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Opinión

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Construyendo el discurso económico, una tarea de todos

En la construcción del debate económico presenciamos nulo equilibrio entre los puntos, los cuales se expresan de manera extrema y sin respeto por el otro. En la discusión, son prácticamente inexistentes los medios. Por un lado, todo lo que propone el gobierno pretende ser señalado como un riesgo inminente, como algo improvisado o con carga ideológica del pasado que no sirve. En contraparte, todo lo que se realizó, digamos en los últimos 36 años, fue malo y nada es rescatable. La verdad es que la discusión económica no puede caer en el maniqueísmo, ni en los extremos ideológicos poco aplicables en el mundo del siglo XXI.

Es cierto que las últimas tres décadas trajeron una penosa concentración de la riqueza, prácticamente en empresas vinculadas a la proveeduría al gobierno o dependientes de concesiones con poca generación de riqueza derivada de patentes propias o de valor agregado a la economía real. Igualmente, es cierto, el notable avance de la corrupción en buena medida por la realidad anterior. También ha sido casi nulo el fortalecimiento del Estado de Derecho, lo que nos ubica como una nación que cada año produce una enorme cantidad de leyes, pero con los niveles más altos de incumplimiento de éstas. En México se tiene la creencia que toda actividad humana se tiene que llevar al rango de ley. Se ha caído en el absurdo de pretender evaluar a la Cámara de Diputados y al Senado de la República por el número de iniciativas y leyes que aprueban, en pleno desfase de los principios más elementales de análisis económico del Derecho.

No obstante, la apertura comercial ha sido un elemento clave para sostener el magro nivel de crecimiento que hemos mantenido, permitiendo que nuestra economía comience a depender menos de la relación empresa-gobierno y de una preponderante actividad extractora de materias primas como elemento cuasi único de subsistencia nacional. Lo mismo puede decirse de los indicadores económico-demográficos de expectativa de vida y de mortalidad infantil. Al finalizar la década de los años 80 la expectativa de vida rondaba en los 66 años y hoy se ubica en los 75 años, en la década de los años 60 era de 55 años, si bien se ha estancado en los últimos 13 años. En el caso de la mortalidad infantil, en el año 1984 morían 34 niños por cada 1,000 antes de cumplir un año de vida. hoy en día mueren 14 antes de cumplir el año, en la década de los 60 eran 92.

En cuanto a lo que hace el gobierno, es invaluable su actitud para cambiar las cosas en materia económica. Por años entramos en una dinámica de no querer cambiar nada, quizás por el miedo a perder los beneficios del statu quo que tanto nos divide. El atreverse a experimentar para hacer las cosas de otra manera es una gran aportación del presidente Andrés Manuel López Obrador a la vida pública. Tenemos una tradición de 36 años de promover sólo los ajustes económicos que nos dictan del exterior sin que éstos tengan en cuenta las condiciones sociales, culturales e incluso históricas de nuestro país. En buena media muchas de estas recomendaciones extralógicas no han funcionado para detonar niveles de crecimiento económico sostenido. La apuesta por la ética de este gobierno en el quehacer económico es otra de las virtudes que nadie aprecia.

Sin embargo, el proponer cambios profundos e incluso experimentar en economía, no es lo mismo que improvisar, por el contrario, requiere el no perder equilibrios macroeconómicos que nos dan estabilidad de largo plazo. Tampoco se puede olvidar que existen principios elementales de la economía práctica que, de olvidarse, emergen altos costos sociales. La oferta y demanda, el principio de escasez, así como el costo de oportunidad y la inherente tendencia natural del hombre a satisfacer sus necesidades y al intercambio, van a aparecer por más esfuerzos que cualquier Estado haga por controlar estos principios que más que pretender dirigirlos se debe buscar entenderlos y acompañarlos. La negación de esto es no entender al hombre mismo. El Estado por sí solo no lo puede todo, ni lo debe hacer todo.

Con el partido Morena en el poder, el cambio en México ya comenzó. La propuesta económica debe partir de la suma de todos y no de la exclusión de los unos y los otros y, mucho menos con la descalificación a priori de lo que se hizo o de lo que se está haciendo. No hay blanco y negro. Lo que hay son experiencias en el pasado que no deben repetirse, y hay logros que no sólo deben mantenerse, sino incrementarse. Y aún más importante, la decisión de cambio tomando en cuenta a la sociedad en la mayoría de los temas, al igual que poner al centro de las decisiones a la población que años ha estado más en las estadísticas que en la acción colectiva, debe ser aquilatado como lo que es, la gran aportación del gobierno a la economía del futuro.

drcamartinez@hotmail.com

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Doctor en Desarrollo Económico, Doctor en Derecho y Doctor en Historia del Pensamiento Filosófico Especialidades en desarrollo económico en Oxford University y en Economía Internacional en Georgetown University. Profesor en la Universidad Panamericana y la Ibero. Ha colaborado en la Presidencia de la República, el Banco de México, la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, fue Ministro de Asuntos Economicos de la Embajada de Mexico en EEUU (Washington). Autor de libros en Regulación Financiera, Historia Económica, Política Fiscal, Políticas Públicas y Ética.

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