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Los 7 pecados capitales, Pereza
Luis Bartolini Esparza | Columna invitada
“La pereza anda tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla” Benjamin Franklin
“Cuando en nuestra Europa civilizada queramos encontrar un vestigio de la belleza innata del hombre, debemos buscarlo en las naciones donde los prejuicios económicos aún no han erradicado el odio al trabajo. … Los griegos, en su época de esplendor, solo sentían desprecio por el trabajo: únicamente a sus esclavos se les permitía trabajar; el hombre libre solo conocía ejercicios para el cuerpo y la mente.” Breve cita del libro “El derecho a la pereza” de Paul Lafargue, cubano-español-francés, yerno de Karl Marx casado con Jenny Laura Marx, una de las tres hijas que pudieron llegar a edad adulta de los siete originalmente procreados por la familia Marx. En el matrimonio de Paul y Laura, las cosas no fueron distintas, tuvieron a su vez 3 hijos, mismos que fallecieron a edad temprana. Lafargue y su esposa, siendo ya mayores, decidieron suicidarse con ácido cianhídrico. Eleanor, hermana de Laura (otra hija de Karl Marx), también se suicidó, pero ella con ácido prúsico. Mala alimentación y enfermedades contribuyeron a los decesos de esos infantes, y hay coincidencia de biógrafos que señalan que Karl Marx, a la sombra de su ideología, desaprovechó intencionalmente varias oportunidades de trabajar y conseguir los ingresos necesarios (no obstante venir de una familia educada y trabajadora, y contar con amigos ricos y cercanos como Friedrich Engels).
De la cita inserta en el párrafo que precede, destaco la idea un tanto romantizada de que, en la Grecia clásica, sólo a los esclavos se les permitía trabajar mientras los hombres libres no lo hacían; clasista autogol argumentativo que en otras palabras indica que siempre alguien tiene que trabajar y si esto es la regla general, la carga se distribuye y es menor, mientras que, por el contrario, a mayor volumen de los que no trabajan, mayor esfuerzo para los que sí lo hacen. Por su parte Dante en la Divina Comedia considera la pereza o acedia como una tristeza del bien espiritual. Actualmente, el DLE indica como sinónimos de la palabra pereza (lat. prigritia = flojo) los conceptos de holgazanería, vagancia, haraganería y gandulería, entre otros similares. Es famoso el refrán “Dale un pez a un hombre y lo alimentarás por un día. Enséñale a pescar y lo alimentarás para toda la vida”; al igual que en los artículos previos Avaricia, Envidia, Gula, Ira y Lujuria, entendemos que estas visiones van más allá de los confines religiosos y terminan teniendo impactos económicos relevantes.
Milton Friedman tiene una explicación muy sencilla “Hay 4 maneras de gastar dinero: Puedes gastar tu propio dinero, en ti mismo. Y cuando gastas tu propio dinero en ti mismo, eres muy cuidadoso en qué lo gastas, y te aseguras de que obtengas lo máximo por cada dólar. Puedes gastar tu propio dinero, en otros. Por ejemplo, compro un regalo para alguien. Cuando haces esto, eres cuidadoso de no gastar demasiado, pero tampoco te preocupas tanto por el contenido del regalo. Puedes gastar el dinero de otro, en ti mismo. Bueno, y si gastas el dinero de otro en ti, entonces te aseguras de tener una buena comida. Finalmente, puedes gastar el dinero de otro, en otro. Y si puedo gastar el dinero de otros en alguien más, entonces no me preocupo de cuánto dinero gaste o qué compro. Y eso es lo que hace el gobierno …”, algo técnicamente complejo expuesto en forma simple.
Lo cierto es que, dependiendo de las corrientes de pensamiento que se citen, encontraremos posiciones afines, intermedias y por supuesto contrarias; distinguiéndose las primeras por proscribir las ayudas generalizadas al considerar que desincentivan el interés en progresar a través del trabajo además de favorecer el dispendio y desviaciones en el gobierno, generando además una dependencia social al estado de bienestar (welfare dependency) difícil de revertir y fuerte factor de presión económica para las finanzas públicas. En el otro extremo, ante las disparidades económicas y sociales existentes, se ve necesaria la participación del Estado que, a través de estas transferencias hacia los grupos más desfavorecidos, compense condiciones y sirva como una plataforma más equilibrada para el desarrollo colectivo; y finalmente, quienes consideran que ciertos apoyos bien focalizados, fiscalizados, plenamente transparentes y sujetos a temporalidades previamente acotadas, pueden resultar efectivos. En México, el PEF 2026 asigna (números gruesos sólo para efectos ilustrativos) $526,500 millones de pesos para pensiones de Adultos Mayores; $56,960 millones para Mujeres; $40,660 millones para el programa Sembrando Vida; $36,260 millones para Personas con Discapacidad Permanente; $129,380 millones Beca Rita Cetina; $42,550 millones Beca Benito Juárez; $12,650 millones Beca Jóvenes Construyendo el Futuro, entre otras, de un PEF total de poco más de 10 billones de pesos.
Por ejemplo, para este ejercicio 2026, el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro paga a cada beneficiario la cantidad de $9,583 pesos mensuales por un período de 12 meses, tiempo durante el cual el interesado debiera recibir cierta capacitación y vincularse al mercado laboral en algún centro de trabajo; y al mismo tiempo, el tabulador de sueldos para personal de base del IMSS (16 de octubre de 2025-al 15 de octubre de 2026) le cubre a un Médico en período de adiestramiento en la categoría más alta (R8) un sueldo mensual de $3,598.82 más una beca de $4,377.96 que suman $7,976.78 pesos mensuales, ambos supuestos implican un proceso de “capacitación”, pero en términos de esfuerzo y mérito, es clara la diferencia. Aquí la duda es: estas dos políticas gubernamentales paralelas a quién y qué incentivan a no hacer y qué desincentivan a hacer. Por otra parte, en los grupos poblacionales a los que van dirigidos los apoyos, suele suceder que residen en el mismo inmueble familias ampliadas que usualmente, suman ingresos para el sostenimiento común y están integradas por personas de la tercera edad (abuelos, tíos abuelos), padres (incluyendo otras parejas de hermanos y cuñados), con los respectivos hijos de diversas edades, lo que permitiría a este grupo familiar acceder a varios de los apoyos existentes.
Adicionalmente, está el tema de la correcta y honesta aplicación de los programas sociales, y en ese sentido, habría que ver cada una de las cédulas con millonarias observaciones que ha publicado las ASF en sus informes de las cuentas públicas de 2019 a la fecha, referentes entre otros supuestos, al pago de apoyos duplicados, a personas difuntas, gente que no cubre el perfil de elegibilidad, etc.; y el uso propagandístico y electoral que lamentablemente se viste de guinda entre esa población.
Finalmente, conforme a la religión católica, la virtud que sirve para superar la pereza es la diligencia; el actuar con disciplina, constancia, esfuerzo y perseverancia, para obrar el bien. Cierro la nota con otra frase de Benjamin Franklin y que de hecho ya había citado en otro artículo publicado en El Economista, bajo el encabezado -En el país de las limosnas, el dadivoso es Rey- y que dice “Yo creo que el mejor medio de hacer bien a los pobres no es darles limosna, sino hacer que puedan vivir sin recibirla”.