Lectura 3:00 min
Kevin Warsh: ¿Banquero central o soldado de Trump?

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
No fue precisamente un día de campo lo que tuvo Kevin Warsh en su testimonio de ayer 21 de abril, frente al Comité Bancario del Senado de Estados Unidos. El candidato del presidente Donald Trump para presidir la Reserva Federal (Fed) enfrentó los duros cuestionamientos demócratas, pero también los intentos republicanos por ubicarlo como porrista del movimiento MAGA (Make America Great Again).
Era evidente que la principal carta de presentación de este aspirante a encabezar el banco central de Estados Unidos cargaba con la radicalidad del estilo de Trump, pero también con la obstinación presidencial de que la Fed baje las tasas de interés sí o sí, y de forma radical.
Kevin Warsh tuvo la nada sencilla misión de presentarse ante un grupo de senadores, claramente confrontados, como un experto en temas económico-financieros, pero con las habilidades políticas suficientes como para no negar que estaba ahí sentado gracias a Donald Trump.
Sorteó con habilidad los cuestionamientos demócratas sobre los ataques de Trump al actual presidente de la Fed, Jerome Powell, y a la gobernadora Lisa Cook, de quien ahora mismo la Corte Suprema discute su futuro. Incluso la propuesta demócrata y de algún republicano fue frenar la ratificación de Warsh hasta que no se conozca el futuro de la gobernadora Cook.
Se remitió con solvencia a las competencias de un banquero central cuando le preguntaron sobre las presiones para bajar las tasas de interés, sobre el riesgo de que la Fed perdiera la independencia; incluso, cuando algún republicano lo quiso comprometer para que apoyara las políticas antimigratorias de la Casa Blanca.
Tuvo frases para las ocho columnas, como no estar dispuesto a ser un títere de trapo de Donald Trump y también se dieron discusiones más profundas, como el uso de la Inteligencia Artificial en el proceso de toma de decisiones monetarias.
Lo cuestionaron por ser un hombre rico; de hecho, sería el Presidente de la Fed con la mayor fortuna personal de la historia. Incluso lo quisieron orillar a pronunciarse sobre el supuesto triunfo electoral que Trump proclamó en el 2020. No mordió el anzuelo.
En suma, Warsh logró proyectar la imagen de un candidato con la solvencia técnica necesaria para manejar los hilos del banco central de la economía más grande del mundo. Domina los conceptos de productividad asociada con la tecnología, se presenta como un perfil que conoce a fondo el lenguaje y los rituales del poder en Washington. Parecería, en el papel, el relevo natural que los mercados podrían digerir sin mayores problemas.
Sin embargo, persiste la duda razonable de si esa impecable retórica y presencia de un financiero técnico y sólido no esconde a un Caballo de Troya de los ánimos expansionistas de Trump.
La verdadera prueba para Warsh no está en el Senado, sino que comenzará el día en que las presiones de la Casa Blanca por las tasas bajas choquen con la realidad inflacionaria. Porque ahí es donde un banquero central tendrá que defender la autonomía plena de la Fed o bien dejará ver su realidad de ser un soldado de Trump que entregue el edificio Eccles a los deseos de la política electoral.
Cuestionaron a Warsh por ser un hombre rico; de hecho, sería el Presidente de la Fed con la mayor fortuna personal de la historia.

