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El mexicano Olinia1 no se compara con un Tesla

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Finalmente conocemos la apariencia y las cualidades del Olinia1, el primer vehículo eléctrico mexicano impulsado por el gobierno, que se venderá por unos 150,000 pesos. ¿Es una buena noticia?
Este domingo estuve en el hangar de la Base Militar de Santa Lucía, en donde fue presentado y conducido por la presidenta Claudia Sheinbaum, su principal promotora.
Lo vi a unos metros de distancia. Me gustó. Pero no solo me gustó el coche.
Me gustó el ánimo que percibí en el auditorio, integrado por cientos de personas.
Mujeres y hombres que lo construyeron; individuos graduados y doctorados en ingeniería y otras disciplinas técnicas, entre quienes sentí, de primera mano, la satisfacción por una labor que solo puede realizarse cuando las personas trabajan coordinadas por una misma meta.
Ustedes lo saben, porque lo han sentido alguna vez.
¿Es un gran auto? Seamos conscientes. Este coche no tiene las características ni la capacidad para competir en el mercado de BYD o Tesla. Para su propósito, incluso puede ser mejor.
Piensen en esas bicicletas eléctricas que a veces transportan a madres con niños. Y quienes han estado en pueblos pequeños y alejados recuerden los bicitaxis y mototaxis que llegan a cobrar 30 pesos por persona para mover a una familia de cuatro apenas unos cinco kilómetros.
Para ellos fue creado Olinia1. En un país que percibo socialmente crispado, la actitud del equipo que lo construyó brinda esperanza de que en México todavía es posible trabajar en conjunto.
El coche, que puede cargar a seis pasajeros, abre ampliamente una de sus puertas para subir a una persona sin moverla de su silla de ruedas. No conozco un Tesla que ofrezca esa opción.
Marginen la política por un momento. Esos investigadores y operadores revelan de golpe la fuerza de un tecnológico que es más grande que el ITESM y que permanece casi oculto y disperso por el mal tino de poner distintos nombres a sus recintos.
Es el TecNM, que tiene una matrícula de 600 mil alumnos, muy superior a la de la UNAM.
Sus estudiantes ahora ven, directamente, que pueden participar en el mercado automotriz no como operarios o capataces contratados por Ford, Nissan o GM, sino como creadores de productos.
Lo mejor: se quitaron la camiseta propia y se pusieron una sola casaca para compartir oficina y taller con otra fuente de posibilidades: graduados y profesores del Instituto Politécnico Nacional. No recuerdo antecedentes recientes de un proyecto similar al de Olinia1.
Cuestioné anteriormente los ridículos recursos que destinó el gobierno al que, de acuerdo con Sheinbaum, es un gran proyecto de movilidad. Olinia parecía un fracaso anunciado por su presupuesto inicial de 25 millones de pesos. Ayer me sorprendió el primer resultado. Desafortunadamente, todavía puede fracasar.
Antes de ir a eso, conviene reconocer a Roberto Capuano, director del proyecto, un emprendedor con MBA por la London Business School, que dirigió el Metrobús de la Ciudad de México y ayer sacudió el polvo político del evento para exponer el nuevo producto al modo de Jensen Huang o de Steve Jobs.
También merece crédito Rafael Garayoa, otro MBA por la Maastricht School of Management, coordinador de este programa y quien convocó a trabajar a esos pequeños genios que tenemos en instituciones pagadas con nuestros impuestos.
¿Pero Olinia1 puede fracasar? No ha llegado ni a la mitad del camino. La presentación de este domingo aún no resuelve la producción masiva ni la comercialización, dos etapas en las que existen altos riesgos. ¿Pero a quién conviene que el proyecto no avance?
Si permanece como una empresa del Estado, las posibilidades de que sea rentable y cumpla con su propósito prácticamente desaparecen. El Gobierno no es buen empresario, como la empresa no puede ser Gobierno.
La intención de Sheinbaum y de su equipo es constituir una compañía en la que exista participación de ambos jugadores. Eso puede darle viabilidad. Quiero abordar el tema con detalle en otra columna.
Y no, el Olinia1 no se compara directamente con un Tesla. Por suerte, en este caso.

