Pese a que no era el mejor posicionado en las encuestas para ser el candidato del PRI a la Presidencia de la República, este año José Antonio Meade fue ungido como el primer ciudadano que postula ese partido en su historia sin la obligatoriedad de ser militante. Desde agosto, el tricolor fue allanándole el camino: primero eliminó el requisito que impedía que un mexicano sin filiación partidista aspirara a la máxima candidatura; después los otros aspirantes a ese puesto tuvieron que declinar sus aspiraciones y apoyar al exsecretario de Hacienda, por su parte los sectores debieron arropar y hacer suyo al cuatro veces secretario de Estado.

Sin embargo, retener para el Revolucionario Institucional el ejecutivo federal es un reto mayúsculo porque, si bien la marca Meade es considerada de lujo, la del PRI está dañada por la corrupción y baja aprobación del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Parte de su desafío consiste en ganarse la confianza de los priistas, pero a la vez desmarcarse de ellos, sobre todo de quienes son señalados por actos de corrupción.

La construcción de su candidatura

Durante varios meses, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, era el priista mejor posicionado en las encuestas que miden la intención del voto. Sin embargo, el presidente Enrique Peña Nieto no optó por él a pesar de su destacada labor en la reconstrucción de las zonas afectadas por los sismos del 7 y 19 de septiembre.

El exgobernador del estado de México tuvo que elegir a un hombre que no fuera priista, pues para retener la Presidencia tenía que hacerlo con un personaje externo, alguien a quien no señalaran de corrupción.

Para el director de Consulta Mitosfky, Roy Campos, el estigma de corrupción que pesa sobre el PRI fue una de las principales razones por las que el ungido fue Meade.

“Analizaron y dijeron que el problema que tiene el partido es la corrupción, no el mal gobierno, sino la corrupción, entonces apostó por un candidato que no la toque”.

Pero antes de la definición, el PRI debió quitar los candados que podían obstaculizar el nombramiento de Meade.  En agosto de este año, el partido realizó en Campeche su Asamblea Nacional donde, en la mesa de estatutos, permitió la postulación de un ciudadano simpatizante a la Presidencia de la República y eliminó el requisito de contar con 10 años de militancia para los aspirantes afiliados a ese partido.

“Conforme a lo dispuesto en la ley de la materia, la Comisión Política Permanente que corresponda podrá aprobar la participación en el proceso de la postulación de candidaturas a cargos de elección popular a ciudadanas y ciudadanos simpatizantes, cuando su prestigio y fama pública señale que se encuentran en un nivel de reconocimiento y aceptación y, en consecuencia, en condición competitiva para ganar”, fue el párrafo aprobado por los delegados priistas.

Días antes de la unción, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, llenó de halagos a Meade, lo que se interpretó como su predestape.  El canciller destacó su “trayectoria impecable”, “su inteligencia” y “su amor por México”.

Sin embargo, tanto Videgaray Caso como el presidente Peña Nieto llamaron a “no confundirse”, pues eso no era un destape.

Días después, el presidente Peña Nieto citó en Los Pinos a cada uno de los aspirantes para informarles que no serían los elegidos. El primero en informar a sus colaboradores la decisión del presidente fue Osorio Chong.

El destape vino el lunes 27 de noviembre. Primero, el presidente Enrique Peña Nieto informó que aceptaba la renuncia de quien fue su secretario de Desarrollo Social, de Relaciones Exteriores y de Hacienda y Crédito Público.

“Le deseo el mejor de los éxitos, ha sido un colaborador entregado a las responsabilidades que se le han confiado”, fue parte del mensaje que le dedicó el presidente.

Momentos después, fue el propio José Antonio Meade quien, al entregar su despacho a su sucesor, se destapó como aspirante presidencial.

“Voy a solicitar mi registro como precandidato a la presidencia de la República por el PRI. Lo hago tras 20 años de servir a mi país, de manera ininterrumpida con integridad y honradez”, frase que fue seguida de aplausos y gritos de los asistentes.

Fue a través de redes sociales el medio por el que los otros aspirantes a la candidatura expresaron su apoyo a Meade Kuribreña. Algunas felicitaciones fueron mera formalidad como la del secretario de Gobernación: “Felicito y le deseo éxito a José Meade, quien ha decidido buscar la postulación del PRI como candidato presidencial”.

Lo hacen suyo

Fue ese mismo día cuando los sectores y organizaciones debieron hacer suyo al candidato. La Confederación de Trabajadores de México fue la primera en manifestarle su apoyo y lo nombró como el candidato “de la esperanza”. Le siguieron la CNOP y la CNC así como la organización de mujeres priistas, la de los jóvenes y la de movimiento territorial.

Por la noche, el precandidato acudió al CEN del PRI para entregar a la Comisión Política Permanente su carta de intención de competir por la candidatura. “Soy simpatizante del PRI y estoy convencido de que este partido es la mejor alternativa”, sostuvo.

Dos días antes de que Meade se registrara oficialmente como precandidato del tricolor, el economista se reunió con Ivonne Ortega, exgobernadora de Yucatán y una de las que habían levantado la mano para abanderar al PRI y asegurado que no había cancha pareja al interior del tricolor.

“He decido no inscribirme al proceso de selección interna y manifiesto públicamente mi respaldo al doctor José Antonio Meade”, dijo.

Meade también será candidato del PVEM y de Nueva Alianza, partidos con los que se alcanzó un convenio de coalición.

En Chiapas arranca precampaña

Aunque es precandidato único, José Antonio Meade sí realiza campaña en busca de que las y los delegados priistas del país lo ratifiquen como candidato presidencial.

En punto de las 00:00 horas del pasado 14 de diciembre, arrancó su precampaña en Chiapas. Primero se reunió con militantes de San Juan Chamula y posteriormente con los de Tuxtla Gutiérrez.

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