenta del siglo XX, en México, el promedio de hijos por mujer – o tasa de fecundidad promedio – era de siete. Con una mortalidad a la baja por la urbanización y una cada vez mejor atención en salud pública, el crecimiento de la población era muy acelerado, en torno al 3.5% anual. Esto implicaba una estructura o pirámide demográfica (donde cada peldaño es un grupo de edad) con una base muy ancha – muchos niños y jóvenes – y un segmento superior notablemente estrecho – relativamente pocos viejos. Había un rápido crecimiento económico por la adición de numerosos trabajadores a la fuerza laboral cada año (el trabajo es uno de los factores esenciales de producción, otros son el capital, el progreso tecnológico, y el capital humano). También, se observaba una elevada inversión privada y pública, un rápido proceso de industrialización y urbanización, y una cada vez mejor y más amplia educación pública, que permitían incrementar la productividad total del trabajo y de otros factores de producción. Mayor población y productividad alimentaban el crecimiento económico en el llamado “milagro mexicano” del PRI entre los años cuarenta y setenta. Un crecimiento económico mayor al aumento de la población conllevaba un incremento constante en el ingreso per cápita. Por la pirámide demográfica de la época, había más de seis o siete trabajadores activos por cada pensionado, lo que permitía solventar holgadamente un generoso sistema “solidario” de pensiones (no existían las Afores; los trabajadores activos financiaban las pensiones de los retirados). Además, la esperanza de vida era de menos de sesenta años, por lo que el periodo de gasto en pensiones y en servicios de salud en cada jubilado era corto. Tampoco había tecnologías médicas tan costosas como ahora.

El crecimiento de la población depende de tres variables: a) la tasa promedio de fecundidad, b) la esperanza de vida, y c) y la inmigración neta – poco relevante en México. Con supuestos o proyecciones sobre tasas de fecundidad y esperanza de vida a lo largo del tiempo podemos modelar el crecimiento de la población en México para el resto del siglo XXI; y hacer conjeturas sobre sus consecuencias. Esto, gracias a una herramienta gráfica de cálculo recientemente publicada por Our World in Data con la que es posible modelar distintos escenarios. En nuestro país la tasa de fecundad cayó espectacularmente de 7 (en los años sesenta) a 1.6 hijos por mujer en la actualidad (la tasa de reemplazo para mantener una población estable es de 2.1), fundamentalmente por la urbanización, métodos anticonceptivos, y educación y mayor participación de las mujeres en la fuerza laboral. En el mismo lapso, la esperanza de vida se extendió de 60 a 75 años. Para el resto del siglo, la ONU pronostica una tasa de fecundidad de 1.4 al 2030, de 0.9 al 2050, y de 0.6 al 2100, y una esperanza de vida de 76, 79 y 86 años respectivamente. Con estas premisas, la población de México alcanzaría un máximo de 150 millones de personas en 2056, para de ahí declinar a 130 millones en el 2100. Si embargo, estas estimaciones son muy conservadoras. La reducción en la fecundidad ha sido mucho más pronunciada en países emergentes y desarrollados. En el modelo citado, manteniendo la esperanza de vida supuesta por la ONU, simulamos que la fecundidad caerá probablemente a 1.4 en 2030, a 0.9 en 2050 y a 0.6 en 2100. Con ello, la población total de México alcanzaría un máximo de 140 millones en 2038, para contraerse a menos de la mitad, hasta 69 millones en 2100. Como referencia, considérese que actualmente los países más avanzados de América Latina (Chile, Uruguay, Costa Rica) registran tasas de fecundidad apenas superiores a 1.0, y países asiáticos tasas mucho menores a uno (China, Corea del Sur, Taiwán, Japón).

La tasa de crecimiento en la productividad en México (PIB por Trabajador y la Productividad Total de los Factores) es actualmente muy precaria e incluso negativa por la caída en la inversión y una pésima calidad educativa. Sin mayor productividad, el colapso demográfico significará a mediano plazo una notable contracción económica, y menores ingresos del gobierno. La pirámide demográfica estará muy abultada en sus peldaños medios y altos, con pocos niños y jóvenes (abajo), y un muy elevado porcentaje de población mayor de 60 años (arriba). Habrá menos de dos trabajadores por jubilado. Lo anterior significará un gasto astronómico en pensiones no contributivas (“del Bienestar”) que provocará una profunda crisis fiscal, y un déficit y endeudamiento masivos. Será imposible ofrecer servicios de salud dignos a adultos y ancianos. Pero el gobierno de Morena (seguiría en el poder) continuará llevando al país a la ruina antes que limitar pensiones no contributivas y subsidios clientelares, que son su soporte político vital. Habrá muchas viviendas, pueblos, barrios, escuelas, y tierras abandonadas (que por fortuna se reforestarán naturalmente). También habrá más hogares unipersonales, más ancianos desamparados, y se extinguirán redes de soporte familiar. Será un México desconocido.

Temas relacionados

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Noticias Recomendadas