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Arte e Ideas

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El Museo del Prado en la palma de la mano: "Los museos deben ser oasis de pausa y tregua"

Javier Sainz de los Terreros, jefe de Comunicación Digital del Museo del Prado, reflexiona sobre el impacto del reciente Premio Webby y el papel de las redes sociales como puente entre el arte y audiencias globales

Sala 12 Museo del Prado Foto: Especial

España y México viven un momento de polarización política muy similar, insultos y descalificaciones van y vienen tanto en el terreno presencial, como en el digital, de allí que Javier Sainz de los Terreros, jefe de Comunicación Digital del Museo Nacional del Prado, no pestañea cuando afirma: "Los museos deben ofrecer un espacio de pausa y tregua (...) Estamos para el futuro, no para las rencillas del presente”.

Desde el Centro Cultural de España en México, lejos de las salas monumentales del Paseo del Prado, en Madrid, Sainz de los Terreros habla del museo como si fuera un organismo vivo que respira al ritmo de su comunidad digital. La ocasión no es menor: el Museo del Prado acaba de recibir, el 11 de mayo en Nueva York, uno de los galardones más reconocidos del entorno digital, los Webby Awards, considerados los “Oscar de internet”, por el impacto social de su presencia en las redes sociales.

La primera parada internacional después de este acontecimiento ha sido México. Sainz de los Terreros y la historiadora del arte Paloma Málaga Shaw, integrante del Centro de Estudios del Museo del Prado han venido al país para cumplir una agenda de trabajo que incluyó un taller de estrategias digitales para encargados de comunicación en museos, la inauguración de una exposición en Irapuato, y un encuentro con la comunidad de seguidores virtuales del museo en Ciudad de México.

—¿Qué significado tiene este premio que acaban de recibir?, pregunto al inicio de la conversación.

“Ha sido un privilegio… no solo es que el trabajo que hacemos guste a la gente, sino que también se reconoce fuera, y eso permite situar a los museos y la cultura en espacios en los que quizá no estamos tan acostumbrados a verlos”, dice Javier.

La dimensión de ese logro –un hito para una institución cultural– se entiende mejor con cifras: el Prado reúne más de 5.2 millones de seguidores en redes sociales, de los cuales más de 750 mil están en México, y sus “directos” concitan alrededor de 150 mil visualizaciones diarias, con algunos casos que superan el millón. “Nos hace mucha ilusión la respuesta del público… habla de la comunidad que hemos conseguido crear y de la que estamos muy orgullosos”, afirma Sainz.

Javier Sainz de los Terreros Foto: Francisco de Anda/EE

El museo más allá de los muros

Desde transmisiones en vivo hasta nuevas formas de mediación cultural, el Prado ensaya una revolución silenciosa: acercar cinco siglos de historia del arte a través del teléfono celular.

Para las generaciones formadas en la experiencia presencial del arte, la transformación es radical. “Sigue siendo inigualable la experiencia frente a la obra física”, reconoce el entrevistado. Sin embargo, la limitación geográfica —“tienes que ir a Madrid, a la sala 12, si quieres ver Las meninas”— abre la puerta a otras formas de acceso.

Ahí es donde entra la estrategia digital del museo, especialmente sus transmisiones en vivo. “A través de las redes sociales ofrecemos un tipo de experiencia complementaria… con alguien que te enseña a ver, que comparte su mirada y te ayuda a descubrir detalles que antes no veías”. Este enfoque convierte la contemplación solitaria en una experiencia colectiva e interdisciplinaria: historiadores, médicos o botánicos pueden aportar lecturas distintas sobre una misma obra, explica.

La iniciativa tiene incluso un componente participativo. En proyectos como El Prado cotidiano, los usuarios comparten cómo las obras del museo aparecen en su vida diaria: reproducciones, calendarios o referencias visuales dispersas en distintos rincones del mundo. “Nos habla de cómo la colección supera fronteras y sale del edificio”, apunta Sainz.

Desayunar con Velázquez

La innovación digital más influyente comenzó en 2017, con transmisiones de "El Prado en directo" que, en sus inicios, eran simples recorridos silenciosos por las salas. “La gente empezó a pedirnos que habláramos… y poco a poco fuimos construyendo un formato más accesible”, recuerda.

Con el tiempo, esos videos se convirtieron en una rutina diaria. Se transmiten antes de la apertura del museo y han escalado a cientos de miles de espectadores. Incluso, cuando el mundo se detuvo en 2020, por la pandemia del coronavirus, el Prado ya tenía el terreno ganado. “Ya teníamos todo construido, pero fue un impulso enorme”, admite Sainz. Con el museo cerrado, la estrategia consistió en abrirlo “como nunca” en el plano digital.

Entonces, las transmisiones se volvieron interactivas: los usuarios aparecían en pantalla y pedían ver obras específicas. Pero el objetivo era más amplio que la divulgación artística. “No era hablar de Velázquez, era crear comunidad”, enfatiza. En un contexto de incertidumbre global, el museo operó como un espacio de encuentro y apoyo simbólico.

“Hoy, la gente se ha acostumbrado a desayunar con el Museo del Prado”, dice Javier. Esa integración en la vida cotidiana es clave: el museo deja de ser un espacio intimidante para convertirse en una presencia familiar. “Esa cercanía hace que el Prado, que a veces impone por sus 200 años de historia, esas columnas frías e intimidantes, pues ahora no, ahora es un lugar con gente que conoces, a la que le pones cara, que te responde cuando preguntas y te acompaña”.

El secreto —insiste—   está en eliminar barreras: “No hay exigencias: no tienes que saber nada para disfrutar el arte, no tienes que saber que estás frente a una obra que pintó Velázquez en 1656 y encima emocionarte, te vamos a contar una historia y ya veremos si te emociona o no, no tienes que atravesar esos muros, ni subir esas grandes escaleras, vas directo al móvil, incluso si estás en pijama.  Hoy en día no hay nada más cotidiano y cercano que el teléfono móvil que tenemos todos, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a acostar ”.

"La gente se interesa más por el arte cuando no la juzgas, cuando no le exiges una determinada experiencia, un background, cuando no la intimidas sino que la invitas a pasar al salón de tu casa a ver los cuadros que tienes allí", sostiene Sainz.

Un oasis en tiempos de polarización

En una era marcada por la polarización y la sobreexposición informativa, el papel de los museos adquiere una dimensión política en el mejor sentido: "ofrecer un espacio de tregua y pausa", dice Sainz de los Terreros.

“Los museos podemos aportar un lugar de calma, de reflexión, de tranquilidad… esos oasis son muy necesarios”, afirma. Como institución pública, el Prado se concibe como un patrimonio de largo plazo, ajeno a las tensiones coyunturales: “Estamos para el futuro, no para las rencillas del presente”.

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Es editor de la sección Arte, Ideas y Gente en El Economista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y maestro en Filosofía Social, por el ITESO. Especialista en periodismo de arte, arqueología, antropología, educación, patrimonio cultural, religiones y responsabilidad social. Colaboró anteriormente en Público-Milenio Jalisco; Radio Universidad de Guadalajara; Noroeste, de Culiacán; y Radio Metrópoli, en Guadalajara.

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