El endurecimiento de la política migratoria de México hacia las personas que arriban a su frontera sur con la intención de cruzar el país y llegar a Estados Unidos es vista con preocupación por académicos y organizaciones de la sociedad civil dedicadas a la atención de migrantes en Honduras.

Si bien no cuestionan el derecho del gobierno mexicano a decidir lo que debe hacer en su frontera, plantean que las nuevas disposiciones generarán desafíos, no sólo para los países de donde son originarios los migrantes, sino también para México, porque de entrada habrá una “crisis migratoria” en la frontera y se incrementarán las solicitudes de refugio.

El director del Observatorio de Migraciones Internacionales en Honduras, Rolando Sierra Fonseca, dijo que la posición asumida por México ante la amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponerle aranceles, para empezar va a generar que se incremente el número de migrantes retornados, lo cual será un desafío para los gobiernos de sus países de origen.

Ello provocará una nueva tensión en el gobierno hondureño, porque tiene el reto de lograr la reinserción de esas personas en sus comunidades, de las cuales partieron en busca de mejorar sus condiciones de vida, puntualizó Sierra Fonseca.

El académico refirió que, si bien desde el 2015 existe en Honduras una ley para la protección de las personas migrantes, realmente lo único que se hace es ofrecer cierta ayuda cuando bajan del camión o del avión, pero de ninguna manera se trata de una estrategia de reinserción a sus comunidades.

En ese sentido, alertó que una persona que decide migrar, hará dos o tres intentos. Es por ello que, cada vez que se levanta una encuesta entre los deportados, se observa que más de 50% lo intenta de nuevo.

El también director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Honduras previó que con las nuevas disposiciones del gobierno mexicano se incrementará la conflictividad en la frontera, porque hasta ese lugar llegarán personas provenientes no sólo de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, sino las que vienen de otras naciones de América, Asia y África, que recorren toda la ruta migratoria.

“Esto va a ser un desafío, especialmente para el gobierno mexicano, de cómo gestionar con un enfoque de derechos humanos”, enfatizó.

Sierra Fonseca recordó que también hay muchos trámites de centroamericanos y hondureños que solicitan refugio en México, por lo que esa figura se ampliaría.

El experto destacó que la posición asumida por el gobierno mexicano es diferente a lo que se planteó al inicio de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Incluso recordó que hace unas semanas fue a Honduras el ahora exdirector del Instituto Nacional de Migración, Tonatiuh Guillén López, donde planteó un cambio en la política migratoria de México, particularmente para los migrantes centroamericanos en tránsito por el territorio nacional.

El funcionario mexicano dijo que eso se traduciría en un nuevo tratamiento para la población migrante, que sería más desde una perspectiva de derechos, incluso hacia las caravanas como un nuevo fenómeno de migración, detalló Rolando Sierra.

En este escenario, propuso que la migración se entienda como un derecho humano, el cual se ve limitado por este tipo de medidas, lo cual es preocupante.

El regreso a la patria

La gerente del Programa de Apoyo a Migrantes de la Comisión de Acción Social Menonita, Mercedes Pérez, coincidió en que, pese a las nuevas políticas adoptadas por México en la materia, el flujo de personas que viajan sin documentos con la intención de llegar a Estados Unidos no se va a detener.

“Se pueden tomar todas las medidas (...) En Guatemala incluso se había dicho que ya está la frontera militarizada, que se van a tomar medidas en México y la gente sigue saliendo”, afirmó.

Dijo que la situación es tal, que cada día salen de Honduras entre 300 y 400 personas con dirección al norte.

Desde su perspectiva, habrá implicaciones fuertes en dos ámbitos: en la situación económica de las familias y en la situación económica del país.

Lo grave es que eso puede generar más expresiones de represión del gobierno hondureño hacia su propia población que busca alternativas para mejorar su situación económica y social, añadió.

Destacó que lo preocupante ahora es que el gobierno hondureño “no está preparado” para recibir a sus nacionales que regresan.

Son familias enteras las que regresan a la terminal de autobuses de Tegucigalpa y al aeropuerto, y en muchas ocasiones se quedan varadas en la terminal porque no tienen un lugar a dónde ir y las organizaciones de la sociedad civil no cuentan con espacios para trasladarlos y atenderlos por humanidad, puntualizó.

Así, Mercedes Pérez señaló que el gobierno hondureño asume una actitud indiferente hacia los repatriados.

Formuló que esta situación debería propiciar que los gobiernos de los países del llamado Triángulo del Norte buscaran negociaciones con México para ver qué respuesta se le da a la crisis migratoria.

“Lo que tenemos claro es que mientras los gobiernos centroamericanos no destinen recursos y creen opciones reales e integrales para la población, la gente va a seguir buscando salidas a otros países y su destino va a ser siempre Estados Unidos”, concluyó.

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