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Opinión

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PODECOBIS: ¿reflejar lo que somos o construir lo que podemos ser?

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Vidal Llerenas Morales | Columna Invitada

Vidal Llerenas Morales

En días recientes ha surgido una crítica a los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar (PODECOBIS): se señala que varios de ellos no coinciden con la estructura productiva actual de las regiones donde se ubican. La observación merece atención, pero también una aclaración de fondo. Parte de una idea implícita que no siempre se hace explícita: que el desarrollo regional debe seguir la inercia de lo que ya existe.

Esa idea es intuitiva, pero limitada.

Si el objetivo de la política pública fuera únicamente potenciar lo que ya está consolidado, el diagnóstico sería relativamente sencillo. Bastaría con identificar los sectores predominantes en cada región y canalizar ahí los esfuerzos. Sin embargo, esa lógica difícilmente explicaría los procesos más relevantes de transformación económica. Las regiones no se desarrollan solo ampliando lo que ya hacen, sino incorporando actividades nuevas, a menudo en condiciones inicialmente incipientes.

Los PODECOBIS parten de esa segunda lógica.

La selección de sectores no fue una ocurrencia. Se apoyó en herramientas de análisis regional —particularmente descomposiciones tipo shift-share— que permiten identificar no solo los sectores más grandes, sino aquellos que muestran señales de dinamismo relativo. Es decir, no se trata de fotografiar la economía tal como es hoy, sino de detectar dónde podría cambiar bajo ciertas condiciones.

Ahora bien, estos ejercicios no producen listas definitivas. Por diseño, son enunciativos y no restrictivos. Pretender lo contrario —convertirlos en una guía rígida y cerrada— implicaría asumir que el futuro de una región puede deducirse mecánicamente de sus tendencias pasadas. Y eso, más que rigor técnico, sería una forma de arrogancia: tratar a la política económica como si fuera una ciencia exacta, cuando en realidad opera bajo incertidumbre.

De ahí que algunos polos no “coincidan” con la economía regional tal como se observa hoy. No están diseñados para reflejarla, sino para ampliarla.

Ejemplos como Mexinol en Topolobampo o el impulso a agroindustrias de mayor valor agregado en el sureste ilustran este punto. No responden a la especialización histórica de esas regiones, pero sí a la presencia de condiciones habilitadoras: acceso a insumos, infraestructura logística, disponibilidad de tierra o cercanía a mercados. La apuesta es que, bajo las condiciones adecuadas, esas actividades pueden arraigarse y generar encadenamientos.

Ahora bien, reconocer esto no implica ignorar los riesgos.

Toda estrategia orientada a introducir nuevas actividades enfrenta una pregunta legítima: ¿cómo evitar que se conviertan en enclaves aislados? La historia económica ofrece múltiples ejemplos donde proyectos ambiciosos no lograron integrarse al entorno local, limitando su impacto.

La respuesta no está en abandonar la apuesta por la transformación, sino en fortalecer los mecanismos que la hacen viable. La clave no es únicamente atraer inversión, sino asegurar su articulación con la economía regional: desarrollo de proveedores, formación de capital humano, facilitación administrativa y condiciones de certidumbre que permitan que esas actividades se expandan.

En ese sentido, la discusión relevante no es si los PODECOBIS replican la estructura existente, sino si cuentan con una política lo suficientemente robusta para modificarla.

Evaluar esta estrategia únicamente con base en la fotografía actual de la economía regional conduce a un diagnóstico incompleto. La política industrial, cuando es efectiva, no se limita a acompañar trayectorias: busca alterarlas. Y eso implica, necesariamente, una dosis de anticipación.

El verdadero criterio de éxito no será si los PODECOBIS “coincidían” con lo que las regiones eran, sino si lograron cambiar lo que pueden llegar a ser.

Vidal Llerenas Morales

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York

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