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Empresarios mexicanos: es hora de volver a mirar a Colombia

Opinión
En 2002, cuando la telefonía móvil comenzaba a transformar la vida cotidiana de los colombianos, América Móvil tomó una decisión que terminaría cambiando el mapa de las telecomunicaciones del país: adquirió el control de Comcel, que entonces era el principal operador de telefonía celular de Colombia.
La compañía mexicana no llegó simplemente a vender un servicio. Llegó a construir infraestructura, integrar operaciones y participar en una transformación tecnológica que apenas comenzaba. Una década después, Comcel y Telmex Colombia consolidaron sus negocios bajo la marca Claro. Lo que había empezado como una adquisición se convirtió en una operación de largo plazo y en uno de los ejemplos más visibles de inversión mexicana en Colombia.
La historia deja una enseñanza sencilla: las empresas mexicanas que han tenido éxito en Colombia no han visto al país únicamente como un destino para exportar. Lo han entendido como un mercado para establecerse, invertir, generar empleo y construir negocios regionales.
América Móvil no ha sido la única. Empresas como Cemex, FEMSA, Alsea, Orbia y Grupo Salinas también han encontrado en Colombia oportunidades de expansión en sectores como infraestructura, comercio, restaurantes, telecomunicaciones, manufactura y servicios.
Hoy, esa historia puede estar a punto de comenzar un nuevo capítulo.
Colombia entra en una nueva etapa política con la llegada del presidente electo Abelardo de la Espriella y su vicepresidente José Manuel Restrepo. Para el próximo gobierno, el desafío será convertir las expectativas de cambio en confianza, y la confianza en inversión, crecimiento y empleo.
Para los empresarios mexicanos, este puede ser un buen momento para volver a mirar hacia el sur.
Colombia llega a esta transición con desafíos importantes, pero también con una economía que continúa mostrando capacidad de recuperación. En 2025, el Producto Interno Bruto creció 2.6 %. El comercio, el transporte, el alojamiento y los servicios de comida avanzaron conjuntamente 4.6 %, mientras el valor de la economía colombiana a precios corrientes alcanzó aproximadamente 518,000 millones de dólares.
El capital internacional tampoco desapareció. Durante 2025, la cuenta financiera de Colombia registró entradas netas de capital por 11,469 millones de dólares. Acompañado de una tasa de desempleo al cierre de 2025 de 8.9%.
La señal es importante: incluso durante un periodo marcado por la incertidumbre política y económica, los inversionistas internacionales continuaron apostando por Colombia.
La pregunta ahora es qué podría ocurrir si el nuevo ciclo político consigue fortalecer la seguridad jurídica, mejorar las condiciones para hacer empresa y ofrecer reglas más estables a quienes arriesgan su capital.
Ahí aparece la oportunidad para México.
México y Colombia son dos de las economías empresariales más importantes de América Latina. Comparten idioma, afinidad cultural, una relación comercial construida durante décadas y una forma relativamente cercana de entender los negocios.
Pero también pueden complementarse.
México posee una extraordinaria plataforma productiva y comercial hacia Estados Unidos y Norteamérica. Colombia, por su ubicación, puede convertirse en una puerta hacia Sudamérica, Centroamérica y el Caribe. Adicional en los tiempos actuales, Colombia puede ser una plataforma complementaria de Near shoring para México, ante los diferentes aranceles que se han dado con Estados Unidos.
Para una empresa mexicana que busca diversificar mercados, Colombia ofrece más de 50 millones de consumidores, acceso tanto al Atlántico como al Pacífico y ciudades con ecosistemas empresariales desarrollados. También presenta oportunidades en infraestructura, agroindustria, turismo, tecnología, logística, energía, servicios financieros y economía digital.
Colombia ofrece, además, talento.
Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y otras ciudades cuentan con profesionales, emprendedores y empresas tecnológicas capaces de apoyar centros de servicios, operaciones regionales y procesos de transformación digital.
La posibilidad no está solamente en las grandes adquisiciones.
Una empresa mexicana puede llegar mediante una alianza con un socio colombiano, comprar una compañía local, instalar un centro regional, desarrollar una franquicia o comenzar con una operación comercial que después se convierta en una inversión más profunda.
La experiencia de América Móvil muestra precisamente eso: una inversión puede comenzar con la adquisición de una empresa existente y convertirse después en una operación integrada, reconocida y con presencia nacional.
Persisten desafíos fiscales, regulatorios, de infraestructura, seguridad y productividad. El nuevo gobierno tiene planes muy prometedores, un equipo sólido y potente, que puede ofrecer confianza, estabilidad y respeto por la inversión privada.
Pero los empresarios conocen una verdad que se repite en todos los mercados:
Las mejores oportunidades rara vez aparecen cuando todo está resuelto.
Con frecuencia surgen durante las transiciones, cuando todavía existe incertidumbre, los activos no reflejan plenamente su potencial y algunos inversionistas están dispuestos a llegar antes que los demás.
Eso fue lo que hicieron varias empresas mexicanas cuando decidieron entrar en Colombia décadas atrás.
Hoy la pregunta vuelve a estar sobre la mesa:
¿Puede Colombia convertirse en una de las próximas grandes plataformas de expansión para las empresas mexicanas en América Latina?
Vale la pena explorar esa posibilidad.
*El autor es CEO de Magneto.
