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Productividad post-Mundial: fin del tiempo extra económico

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Se acabó la fiesta del futbol y no serán pocos los que este lunes tendrán que hacer varias pausas de hidratación para paliar los efectos de lo comido y lo bebido en la final de ayer.
Tuvimos un mes de tregua social, un amortiguador de las tensiones cotidianas; todas las conversaciones de oficina se instalaron en las canchas. Sin embargo, el hecho de estar distraídos con el balón no significó que se congelaran las variables económicas. Ahora hay que sumar los efectos que la baja en la productividad puede tener en la economía.
Hoy, además de la resaca anímica, hay que abrir la puerta al frío balance de los costos corporativos, donde la productividad es la principal damnificada. Es un hecho que el ritmo de trabajo se ve alterado durante un Mundial, no solo por el ausentismo directo, sino también por aquellos que estuvieron presentes, pero con la atención puesta en la pantalla de sus dispositivos.
Entre los que no se presentaron a trabajar por anticipar sus días de vacaciones, los que llegaron con retraso o los que presentaron incapacidades de último minuto, y aquellos que estaban físicamente en sus puestos o en línea, pero con toda la atención puesta en el streaming, en la quiniela o en el análisis de la jornada, se configura el agujero negro invisible de la eficiencia empresarial.
De acuerdo con estimaciones de la firma de capital humano UKG, el costo de estas distracciones operativas durante el torneo de 39 días habría dejado un boquete global de 17,000 millones de dólares. En el caso de México, la baja productividad y las interrupciones en los flujos de trabajo habrían tenido un impacto económico calculado en 369 millones de dólares.
El estudio calcula que 37% de los empleados planeó modificar sus jornadas laborales, mientras que 27% admitió que llegaría tarde o saldría antes de terminar su turno. Hay otro 14% que confesó que utilizaría los medios necesarios para ver y compartir la transmisión de los encuentros de manera clandestina en horario de oficina.
Y de estas estimaciones se desprenden costos ocultos que las organizaciones empresariales tienen que considerar en caso de que la respuesta sea punitiva. El mismo estudio reveló que 20% de los trabajadores habría considerado seriamente buscar otro empleo si su empresa le hubiera prohibido por completo ver algunos de los juegos clave (como los de la Selección Mexicana).
Es evidente que muchas empresas prefieren conservar a sus talentos, a sus trabajadores capacitados, aunque sean fanáticos del futbol. Por eso, la flexibilidad de muchas compañías las llevó a colocar pantallas en áreas comunes o a flexibilizar los horarios para canalizar la euforia y contener las fugas de productividad con mayor eficacia que las organizaciones muy estrictas.
Hoy todo eso se acabó; estamos de vuelta en la alta inflación subyacente y la innegable desaceleración económica. Se cerró la válvula de escape social y ese es un desafío político a nivel nacional, pero también para los directores de finanzas y de operaciones, quienes no deben intentar recuperar el tiempo perdido con el látigo de la supervisión en la mano, sino asimilar que la flexibilidad laboral puede mejorar su costo de oportunidad.
De acuerdo con estimaciones de la firma de capital humano UKG, el costo de estas distracciones operativas durante el torneo de 39 días habría dejado un boquete global de 17,000 mdd.

