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Opinión

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La salud mental; sin ella no hay nada más

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Jaime Cervantes Covarrubias | Columna Invitada

Jaime Cervantes Covarrubias

“Quien pierde la mente, pierde el mundo.” | Reflexión propia

En México, y en gran parte del mundo, estamos aprendiendo a vivir sin sentir, a producir sin descansar y a convivir sin escucharnos. Y lo más peligroso de todo es que ya nos parece normal. Nos acostumbramos a vivir cansados, nos acostumbramos a vivir ansiosos, nos acostumbramos a no hablar de lo que duele.

Y eso, lo digo con claridad y con sabiduría experiencial propia, es el inicio de la ruptura del tejido social, no es un tema individual es un síntoma colectivo. Es un fenómeno social es un tema de liderazgo personal, autocuidado y salud, buen civismo y sociedad.

Si no lo entendemos así, seguiremos atendiendo síntomas… mientras el problema crece en silencio. Lo pienso y lo digo con responsabilidad humana…

La salud mental no se pierde de golpe, se abandona poco a poco… hasta que ya no queda nada que sostener.

El colapso silencioso que ya estamos viviendo

Los datos ya no permiten evasión, es difícil dejar de ver que en 2024, México registró más de 8,800 suicidios según datos del INEGI. La mayoría ocurrieron dentro de casa. Con tristeza lo expreso, eso cambia todo, porque el problema no está en la calle, está en la familia que supuestamente es el espacio o santuario de seguridad y protección de las personas en cualquier parte del mundo. Está en el trabajo que supuestamente es lo que dignifica la vida de las personas, lo que nos da sustento y sentido. Pero lo más relevante de todo, es que a veces, está dentro de ti.

Y no es un fenómeno aislado.

La ENSANUT reporta que 16.7% de la población adulta presenta síntomas depresivos, mientras que en juventudes el dato es aún más inquietante. Revisemos con seriedad, la UNICEF señala que más del 70% de jóvenes en México se siente abrumado, y más de la mitad ha necesitado apoyo emocional.

La Traducción simple de lo anterior es que estamos sosteniendo una sociedad funcional por fuera… y profundamente fracturada por dentro, tenemos un quiebre en las personas, un error sistémico y sin miedo, un fallo de estado.

Además, mientras esto ocurre, la capacidad de respuesta institucional es limitada

México cuenta con apenas 1.1 psiquiatras por cada 100 mil habitantes en el sector público, es decir da temor que el problema crece más rápido que la solución.

México: educamos para resistir, no para comprender y menos para vivir bien.

La autocrítica en este momento es necesaria, es incómoda y con aceptación radical es necesario reconocer que no podemos seguir así. Hay algo más profundo que los datos clínicos, el problema de fondo es cultural.

En México aprendimos a resistir, no a procesar sino a callar, no a expresar. Tendemos a obedecer sin cuestionar en lugar de comprender y a discriminar la dignidad natural de las personas escondiendo la situación en la velada idea que somos serviciales, amables y lindos/as como distinción de la mexicanidad.

Ese modelo funcionó para sobrevivir, antes, no obstante pero hoy está destruyendo nuestra salud emocional de las nuevas generaciones. El futuro de la infancia temprana se encuentra en riesgo.

A esto se suma una presión estructural brutal, y hay de hablarlo sin filtros. Casi 3 de cada 10 personas viven en pobreza en datos del INEGI. La inflación erosiona el margen emocional cotidiano y la violencia, en múltiples formas,  se vuelve ruido constante y se normaliza en un supuesto buen vivir.

En ese contexto, hablar de salud mental parece lujo, cuando en realidad es supervivencia y lo digo con claridad, con asombro y sosteniendo mi preocupación…

No hay estabilidad emocional en un entorno de precariedad, miedo y silencio.

El nuevo desgaste humano: producir sin sentido

Aquí aparece una dimensión que no podemos ignorar, el trabajo. Hoy muchas personas no se rompen por falta de capacidad, se rompen por exceso de exigencia sin sentido. El filósofo coreano Byung-Chul Han lo describe con precisión: porque ya no vivimos en una sociedad disciplinaria, vivimos en una sociedad del rendimiento y nuestra tendencia crece hacia la autoexplotación creyendo que somos libres. Es una nueva forma de esclavitud colectiva, porque mientras pienso que llenar mi propio vacío existencial, reparar un trauma o esconder un síntoma a través del cumplimiento social, laboral o de estatus social, no me doy cuenta que estoy cediendo mi salud mental y física a la materialidad positivista, aquella que ha sido estructurada por unas cuantas personas.

Y eso tiene consecuencias. Por ejemplo: la fatiga crónica por estrés laboral o burnout, los trastornos de ansiedad funcional generalizada, la desvinculación emocional o despersonalización, las fobias y muchas otras más que los especialistas en el tema describirán mejor.

El problema no es trabajar, es trabajar sin sentido, sin límites y sin cuidado. O sea, sin liderazgo propio, sin el autocuidado de la salud y sin reconocerse como cocreador de bien común.

Lo que sí existe… pero no alcanza

Sería irresponsable decir que no hay avances. México ha desarrollado modelos comunitarios como los Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones que atienden a cientos de miles de personas. También existen líneas de apoyo como la “Línea de la Vida” y programas locales que buscan acercar atención emocional a jóvenes. El problema no es la intención, es la escala y lo digo sin rodeos…

“Tenemos esfuerzos valiosos, pero insuficientes frente a la magnitud del problema.”

Resulta que el tercer sector (la filantropía), con esfuerzos sobrehumanos intenta subsidiar lo que el primer sector (el gobierno) no ha podido resolver, el segundo sector (el empresariado) no quiere atender para no perder productividad y ganancias. Más grave aún, cada persona omite su propia responsabilidad de estar y sentirse bien.

La causa real: la desconexión humana

Después de años acompañando procesos humanos, empresariales y familiares, lo tengo claro: la raíz no es solo clínica, es relacional. Nos estamos desconectando de nosotros mismos, de nuestras familias, de nuestras comunidades y cuando la conexión se rompe, la mente se desestabiliza.

Muchos autores y yo mismo deseo explicarlo con una claridad seria. La persona florece cuando es escuchada sin juicio, dentro de un ambiente de seguridad psicológica y física, estableciendo diálogos que nutran, resuelvan y concreten condiciones de bienestar y cuando eso no ocurre, la persona se retrae, se fragmenta y eventualmente.  se rompe.

Cómo consecuencia aparente, se rompe también el tejido social.

La responsabilidad es compartida

Éste no es un problema del gobierno ni de la empresa ni de la familia, es de todos y todas. Por eso la respuesta también es sistémica y se tiene que afrontar desde los multiniveles con conciencia:

  • Personas y familias

. Aprender a nombrar lo que sentimos sin vergüenza, con amor y compromiso de vínculo, cuidado relacional. Responsabilidad emocional y espiritual. Si observamos que aparece un síntoma que deba ponerse en atención, es necesario pedir ayuda antes del colapso, no después. Crear espacios de conversación real, aunque incomoden pero que sanen. 

  • Empresas, especialmente familiares
  • . Les invito a cumplir la norma ´es el mínimo´, cuidar a la persona es el estándar responsable y por supuesto, diseñar trabajo digno, no heroico. La mayor causa de renuncias en las empresas son malos liderazgos, por lo tanto es crucial y urgente formar líderes humanistas que sepan escuchar, cuidar y no solo exigir para lograr la cuota o la productividad deseada por el sistema. 
  • Gobierno y sociedad
  • , ante el fallo del Estado, es necesario resarcir el daño estructural y sistémicamente. El ínfimo 2% del gasto en salud que el Gobierno destina a salud mental es absolutamente insuficiente. Es vergonzoso. Por eso es urgente invertir en salud mental como prioridad, no como discurso retórico superficial, sino buscar una ampliación de la cobertura comunitaria real. Invertir también en prevenir desde educación, cultura y comunidad, reeducar desde la familia hasta la fase adulta nuevamente. La educación es la verdadera reforma social y su repercusión en una mejor salud mental será visible si lo logramos.

    El impacto posible

    Si actuamos, de verdad, los efectos son claros. Tendremos más diálogo constructivo y sanador, más conversación y menos silencio. Lograremos más y mejor prevención de situaciones desfavorables invisibles y existirá menos crisis social. Más bienestar en serio y menos costo social.

    La propia Organización Mundial de la Salud ha demostrado que invertir en salud mental genera retorno económico y social. Pero más allá del dinero, genera algo más importante… vida con sentido.

    El punto de quiebre

    Aquí está lo esencial porque no se trata sólo de evitar el colapso, se trata de reconstruir el sentido. El neuropsiquiatra y filósofo austriaco Viktor Frankl lo dejó claro: cuando una persona pierde el sentido pierde la capacidad de sostener la vida, la capacidad de disfrutar su salud mental y se pierde en muchos casos, su vida se vuelve, digamos, disfuncional.

    Y hoy, eso está ocurriendo más de lo que queremos admitir.

    Lo que escribo lo sostengo con firmeza, con respeto y con profunda responsabilidad. La salud mental no es un tema accesorio, es el cimiento de todo lo demás. Sin ella no hay nada, no hay salud física, no hay familia, no hay empresa, no hay país.

    Desde el Humanismo Mexicano, desde un liderazgo humanista y consciente les invito a pensar lo siguiente:

    Prioriza tu dignidad para reconocerte, validarte y estar bien; ten la disposición para pedir ayuda y/o servir a quien lo necesita con empatía avanzada, no discrimines; desarrolla tu conciencia para entenderte y liderarte, tomar buenas decisiones que no te lleven a un estado de disfuncionalidad mental y física y; responsabilidad para actuar, hazte cargo de tu vida y de tu condición personal y colectiva.

    Finalmente te dejo una pregunta:

    ¿Qué estás callando que ya está empezando a romperte por dentro?

    Y dos invitaciones concretas. Una: habla, escucha, acompaña y comparte esta reflexión para construir en conjunto un mejor tejido social.

    La otra: te invito a sintonizar el nuevo espacio radiofónico “Liderazgo, Salud y Sociedad. Pensar y decidir mejor para vivir mejor” que a partir de este 9 de abril se transmitirá cada jueves de 6 a 7 pm hora CdMx en la estación 1470 AM de Radio Fórmula. Lo conduciremos yo, Jaime Cervantes Covarrubias, en conjunto con Rafael Balderas y Maribel Ramírez Coronel. Aspiramos a que nuestras reflexiones sean un aliento que apoye a nuestros radioescuchas a florecer en su vida.

    #LiderazgoHumanista #LiderazgoSaludSociedad #DesarrolloHumano #SaludMental

    * El autor es Doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México; Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de Empresa, España. Licenciado en Comunicación Gráfica y Columnista en El Economista.

    jaime.cervantes@desarrollistahumano.com

    Jaime Cervantes Covarrubias

    El autor es Doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, España.

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