En octubre de 1973, como resultado de una sesión de la ONU donde se abordó el tema del futuro de la humanidad y el planeta, se estableció el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en su sede de Kenia, con unos 1,130 empleados, con los propósitos de coordinar las actividades relacionadas con temas ambientales de los miembros de la ONU y proporcionar aportaciones científicas a los estados miembros sobre tendencias emergentes en los cambios ambientales.

El aporte más importante del PNUMA ha sido el énfasis en el conocimiento científico, contribuyendo a que los gobiernos negocien tratados internacionales para responder a las crisis ambientales emergentes.

Como ejemplo, en la década de los 80, se hizo patente que ciertos químicos usados en productos como refrigeradores y extinguidores de fuego estaban deteriorando la capa de ozono. Para el 2010, el Protocolo de Montreal, relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono –derivado del PNUMA-, había logrado coordinar la retirada paulatina de más de 100 de estos gases dañinos.

De no ser por ese acuerdo, los niveles atmosféricos de las sustancias que agotan la capa de ozono se habrían multiplicado por 10 en el 2050, lo que habría provocado hasta 20 millones de casos adicionales de cáncer de piel y 130 millones más de casos de cataratas oculares, además de daños al sistema inmunológico humano, a la vida silvestre y a la agricultura.

Hoy en día, continúa la labor de presentar los conocimientos científicos y convocar negociaciones de tratados.

A finales de la década de los 80, el PNUMA y la Organización Meteorológica Mundial crearon el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, cuyo trabajo se ha convertido en el punto de referencia más importante para los gobiernos sobre las tendencias e impactos probables del cambio climático. Las conclusiones del Grupo han tenido un papel clave en la decisión de establecer la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y su tratado para la reducción de emisiones, el Protocolo de Kyoto.

Después de la célebre Cumbre de la Tierra de 1992, se otorgaron más oportunidades al PNUMA para avanzar en su trabajo como agencia aplicadora de un nuevo fondo de miles de millones de dólares del Fondo Mundial para el Medio Ambiente.

Desde el 2008, la organización ha estado abogando por la economía verde como instrumento para impulsar el desarrollo y generar fuentes de trabajo, pero de modo que mantenga la huella de la humanidad dentro de las fronteras ecológicas.

En los últimos años, Kenia ha desarrollado mapas de energía solar y velocidad del viento. Éstos han servido de apoyo al gobierno y a inversores internacionales para crear instalaciones de energía renovable. Como parte de la economía verde, se cuantifica el valor multimillonario que presta la naturaleza y se comunica esta información a los gobiernos ya que, hasta hace poco, estos servicios habían sido invisibles en las cuentas nacionales de pérdidas y ganancias.

Sin embargo, los beneficios reales de los acuerdos forjados por las naciones a menudo sólo emergen años o décadas después.

En la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, en el 2002, en Johannesburgo, se le solicitó al PNUMA liderar una alianza para acelerar la retirada paulatina, a nivel mundial, de la gasolina con plomo. Desde entonces, alrededor de 80 países en desarrollo han eliminado esa sustancia de los combustibles, con beneficios económicos valorados en unos US 2.4 billones.

Y de cara al futuro, al reunirse este mes los ministros de Medio Ambiente en Nairobi, para la sesión anual del Consejo de Administración del PNUMA, la atención se enfocará en el seguimiento a la Cumbre de la Tierra de 1992.

La Conferencia de Río+20, que se celebrará en junio, posiblemente presente una oportunidad para que la iniciativa de la economía verde se traduzca en una forma inno­vadora y orientada hacia el futuro de hacer realidad el desarrollo sostenible para 7,000 millones de personas, cifra que aumentará a 9,000 millones para el 2050.

Algunos países, como Kenia y Alemania, consideran que es momento de fortalecer el PNUMA, transformándolo en una organización mundial para el medio ambiente.

Hace 40 años, muchos de los desafíos que afrontaban la humanidad y el planeta aún eran teóricos, hoy en día se convierten rápidamente en realidad.

*El autor es Director Ejecutivo del PNUMA.