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Trump no pide cooperación, exige sumisión

Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times
Desde que empezó 2026, la relación entre México y Estados Unidos se tensó más de lo habitual. No solo por Cuba —la ayuda mexicana vía petróleo y la contratación de médicos cubanos—, sino también por Venezuela: el gobierno mexicano condenó la intervención de EU para capturar a Nicolás Maduro el 3 de enero, reafirmó su rechazo a la injerencia y reiteró el principio de no intervención.
México llega a este año con un portafolio de buenos resultados rumbo a la revisión del T-MEC del 1 de julio. Sin embargo, las primeras señales de la administración de Donald Trump indican desconfianza. Lo que México presume —la disminución de homicidios y su alineación comercial— en Washington se interpreta como insuficiente. Y hay una idea fija que Trump repite: que México está dominado por los narcotraficantes. Esa narrativa anula cualquier “avance” que México quiera poner sobre la mesa.
El Gabinete de Seguridad informó ayer de una reducción de 40% en los homicidios diarios, de 86.9 en septiembre de 2024 a 52.4 en diciembre de 2025, la tasa más baja desde 2015. Sin embargo, mientras los delitos de alto impacto bajaron, la extorsión aumentó un 2.3%, con un promedio de 30.36 víctimas diarias. Es un ejemplo de cómo los criminales se adaptan: cuando pierden el control en un frente, compensan con el cobro de piso. Ese dato alimenta la versión de EU: no importa que baje el homicidio si el gobierno no logra impedir otras actividades criminales.
El punto más polémico sigue siendo el fentanilo. Omar García Harfuch informó que se desmantelaron 1,887 laboratorios, 1,760 dedicados a metanfetaminas y 127 sin sustancia definida. Al mismo tiempo, se decomisaron 1,862 kilos de fentanilo en polvo y más de 4.3 millones de pastillas, pese a que oficialmente no existen laboratorios de síntesis. El gobierno mantiene la narrativa de Andrés Manuel López Obrador de que el fentanilo llega ya procesado del extranjero, versión que se conserva para evitar que EU convierta el tema en un pretexto para una intervención operativa directa. Pero ahí está el choque: Trump insiste en que los cárteles mandan y que el fentanilo se produce en México; México insiste en que no se produce y presume de decomisos. Dos lecturas, un mismo tablero y la presión se acumula.
El entorno internacional agrava la presión sobre México. La salida de EU de 66 organismos multilaterales —entre ellos la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD)— reduce los espacios donde México podía mediar o ganar tiempo. Hoy, la relación se volvió bilateral, directa y sin árbitros.
México intenta responder con control y disciplina: militarización de las aduanas, 75.5% de efectividad en la prevención de extorsiones y un muro arancelario sobre 1,463 líneas de productos asiáticos, con el objetivo de sustituir el 50% de esas importaciones por producción nacional o norteamericana. Pero en el clima político actual de Washington, los “resultados” no se premian; se regatean. Y si Trump parte de la premisa de que México está dominado por narcotraficantes, cualquier mejora se lee como cosmética.
En 2026, México presenta resultados. EU exige sumisión.
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