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Invocando los espíritus de Miles Davis y Fernando Toussaint
Chick Corea y Bela Fleck cerraron anticipadamente una jornada llena de diálogos sincopados y extraordinarias presentaciones del mejor jazz del mundo.
Bela Fleck y Chick Corea. Foto EE: Antonio Becerril.
La décimo quinta edición del festival de jazz de la Riviera Maya tuvo un final inesperado la noche del sábado, cuando una lluvia torrencial cortó los ánimos de la velada y Bobby McFerrin se vio obligado a cancelar su participación. Esto causó una pequeña frustración para quienes esperaban ver la destreza vocal del cantante mejor conocido por su himno de la buena onda Don’t worry be happy, que aguantaron estoicamente bajo un inclemente clima para escuchar un buen jazz bajo la luna. Aunque el cantante estadounidense hizo una breve aparición con el que sería el acto final del festival.
Horas antes, Chick Corea y Bela Fleck demostraron su destreza en el piano y el banjo, en el mismo escenario que pisó el guitarrista de 75 años, John McLaughlin el viernes por la noche. El guitarrista británico dio un recorrido de cinco décadas con Jimmy Herring, los guitarristas encabezaron una sesión espiritista para rendir tributo a los dioses del jazz y reimaginaron la música de la Mahavishnu Orchestra.
El festival fue dedicado en su totalidad a las aportaciones musicales y de curaduría de Fernando Toussaint, el director artístico y extraordinario baterista de jazz que falleció a principios de este 2017. Toussaint fue recordado durante la primera noche con un extenso homenaje, cortesía de Señor Vitalis, Palmera y una serie de invitados especiales como Cecilia Toussaint, Julián André Toussaint, Diego Maroto, Bernardo Ron, Hirám Gómez y Alejandro Campos.
Wallace Roney, uno de los alumnos de Miles Davis y discípulo de Dizzy Gillespie, ofreció un recital de perfección musical acompañado de un cuarteto que incluye a su hijo y su sobrino, ambos de menos de 20 años de edad, en un diálogo sincopado y una telepatía musical que no todos los días se ve en un mismo escenario.
La Riviera Maya también fue testigo de otra actuación histórica, la última presentación de Illya Kuryaki & The Valderramas, quienes retomarán nuevos caminos en solitario en el futuro próximo, como lo hicieron a principios del nuevo milenio, y cerraron una etapa para la banda argentina encabezada por Emmanuel Horvilleur y Dante Spinetta.
Bajo la luz de la luna, el Mamita´s Beach Club fue testigo de los sonidos soul, blues, boleros con big bang, jazz ácido, pero sobre todo vivió tres noches de inolvidables presentaciones que buscaron mantener con vida el espíritu de aquellos músicos que ya no están con nosotros pero que su música y su presencia sigue viva en nuestras almas.
Antonio.becerril@eleconomista.mx