“Mi mamá me dejó un reto muy grande: sacar adelante a tres mujeres”, relató Carlos Tovilla, quien a sus 28 años se convirtió en jefe de familia luego que su hermana mayor, a quien consideraba como su madre, murió el 19 de septiembre en el derrumbe de los departamentos ubicados en el conjunto habitacional del número 714 de la calle de Saratoga en la Colonia Portales Sur, dejando a sus tres hijas a su cargo.

Más de un mes ha pasado y Carlos aún busca que las autoridades aclaren la falta de diligencia con la que se actuó en el inmueble en las labores de rescate.

Eran siete hermanos, Candelaria Tovilla la más grande y Carlos el pequeño. El día que tembló, el joven —que hoy tiene una maestría de la Universidad del Desarrollo Empresarial y Pedagógico—, se encontraba laborando en un edificio cercano a la estación de Metrobús Hamburgo , que se encuentra sobre la Avenida Insurgentes en la Ciudad de México. “Primero el edificio empezó a vibrar, luego a moverse y después, el descontrol”, recordó.

El inmueble presentó fisuras severas por lo que tardó en salir, ya en la calle de alguna manera tendría que llegar a casa frente a la suspensión del servicio de transporte público. A pie se trasladó a su hogar donde esperó a Candy, como le decía a quien consideraba su madre, pero al pasar las horas sin saber su paradero, se dirigió al último punto donde vecinos y familiares sabían que había acudido a trabajar como empleada doméstica.

Carlos, originario de Chiapas, tenía seis años cuando sus padres fallecieron, desde entonces Candy se hizo cargo de él y lo crió en la Ciudad de México. “Ella toda su vida trabajó como empleada doméstica. Cuando ella vino aquí (la capital mexicana) su sueño era terminar la carrera, desafortunadamente su situación se le complicó y decidió trabajar en vez de estudiar”, contó.

Desde chico le inculcó estudiar, pues durante sus 44 años de vida, la señora Tovilla tuvo la idea que el estudio era la manera para poder sobrevivir en este país. “Ella siempre veía por eso y espero que las niñas sigan ese mismo camino; yo las quiero ver formadas con una carrera”.

Carlos arribó al edificio de la colonia Portales el martes del terremoto por la noche: “desde que llegué al edificio de Saratoga comenzó la crisis”, pues una serie de irregularidades tras otra impedía la entrada de personal para sacar a su mamá de los escombros, a quien, asegura, escuchó gritar en varias ocasiones.

El cuerpo de Candy fue recuperado el jueves al filo de las 4:30 de la tarde; cerca de tres horas y media después que los Topos Azteca ingresaran al edificio colapsado —pese al cerco y las órdenes de restricción —para comenzar con las labores de búsqueda.

“Tu mamá no presenta rigidez (...) tiene pocas horas de haber fallecido”, contó Carlos de lo informado por el equipo de rescate.

Enterarse de la muerte de Candy fue una carga muy fuerte para sus hijas de 12, 15 y 18 años.

A más de un mes “me he encargado de darles la atención, de tratar de llenar parte de esta falta”. La experiencia ha sido muy difícil para todas, en particular para la más chica, “cuando comenzaba a reincorporarse a la escuela estuvo como tres días en crisis”.

Sin saber cómo reaccionar, echó mano de la ayuda psicológica ofrecida por una organización civil. Actualmente las chicas van a sesiones.

“Me tranquiliza es que, con la ayuda psicológica, se están reincorporando mejor a su vida cotidiana, eso a mí me da mucha fuerza”, dijo.

Con el apoyo de una de sus hermanas, Carlos trata de recuperar el día a día de las chicas, a quienes el recuerdo “golpea” sobre todo las noches, cuando se juntaban con Candy.

“Lo que hago es tratar de poner una película, convivir con vecinos, sus amistades y así matarles un poco el tiempo. Hacerles la carga menos pesada”.

“Afortunadamente son buenas niñas, me está costando la idea de criarlas pero tengo el conocimiento que ella me dejó, sacarlas adelante y la mejor manera es darle educación”, comentó el hermano de Candy, quien no quita el dedo del renglón para buscar por la vía legal justicia para su caso.