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El partido de las mujeres sigue en juego

Fernanda García | Columna Invitada
A unas horas de que arranque el Mundial 2026, millones de personas están pendientes de lo que ocurrirá dentro de la cancha. Qué selecciones avanzan a la siguiente ronda, qué resultados sorprenden y quiénes se perfilan como favoritos para levantar la copa. Sin embargo, este será el tercer Mundial organizado por México y ofrece una oportunidad para observar cómo ha cambiado el país en casi seis décadas. En particular, para preguntarnos qué tanto han avanzado las mujeres en la economía mexicana y cuáles son los retos que siguen sin resolverse.
Al comparar estos mundiales, destacan los cambios sociodemográficos. Desde 1970, las mujeres tienen menos hijos, se casan en promedio diez años más tarde y la tasa de embarazo adolescente se redujo en más de la mitad. Estos cambios contribuyeron a cerrar la brecha en alfabetización y ampliaron las oportunidades educativas, especialmente para las mujeres. Hoy, estudian en mayor proporción que los hombres en todos los niveles educativos, desde preescolar hasta el doctorado. El reto permanece en las carreras que eligen, participan en menor proporción en áreas STEM, aquellas más demandadas por el sector productivo.
Estos avances, a su vez, se reflejan en una expansión en el mercado laboral. Cuando México recibió a las 16 selecciones nacionales en 1970, menos de dos de cada diez mujeres participaban en la economía. Para 1986 eran casi tres y en 2026 son casi cinco de cada diez. Al mismo tiempo, la diferencia en la participación económica entre hombres y mujeres pasó de 52 puntos porcentuales (pp) a 29 pp entre mundiales. Aunque la brecha de género se ha reducido de manera significativa, México sigue reportando una de las más amplias entre los países de la OCDE y de América Latina.
Los avances también son visibles en la representación política. Cuando se celebró el primer Mundial, ninguna mujer había gobernado una entidad federativa. Fue hasta 1979 cuando Grisela Álbarez Ponce de León fue electa gobernadora de Colima. Cuando México fue sede por segunda ocasión, no se sumó otra gobernadora a la lista. El cambio de fondo llegó en 2019 con la reforma constitucional conocida como “Paridad en todo”. Razón por la cual México llega a este Mundial con 13 mujeres al frente de gobiernos estatales. ¿Ese incremento se ha traducido en mejoras para las mujeres a nivel subnacional?
No todos los cambios se reflejan en mejores resultados. Durante décadas no existieron instrumentos estadísticos para dimensionar la magnitud de la violencia contra las mujeres en México. A pesar de vivirse todos los días, los datos permanecen subregistrados y fragmentados. Entre mundiales hubo progresos, se tipificó el delito de feminicidio y se fortalecieron las herramientas para medir distintas formas de violencia más allá de las denuncias. Sin embargo, contar con mejores datos no ha sido suficiente para erradicar el problema.
Un ejemplo es la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, levantada por primera vez por el INEGI en 2003. Permite contar con información periódica y comparable sobre la prevalencia de la violencia que enfrentan las mujeres en ámbitos como el hogar, la escuela, el trabajo o los espacios comunitarios. En la última edición (2021), 70% de las mujeres reportó haber sufrido violencia a lo largo de su vida. Alcanzando 79% en entidades como el Estado de México.
Desde el primer Mundial, el talento de las mujeres ha avanzado más rápido que las condiciones que el país ha construido para aprovecharlo plenamente. Más educación, mayor participación económica y una presencia creciente en el ámbito político reflejan transformaciones profundas del país. Pero, también dejan claro que el progreso ha sido desigual. Mientras algunos indicadores registran mejoras sostenidas, otros recuerdan la persistencia de barreras que limitan la autonomía económica de las mujeres. Como país, nos queda camino por recorrer para emparejar la cancha.

