“Y si no, que pregunten en el Estado de México”, retó José Antonio Meade Kuribreña, azuzado por las huestes priistas.

“Que síííí, que nooo, que cómo chingados nooo”, se escuchaban las arengas viejas de los militantes priistas de la CTM, CROC y otras centrales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que abarrotaron medio estacionamiento de la sede nacional, en ocasión del 89 aniversario del tricolor.

Único orador, rodeado de telepromters y pantallas en que leyó, el primer candidato presidencial en la historia del PRI, que no está afiliado y sólo simpatiza con el priismo, dijo ser la opción que ofrece el cambio con responsabilidad.

Antes de llamar a reformar al PRI “para conectarlo con los anhelos de la sociedad”, Meade Kuribreña aseguró que en México hay millones de servidores públicos honestos, de todos los partidos.

“Priistas y ciudadanos, ellos y yo, como nadie”, repudia la corrupción y exige que se castigue a quienes han violado la ley, sean del partido que sean.

“Nadie puede dejar de explicar de qué ha vivido. Ningún candidato puede usar la contienda para lavar sus culpas y su dinero. No hay cortina de humo que valga. El que la hace, debe pagarla”, dijo en clara alusión a Ricardo Anaya, su contendiente del PAN a quien no mencionó.

Al destacar que marca distancia y exige castigo a los que incumplen la ley, expresó: “Pintamos nuestra raya con los que se han aprovechado para llenar sus bolsillos a costa del esfuerzo de los demás”. Y se siguió de largo: “El destino de corruptos y criminales no será otro que el de la cárcel. No hay más”.

En primera fila le escuchaba el senador Carlos Romero Deschamps, líder de los trabajadores petroleros de México, de camisa rojo intenso y una gruesa cadena de oro amarillo colgada al cuello. Ahí estaban también secretarios de Estado, legisladores, candidatos.

“¿Cómo queremos a México?”, preguntó Meade desde el atril y luego de escuchar la respuesta al unísono, completó: “Ese México chingón lo vamos a construir juntos y juntos vamos a ganar”.

En su alocución, mencionó dos veces a Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI asesinado en 1994, en plena campaña. El país aún tiene, admitió, en palabras del sonorense, “hambre y sed de justicia”.

Hay en Mexico, reconoció, legítimas expresiones de enojo y decepción, de reclamo, malestar e indignación por la inseguridad y la violencia, la impunidad y la corrupción.

La XXII Asamblea Nacional del PRI, la que abrió “las puertas y ventanas” del partido a la participación de los ciudadanos, explicó tras agradecer a los priistas haberlo hecho su candidato a la presidencia de la República, “obliga a encabezar el proceso de reforma del PRI” para “enfrentar esta elección con una nueva vocación, una vocación ciudadana”.

Dijo ofrecer lo que es: un ciudadano con una trayectoria limpia, una vocación de servicio, con claridad de visión cultural, económica y social. “No promuevo odio, sino respeto, no aliento división, sino unidad”.