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Opinión

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Banorte, el héroe; Banorte, el villano

Un acuerdo es un acuerdo, mucho más cuando?tiene como testigo a una autoridad, comenta un ?alto funcionario público en la Convención Bancaria.

Había una tregua y Banorte la rompió, me cuenta un banquero. Hubo una reunión en la Subsecretaría de Hacienda donde se acordó que no se reviviría la discusión sobre la participación de la banca extranjera en el sistema financiero mexicano. No queremos que se convierta en el tema en la próxima Convención Bancaria, dijo el subsecretario Gerardo Rodríguez. Todos estuvieron de acuerdo en poner una pausa que no duró casi nada.

Guillermo Ortiz, presidente de Grupo Banorte, publicó un artículo en Financial Times, luego de la reunión. Los principales argumentos del texto no son nuevos: México es el único país de los grandes donde la mayoría del sistema financiero está en manos de extranjeros. Las principales decisiones relacionadas con la banca se toman fuera de México.

El texto tomó por sorpresa a los participantes de la reunión previa. Un acuerdo es un acuerdo, más cuando tiene como testigo a una autoridad, comentó un alto funcionario público. Al gobierno le interesaba que la Convención Bancaria fuera un escaparate para exponer los logros de la presente administración y definir las tareas pendientes. Entre ellas no está la redefinición del papel de las instituciones financieras de capital extranjero que tienen gran presencia en nuestro país. Para las autoridades no es un problema porque las reglas del juego no les permiten debilitar sus operaciones en México para apuntalar a sus casas matrices. Están bien capitalizados y contribuyen a la solidez del sistema de pagos de México. Estas dos cuestiones son fundamentales en un contexto de crisis mundial, caracterizada por la volatilidad y la vulnerabilidad de las instituciones financieras. Es necesario que los mexicanos tengan mayor participación en la banca que opera en México . Guillermo Ortiz consiguió que el tema se impusiera en la Convención. Lo consiguió porque es uno de los mejores comunicadores en la élite económica de México, entre otras cosas porque es capaz de mandar un mensaje económico a la clase política y viceversa: instalar un mensaje político entre los jugadores del sistema financiero.

La eficacia del discurso de Ortiz contrasta con la dificultad de la ABM para responder. Estamos dentro de la ley y actuamos de acuerdo con los principios de la libre empresa, dijo Jaime Ruiz Sacristán, el presidente de los banqueros. Su respuesta es lógica y racional, pero tiene problemas para responder a un argumento que es emocional y que toca una fibra sensible en un país que sigue siendo nacionalista, a pesar de dos décadas de globalización galopante. Ni siquiera mencionó la palabra ordeña, el trend topic no oficial de esta Convención.

¿Qué pretende el Presidente de Banorte? No se trata de una ocurrencia, sino de un discurso recurrente por parte del tercer mayor banco de México. La prueba de ello es que tenemos al director general, Alejandro Valenzuela, en la misma tesitura. Queda por ver su eficacia y si le genera ventajas competitivas para crecer en un mercado donde la clientela busca principalmente precio, cercanía y calidad. Por lo pronto, ha logrado poner en primer plano un asunto que las autoridades y los otros banqueros preferirían discutir en otro momento. Está pagando el precio de generar hostilidad evidente entre los banqueros, un gremio que está acostumbrado a procesar sus diferencias con discreción y a puerta cerrada.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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