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Ningún texto me ha borrado la memoria

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
Prefiero ser corregido y mejorar, que vivir en error creyendo tener la razón. Sócrates
Algunas veces durante muchos años, hemos analizado hasta donde es cierto que la educación es una asignatura pendiente, no para los gobiernos que deben garantizar este derecho consagrado en la Constitución, sino acceder en lo individual a la preparación para el aprendizaje.
Vamos por partes, porque si bien es cierto que no todos los que desean estudiar, tienen posibilidades reales de lograrlo, para salir adelante del ostracismo al menos, lo público y lo privado, o lo particular si así gusta nombrarle, da las suficientes herramientas, hasta en esas becas recurrentes, que no deben invitar al abandono de las escuelas.
Tenemos ante nosotros retos importantes, carreras técnicas que era muy complicado encontrar en los años sesenta o setentas, con un modelo de preparatoria como el Colegio de Ciencias y Humanidades, dependiente de la UNAM, que privilegiaba en esos años de estudiante la lectura de los clásicos y los libros de temas de todo tipo.
También en la universidad algunos maestros, nos dejaban, vaya tarea, leer libros de las materias afines al derecho, y no estaba permitido entrar a la clase sino se había dado lectura a la encomienda del docente; porque todos debían participar en ese círculo de opiniones, semejanzas o discrepancias en las posturas de cada cual.
Ahí en las aulas forjamos carácter, en las manifestaciones en libertad de lo que no estábamos de acuerdo, las corrientes de opinión eran todas a la vez, en medio de las facultades de filosofía y economía, éramos notorios quienes aspirábamos en esos tiempos a ser abogados.
Los docentes eran los autores de la mayoría de los libros de texto, algunos con sus hojas amarillentas, todavía son parte del último tablón en el librero en casa; porque ahí está la sabiduría de quienes, con inteligencia y sobre todo dedicación, sí escribieron esos volúmenes sobre procesal penal o derecho romano, agrario o constitucional, no como ahora por encargo algunos autores.
Educar es una tarea titánica, no solo en las escuelas desde los primeros años en secundaria, cuando nos damos cuenta de que, somos nosotros, y no mamá o papá, o los tutores, quienes tendríamos que descubrir que esas horas y horas de escuchar y aprender, sirven en la vida diaria para controlar los impulsos, contener las ansiedades y dejar las dudas en el armario.
Hoy más que nunca debemos procurar a preparar a las nuevas generaciones, hijos y nietos, jóvenes que no son aspiracionistas, sino personas con criterio que desean superarse, con el aliado del gobierno o del particular que oferta nuevas carreras, con modernos modelos de atención, con soluciones prácticas, para alcanzar metas donde la economía no sea tampoco una asignatura pendiente en la vida diaria de adulto.
Las tecnologías de la información para conocer más, donde las carreras técnicas desde la preparatoria hoy son parte fundamental del empleo inmediato, en un país donde quienes destacan por sus habilidades ahora con el sistema dual, son notorios desde la familia, esa que impulsa más allá de un presente adverso por momentos.
ENTRE LÍNEAS
No hay que perderse en el bosque de las confrontaciones estériles, no preocupa un piloto entregado, a sabiendas de quien era, en un operativo con más dudas que certezas; donde creernos la parte oficial o la impuesta por la oposición, no da paso a resolver de fondo lo previsible, ni sanciones ni intervencionismo a la vista.

