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Arte e Ideas

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Horacio Franco: “La flauta es un instrumento difícil para sobrevivir”

Uno de los intérpretes más reconocidos de la flauta de pico en el mundo advierte que la precariedad laboral de los músicos académicos persiste en México. Defiende las alianzas entre Estado e iniciativa privada, critica el centralismo cultural y pide más apertura para nuevos artistas.

Horacio Franco. El debut del flautista en el mismísimo escenario del Palacio de Bellas Artes fue a los 14 años. foto: hugo salazar

“Es desgastante tratar de vivir de la flauta dulce”.

La frase dicha por el célebre flautista de pico en entrevista no describe únicamente la realidad de un instrumento históricamente relegado dentro de la música clásica. También resume, a su juicio, uno de los principales problemas que enfrenta hoy el sector cultural mexicano: la incapacidad de generar suficientes espacios de trabajo para los músicos profesionales fuera de los grandes organismos concentrados en la Ciudad de México.

El también director de orquesta conversa con El Economista después de su participación en el ciclo de conferencias Historias que transforman, organizado por el Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe, donde sostiene que el país continúa formando intérpretes de alto nivel sin construir las condiciones laborales necesarias para absorberlos.

“El problema no es que haya una carrera. El problema es la cuestión laboral”, subraya. “Hay extraordinarios guitarristas, extraordinarios pianistas que no tienen trabajo. ¿Para qué vas a alimentar más profesionales de un instrumento en el cual no hay oportunidades laborales?”.

La observación surge a partir de la propia situación de la flauta dulce, un instrumento que permanece prácticamente ausente de las orquestas sinfónicas y que cuenta con escasos espacios profesionales en el país. Pero Franco extiende el diagnóstico a buena parte de la música académica mexicana. Incluso revela, entre broma y lamento, que, en su pasado reciente como profesor, ahora ya jubilado, ha reducido la formación de nuevos intérpretes del instrumento porque no desea “generar desempleados”.

Señala un país centralizado

Para Horacio Franco, una de las causas de la situación arriba explicada es la concentración histórica de la infraestructura musical en la capital del país.

Aunque reconoce el papel que han desempeñado instituciones federales como el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) en la preservación de orquestas, escuelas y compañías artísticas, considera que el modelo ha sido insuficiente para construir vida musical permanente en los estados. “Todo está muy centralizado”, remarca..

A su juicio, México debería contar con muchas más compañías de ópera, agrupaciones barrocas, ensambles profesionales y circuitos regionales capaces de generar actividad constante para los músicos fuera de la Ciudad de México. “Debe haber instituciones en cada estado que se dediquen a patrocinar como lo hace Bellas Artes con todos sus grupos artísticos”, plantea.

En este sentido, el músico considera que durante décadas el desarrollo cultural local ha dependido demasiado de la voluntad política de gobernadores y administraciones en turno.

“El dinero no alcanza”

La reflexión de Franco aparece en un momento en que la actual administración federal ha anunciado inversiones para fortalecer escuelas artísticas del INBAL, entre ellas el Conservatorio Nacional de Música y otros centros dependientes del instituto a las cuales ha inyectado recursos para remodelación de las instalaciones y revisión de planes de estudio.

Franco reconoce la importancia de esos esfuerzos y defiende los programas sociales impulsados por el gobierno federal, pero advierte que la política cultural no puede descansar exclusivamente sobre los recursos públicos:

“Estamos entrando a un mundo desarrollado que protege a estudiantes, adultos mayores y sectores vulnerables. Pero no hay dinero que alcance”.

Por ello insiste en que la música clásica necesita una colaboración mucho más estrecha entre instituciones públicas e iniciativa privada. “Si la IP no entra a patrocinar esto, nunca vamos a llegar a nada. Ningún gobierno lo puede hacer solo”, dice.

La crítica adquiere especial relevancia porque proviene de una figura cercana a distintos espacios institucionales de la llamada Cuarta Transformación. Por eso, lejos de adoptar una posición de confrontación, Franco plantea que el problema no radica en la desaparición de apoyos, sino en la falta de mecanismos para ampliar el acceso al trabajo profesional.

“Hay muchísimos artistas que están muy enojados y muy resentidos”, afirma el flautista a partir de una lectura gremial del presente, derivada del pasado reciente, donde varios de sus colegas, comenta, “siguen esperando que haya las oportunidades que les fueron prometidas”.

Otro de los puntos que Franco cuestiona es la creciente concentración de recursos y esfuezos para visibilizar la música popular, incluida la regional, frente a otro tipo de expresiones musicales.

Sin descalificar a los artistas populares, Franco sostiene que la formación académica requiere también espacios de exhibición, circulación y contacto con el público. “Hay que entender que no nada más se tiene que exponer al público a la música popular”.

A su juicio, el reto consiste en encontrar un equilibrio que permita el fortalecimiento tanto de los proyectos comunitarios como de los profesionales.

El orgullo también necesita instituciones

En el mes del orgullo LGBTIQ+, Horacio Franco llama la atención sobre las resistencias que persisten dentro de algunos sectores de la música. Aunque asegura que personalmente ha enfrentado pocos obstáculos para ejercer su identidad sexual, señala persistentes expresiones de homofobia y estructuras autoritarias en ciertas agrupaciones musicales. “Hace falta mucha más educación”, señala el también activista.

La reflexión conecta con otra de las preocupaciones del flautista: la necesidad de transformar las relaciones de poder dentro de las orquestas.

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