Lectura 4:00 min
Los sorprendidos por Alito

Alito no es una cara nueva en la política local ni nacional, fue diputado, senador y gobernador de Campeche. Alito no ha ocultado su ostentoso e inexplicable estilo de vida ni su errática forma para conducirse. El presidente del PRI ha sabido jugar sus cartas nombrando aliados incondicionales tanto en cargos partidistas como al frente de las candidaturas a cargos de elección popular, supo tejer lealtades y acuerdos dejando fuera a quienes no le deben gratitud alguna.
Mientras el PRI preservaba algunos liderazgos históricos poco representativos electoralmente, Alito apostó por crear su propia base al interior del partido y más adelante la consolidó con la integración de la bancada en la Cámara de Diputados. Si todos sabemos que en el PRI no existe la democracia interna, ¿por qué algunos priístas se sorprenden por las lealtades que cierran filas con el dirigente que los postuló?
La alianza PRI-PAN-PRD fue inesperada. Esa alianza no nace de un sueño compartido sino del pragmatismo electoral. Alito necesita la coalición porque tampoco sorprende a los electores: llegó a la presidencia del PRI cuando 12 estados eran gobernados bajo las siglas de este partido, sin embargo hoy sólo gobierna Durango (ganado en coalición con el PAN y PRD), Estado de México y Coahuila (estos últimos con elección de gobernador en 2023).
Alito tampoco pudo sorprender a los campechanos enviando a un incondicional como candidato a la gubernatura. Alito no sorprendió a Layda, aunque ella sí lo hizo con audios que exhiben de cuerpo entero la corrupción del exgobernador. La derrota en Campeche demostró la debilidad del líder tricolor en su propio estado y al mismo tiempo reveló cómo el PRI traía mano en las candidaturas de la coalición.
Sólo los líderes del PAN y PRD se dejaron sorprender por el Presidente del PRI. En el 2021 el PRI encabezó las candidaturas de la coalición en Campeche, Colima, Sinaloa, Sonora y Zacatecas, pero para 2022 el priísmo despojó al PAN de Durango (estado gobernado por Acción Nacional) y colocó a su propuesta en Hidalgo como si fuera cuota blanquiazul. Regresamos de nuevo a Campeche porque resulta un ejemplo elocuente sobre cómo funciona la coalición: en la elección de 2021 el candidato más fuerte del PAN terminó en un cercano segundo lugar pero compitiendo por MC mientras los panistas apoyaban al candidato de Alito.
PAN y PRD olvidaron a conveniencia las incongruencias de Alito, no solo porque en la arena nacional defienden a un personaje insostenible por sus traiciones y contradicciones, sino porque por todos lados se dan señales políticas que el PRI ya se dobló en el Estado de México y dejará la joya electoral de la corona de 2023 en manos de MORENA. Los dirigentes del PAN y PRD defendieron y victimizaban a Alito, mientras él dinamitaba la alianza opositora. Por cierto, en nada le interesa si la estrategia de seguridad es la adecuada o no, o si por tradición histórica los priistas están del lado de las Fuerzas Armadas. A él lo que le interesa es seguir transitando en el sistema político con la impunidad a la que se encuentra acostumbrado.
El 2023 se volvió más interesante. La estructura del PRI, menos su Presidente, pelea por conservar el Estado de México y Coahuila - estados que nunca han visto la alternancia política en la elección de gobernador - pero es probable que el liderazgo nacional y estatal de su partido no desee movilizar los votos suficientes para ganarlos. Además, Alito desprecia en San Lázaro a la misma coalición que el PRI necesitará en las urnas. Del lado del PAN, ¿quién ganará, la congruencia o el pragmatismo? Es posible que el PAN justifique las alianzas locales pensando que el PRI le devolverá el favor en 2024… La inocencia personal como motor de la ambición electoral; que luego no se digan sorprendidos. Están más ocupados de cortejar al PRI, que de seducir a su militancia. Así nunca han ganado una elección, menos una presidencial.