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Opinión

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Los 7 pecados capitales, Soberbia

Luis Bartolini Esparza | Columna invitada

“¡Al diablo las instituciones!”. Andrés Manuel López Obrador

Entonces se desató una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón. Lucharon el dragón y sus ángeles, pero no pudieron vencer, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. El dragón grande, la antigua serpiente, conocida como el Demonio o Satanás, fue expulsado; el seductor del mundo entero fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él” Ap. 12,7-9; “Jesús les dijo: -yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo-“. Lucifer (el portador de luz, el lucero de la mañana) o también conocido como Luzbel (luz bella), el ángel más bello e inteligente, se prefirió a sí mismo y quiso ser más poderoso que Dios, se reveló en su contra, cometiendo el primer pecado y madre de los demás pecados capitales, la soberbia.

El Papa Francisco explicaba en una de sus catequesis los principales síntomas y consecuencias de la soberbia, identificando así a las personas con actitud altiva, que se consideran autosuficientes y sin fragilidad alguna, con juicio despreciativo, no buscan el bien común sino el interés personal, ni dialogan porque imponen sus ideas, finalmente, no toleran la crítica y montan en cólera ante cualquier comentario adverso. En lo que respecta a las consecuencias, al juzgar a los demás se erigen en el lugar de Dios, destruyen las comunidades al generar divisiones y exclusiones, y finalizan perdiéndose en la ruina, se exponen al ridículo, desprecio y rechazo, quedando solos, sin apoyos y amargados, tal cual como reza el proverbio italiano “La soberbia va a caballo y vuelve a pie”. Esta palabra procede del latín superbia-superbus “que está por encima”, y por lo tanto implica, que puede caer. Lógicamente, a mayor altura, más fuerte será la caída.

Ejemplos en la historia de famosos personajes con frases polémicas, controvertidas y cabe decir, icónicamente soberbias, como Napoleón Bonaparte y “La guerra es un juego serio en el que uno compromete su reputación, sus tropas y su patria”; o este par de citas de Adolf Hitler “Después se arrepiente uno de haber sido tan bueno” y “Debo cumplir mi misión histórica y la cumpliré, porque la Divina Providencia me ha elegido para ello”; il Cavaliere Berlusconi, no se quedaba atrás con declaraciones como “Yo soy el Jesucristo de la política. Soy una víctima paciente, me sacrifico por todos. Sólo Napoleón hizo más de lo que he hecho” y “Un sondeo dice que el 33% de las jóvenes italianas sí se acostarían conmigo. El resto de las chicas contesta: ¿Otra vez?”; Vladimir Putin también aporta con sus sentencias como “Yo no soy mujer, así que no tengo días malos. No quiero ofender a nadie. Es la naturaleza de las cosas. Hay ciertos ciclos naturales” y “¿Si soy un democrático puro? Por supuesto, soy un demócrata puro y absoluto. ¿Pero usted sabe cuál es el problema? Es que yo soy el único, no hay otros en el mundo. Tras la muerte de Mahatma Gandhi, no hay con quién hablar”. Interesante, casi divertido leer manifiestos de este tipo, salvo por los efectos y consecuencias que muchos de esos personajes han causado en la humanidad.

Desde el punto de vista psicológico, aunque no está propiamente incluido en el DSM-5-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) ni en el CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS) se considera distinto a otros trastornos de la personalidad como el Narcisista (TNP) porque, aunque comparten ciertos síntomas, tiene características propias, y me refiero al Síndrome de Hubris (también Hybris, del griego desmesura o arrogancia) todavía en proceso de ser plenamente validado e incluido en las publicaciones ya referidas. Se consideran 14 síntomas para su diagnóstico, varios compartidos con el TNP, y que implican considerarse una especie de mesías, sufrir de pérdida de contacto con la realidad, utilización del poder para su auto glorificación, tendencia a creer que no debe rendir cuentas a nadie, estar convencido de la rectitud moral de sus ideas sin preocupación del costo que pueda conllevar, creer categóricamente que la Historia o Dios le absolverán de sus malas acciones, y realizar sus funciones laborales en forma incompetente por exceso de confianza, entre otras. Principalmente, se distingue del TNP en que Hybris es adquirido por personas que logran un poder relevante y resulta de tipo estado-dependiente, lo que significa que en la medida en que se pierde o se aleja de ese poder, puede atenuarse. Pero y ¿qué sucede con los impactos económicos y para la demás gente?

El 10 de abril de 1912, zarpa de Southhampton, UK el RMS Titanic, en su momento el barco de pasajeros más grande y lujoso del mundo colisiona con un iceberg dos días después falleciendo en el famoso naufragio cerca de 1,500 personas, en su mayoría tripulación y pasajeros de 3ª Clase. En esa época el costo de dicha nave fue de USD$7.5 millones. Las causas de la tragedia, una suma de eventos naturales y humanos, incluyendo un timón más chico de lo requerido conforme a los estándares de la época atendiendo a las dimensiones de la embarcación, ciertos errores humanos ante la emergencia, diseño de los compartimientos para contener inundaciones y muy importante, la marcada insuficiencia de botes salvavidas (20 en total para los más de 2,200 pasajeros y tripulación). Aquí es donde entra la leyenda, ya que ciertamente nunca existió una placa que dijera “Ni Dios lo hunde” o algo similar, pero sí notas periodísticas que lo calificaban como insumergible, y bajo ese tenor, también se dice que el adicionar un mayor número de botes salvavidas, obstaculizaba la vista en cubiertas de 1ª y 2ª Clase, y partiendo de la base de que se consideraba muy remota la posibilidad de que sufriera algún grave percance, se cubrió básicamente el mínimo requerido normativamente. El Titanic tenía un gemelo idéntico, el RMS Olympic, que después de la tragedia y huelga de su tripulación, fue modificado entre otras medidas, adicionando 48 botes salvavidas más.

En el ámbito militar hay gran cantidad de ejemplos en los que la soberbia y exceso de confianza nubló la razón y vició las estrategias de experimentados generales, como el caso de Waterloo, derrota de Napoleón en junio de 1815, con un número aproximado de 64,500 bajas y que resultaría en la ocupación Prusiana de Versalles el 1 de julio, la rendición de Napoleón el 10 de julio y la restauración de la corona en Luis XVIII. Hablando de alemanes, la denominada operación Barbarroja que inicia el 22 de junio de 1941 para conquistar la URSS, parar el bolchevismo y purgar a la población judía. Comienza con un contingente de ataque de más de 3 millones de soldados germanos, y alrededor de 600,000 vehículos, pero con poca preparación para afrontar el crudo invierno soviético (pensaban ganar la batalla rápido, controlar posiciones pasando otoño), una menor cantidad de tanques y un gran y desconocido territorio por cubrir, aunado a malas decisiones militares (dividir la columna central para apoyar los flancos en lugar de concentrarse y tomar Moscú), arranca con un poder imparable tomando ciudades, capturando cientos de miles de soldados rusos y armamento, así como asesinando y vejando millones de personas de población civil (tan sólo ahí se estiman cerca de 1 millón de judíos asesinados). Concluye en diciembre del mismo año con un tremendo desgaste para el ejército alemán que destinó casi el 80% de sus fuerzas en esa operación, y al no concretarse en la forma esperada, dejan abierto permanentemente hasta el final de la guerra un segundo gran frente. Hitler actuó con exceso de confianza y en contra de la opinión de sus generales, iniciando el principio del fin de su sueño.

Y así como en los casos anteriores, la historia juzgará, pero en 2019 se ejecuta en México la decisión gubernamental de cancelar el proyecto NAIM, no obstante el avance logrado, su importancia estratégica como HUB, la urgencia de robustecer la operatividad aérea segura de la Zona Metropolitana, los beneficios de desarrollo para una de las zonas más densamente pobladas y con complejidad social y económica (Nezahualcóyotl), y cualquier cantidad de opiniones técnicas y altamente especializadas nacionales e internacionales, contrarias a esa propuesta. Según informes de la ASF implicó según primer reporte un impacto de más de $330 mil millones de pesos, que después de fuerte presión pública del Presidente López, se ajustó para quedar en $113,000 millones de pesos, taxímetro que pareciera que se detuvo en ese momento, al tiempo en que los gastos de construcción estimados del AIFA fueron excedidos y su sostenimiento ha seguido creciendo, aunado al hecho de que la falta inicial de mantenimiento del AICM está pasando factura actualmente, y paliándose a marcha forzada ante el inminente mundial de football. Ese desplante de poder inicial, marcando territorio de entrada, sigue presente y recordándose vivamente en la actualidad.

Finalmente, cabe recordar que la virtud para enfrentar la soberbia es la humildad, y que al igual que se hace con el CREDIT Scoring del buró de crédito, la Pascua nos ofrece la oportunidad de hacer por lo menos una consulta sin costo al año a nuestro SIN Scoring. Para cerrar, recuerdo la última frase que dice Lucifer a Kevin Lomax, personificado como reportero en la película El Abogado del Diablo “La vanidad es mi pecado favorito”.

X: @LBartoliniE

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