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No se trata de curar, sino de mantener sano; el reto de un sistema de salud

Maribel Ramírez Coronel | Salud y Negocios
Estamos en una encrucijada histórica. Durante décadas, los sistemas de salud de México —tanto público como privado— se han construido para reaccionar ante la enfermedad, no para proteger la salud. Esperamos a que alguien se enferme para intervenir, con hospitales saturados, protocolos reactivos y un gasto de bolsillo que quiebra familias. El resultado es previsible y trágico: más cánceres avanzados, más obesidad, más costos catastróficos y menos años de vida saludable.
Es hora de dar la vuelta al modelo.
Ya no basta con ser buenos tratando enfermos; tenemos que ser excelentes manteniendo sanos. Se trata de pasar de un sistema reactivo de enfermedad a un ecosistema proactivo de salud comunitaria, integral y preventiva. Y este cambio de paradigma no lo logrará el sector público solo. Tiene que dejarse ayudar. Requiere un esfuerzo conjunto del sector público, privado y social (asociaciones de pacientes, fundaciones y comunidad). Tres patas de una misma mesa. Separados, avanzamos lento. Juntos, podemos transformar la realidad.
Esta convicción tiene Jesús Zamora León, conocido como Suso Zamora, con quien charlamos con motivo de la reciente alianza entre Auna con la Asociación Mexicana de Lucha Contra el Cáncer (AMLCC), buscando mejorar la continuidad del tratamiento y la calidad de vida de pacientes con cáncer. Suso Zamora es un destacado inversionista y empresario peruano, fundador de Enfoca Inversiones y Presidente Ejecutivo de Auna S.A., una de las plataformas de salud integradas más grandes de Latinoamérica, con presencia en Perú, Colombia y México. En una caminata que hicimos por Bosques de las Lomas, Suso nos permitió conocer un poco más de su visión en salud. Su elevada conciencia de Suso sobre la prevención del cáncer no es teórica: nace de haber tenido la enfermedad muy cerca en su propia vida familiar.
En su intervención en la AMLCC, Suso citó un estudio reciente de la OMS con datos 2022 donde revela que 40% de los cánceres son prevenibles. Cuatro de cada diez. Eso significa que, solo eliminando 30 factores de riesgo modificables, desaparecerían cientos de miles de casos al año en la región. El tabaco, la obesidad, el consumo de alcohol (ya no hay dosis segura), el vaping, la hepatitis B, el VPH y la bacteria H. pylori encabezan la lista. Algunos, como el cáncer cervicouterino, son prácticamente erradicables con vacunación. Otros, como el de hígado o estómago, se reducen drásticamente con prevención simple.
Pero la prevención no es solo física. Es integral. Y aquí la salud mental es determinante. La mujer, cuidadora ancestral por naturaleza, suele cargar como cuidadora con esposo, hijos, padres y trabajo. Ello deriva en ansiedad crónica, en autoexigencia de ponerse siempre al último, y ello genera inflamación y enfermedad. “Cuidar es un privilegio —dijo—, pero debe ser sostenible y reconocido por la sociedad”. Europa ya empieza a verlo. México aún no.
Otro elefante en la habitación es la obesidad, especialmente la “obesidad de la pobreza”. En México, la comida chatarra y los refrescos son más baratos y accesibles que una dieta saludable. Una mujer obesa con cáncer de endometrio tiene siete veces más riesgo de morir que una con cáncer pero sin la carga de la obesidad. Pero en vez de hablar de eso con empatía, estigmatizamos en lugar de educar.
La reciente alianza estratégica entre AMLCC es el inicio de ese trabajo público-privado-social que tanto urge. Porque el cambio, como dice Suso, no vendrá solo del gobierno. Los grandes empleadores pueden hacer campañas internas de mamografías y vacunación VPH. Los medios podemos educar sin miedo. Y cada ciudadano debe actuar ya: preguntar a su tía si ya se hizo la mastografía, llevar al sobrino de 12 años a vacunarse contra VPH, prohibir la Coca-Cola en casa aunque sea incómodo. El costo de prevenir es mínimo; el de tratar, millones y familias rotas.
No podemos seguir con un sistema donde el 50% de la economía informal enfrenta precios fragmentados y sin escala. La salud accesible requiere integración, estandarización y protocolos. México tiene todo para liderar esta transformación en América Latina.


