Lectura 3:00 min
Economizar los ?procesos electorales
Es claro que el estilo y la regulación en las campañas se viene modificando cada periodo, pero creo que hay algo sustancial que no se ha modificado: el gasto que se realiza en cada proceso en productos que más que bienes.
Cuando esta reflexión se publique, ya se tendrán los primeros resultados de las elecciones del 1 de julio y es probable que sepamos ya quién enfrentará los retos durante los próximos seis años en la Presidencia de México. Son, sin duda, muchos los problemas con los que cuenta este país y yo en particular quiero tocar uno, el del costo de los procesos electorales, que habrá que irse planteando desde ahora.
Es claro que el estilo y la regulación en las campañas se viene modificando cada periodo, pero creo que hay algo sustancial que no se ha modificado: el gasto que se realiza en cada proceso en productos que más que bienes, resultan males para una sociedad, como son la inmensa cantidad de materiales publicitarios de los distintos candidatos.
Es tan grande la cantidad de papelería relacionada con los candidatos que recibimos, que casi todas las ocasiones terminan en la basura sin ser siquiera leídos. En otras palabras, gastamos para generar más basura sin que el destinatario de estos mensajes les otorgue un mínimo de tiempo en revisarlos.
Si a esto sumamos las mantas y pendones de plástico que se cuelgan de paredes, postes y cuantos espacios se permita, que permanecen en estos lugares incluso durante la jornada electoral y muchas semanas después, generando una importante contaminación visual durante un plazo largo, el costo de la elección y sus efectos contaminantes aumentan.
¿Cuánto puede comunicar una foto del candidato con los colores de su partido para una sociedad que es dinámica en un proceso reflexivo y debatido con otros representantes? Mi punto de vista es que no mucho y sí, en cambio, molesta a quienes nos preocupa la contaminación electoral y el uso de los recursos públicos.
Pero más aún, las elecciones también representan una cantidad inmensa de objetos de diversos tipos llaveros, bolsas, playeras, tortilleros, gorras, etcétera que generalmente son de mínima calidad, producidos muchas veces en China y etiquetados en México, que pretenden generar simpatía entre los ciudadanos y un sesgo en su favor el día de la elección.
¿Quién estaría dispuesto a cambiar su voto por un tortillero? Yo creo que nadie, pero sí creo que estos objetos sirven para contentar a los seguidores en los actos públicos.
¿Y qué pasaría si por ley restringimos el uso de todos estos objetos? Pues nos tratarían como una sociedad pensante, porque el único recurso serían los medios de comunicación en los tiempos oficiales. ¡Qué gran ahorro podríamos tener en las campañas y que avance en la vida democrática de este país!
*Pablo Pérez Akaki es profesor de tiempo completo en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, UNAM ppablo@apolo.acatlan.unam.mx