Después de un arranque de año caracterizado por un fuerte apetito por riesgo, los inversionistas se han tornado un poco más cautelosos. Esto se ha traducido en una modesta toma de utilidades en índices accionarios, después de probar nuevos máximos históricos al comienzo de 2021, principalmente en economías avanzadas. El dólar ha recobrado fuerza nuevamente —aunque de manera temporal— frente a divisas emergentes y del G10, las tasas de interés han logrado aminorar presiones al alza y las materias primas se han estabilizado después de un importante incremento en precios que se observó desde finales de 2020. Esta falta de dirección del mercado en enero es un claro indicio de la disyuntiva que existe en torno a la reactivación de la economía.

Por un lado, en el aspecto más positivo, continúa viva la esperanza de una recuperación en 2021. Una señal de ello fue la publicación del documento Perspectivas de la Economía Mundial por parte del FMI. En dicho documento se ajustaron al alza los pronósticos de crecimiento del PIB tanto del mundo para este año (de 5.2% a 5.5%), así como en varios países —destacando el incremento en la proyección para Estados Unidos pasando de 3.1% a 5.1% actualmente—. Dentro de estas revisiones, el FMI también incrementó el pronóstico para México en 2021 de 3.5% a 4.3 por ciento.

Estas estimaciones más optimistas están sustentadas por una respuesta adicional de política económica (e.g. el nuevo paquete fiscal que continuará discutiéndose en Estados Unidos en los próximos días), así como la posibilidad de un proceso de vacunación más acelerado a lo largo del año que permita transitar a una nueva realidad post coronavirus. Otra cuestión relevante viene de la búsqueda de una cooperación internacional para salir, lo más pronto posible, de esta pandemia mediante una recuperación sostenible e incluyente. Esta ha sido la visión externada en la edición (virtual) de este año del Foro Económico Mundial, con el tema principal The Great Reset (El Gran Reinicio). La humanidad enfrentará desafíos importantes en la transición hacia la nueva normalidad en muchos aspectos, pasando por lo social, ambiental y tecnológico, por lo que se exhorta a una estrategia coordinada para enfrentar el nuevo paradigma.

Por el contrario, la visión más cautelosa se centra en la realidad que vivimos actualmente sobre la pandemia, y no tanto en las expectativas de un mejor futuro en los próximos meses. Lamentablemente la batalla frente al enemigo que todos tenemos en común, el coronavirus, todavía está lejos de ser librada. Al cierre de esta edición el mundo registra poco más de 100 millones de personas contagiadas y tristemente más de 2 millones de vidas humanas perdidas, con una evidencia de rebrotes importantes en muchos países e inclusive el surgimiento de nuevas cepas (cuatro de acuerdo con el último reporte de la OMS). Esto se ha tornado en un viento en contra, tanto para los planes de salud como para el desempeño de la economía que se conjuga con un proceso de vacunación que ha mostrado un avance más lento en el mundo en esta fase inicial, salvo algunos casos como Israel, Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido.

Desde la óptica de los mercados financieros, todavía existen dudas entre estas fuerzas opuestas, al menos en el muy corto plazo, contribuyendo a la volatilidad en el precio de varios activos. Sin embargo, todavía prevalece una visión más esperanzadora para los meses venideros, principalmente en la segunda mitad del año. 

El autor es director ejecutivo de Análisis Económico y Estrategia Financiera de Mercados de Grupo Financiero Banorte.